Por: Eliana Gómez Hurtado
Se trata de un hombre de 32 años que desde hace tres meses, por cuestiones inesperadas de la vida, se dedica a vender chorizos en la avenida del Barrio Rojas Trujillo de la ciudad de Neiva.
Desde muy niño fue rechazado por su madre, nunca conoció a su padre y su abuela fue la que asumió el cargo de seguir acompañándolo en el proceso de crianza y educación.
A los ocho años de edad, cargaba canastos, cuidaba carros, vendía agua y limpiaba las tumbas en el Cementerio Central. Cuando contaba con doce años las personas con las que se relacionaba lo condujeron por el desolador mundo de las drogas.
Durante ese tortuoso recorrido se convirtió en papá a los diecisiete años. “Fue muy duro porque me tire la juventud y muy temprano conseguí responsabilidades. Ya era muy difícil pero sin embargo salí adelante”. Comentó ahora como hombre adulto.
Con el pasar del tiempo, todos esos hechos lo convirtieron en un reciclador, usurpador y jíbaro.
En plena juventud el hombre, que me ha pedido permanecer en el anonimato, fue arrestado y condenado a tres años de cárcel por hurto de automotores. Terminó su condena en el año 2005.
En las celdas conoció a una mujer con todas las cualidades necesarias para corresponder a sus frustraciones de aprecio. Ella se convirtió en el apoyo más esencial, puro y fiel que pudo tener. Sin embargo esas prácticas que había hecho durante casi toda su vida no desaparecieron. Lo marcaban en cada paso que daba. Recién salió de prisión decidió hacer su vida al lado de la mujer. Para formar el hogar iniciaron por construir una casa en la invasión Las Ceibas.
Era notorio que las personas que habitaban allí estaban “pérdidas en el vicio”, vivencias que no le fueron ajenas. Continuaba delinquiendo y vendiendo sustancias alucinógenas.
Intentaron acabar con su vida
Conmovida continúe escuchando su estremecedor relato.
Más adelante la delincuencia organizada lo amenazó de muerte si no pagaba el impuesto por el supuesto derecho de vender sustancias psicoactivas. Con el transcurso del tiempo los problemas siguieron avanzando, y él, con su tono fuerte, seguro e intacto no se dejó apaciguar por aquel chantaje.
Fue entonces cuando en el año 2011 dos sujetos armados acudieron a su casa y le dijeron que si no les pagaba lo iban a matar. Él, con la misma experiencia de las personas que intimidaban su vivienda, sacó una granada y les dijo: acá nos matamos todos. Los individuos asustados huyeron del lugar y aseguraron dejar así los problemas. Confiado de esas palabras el hombre anónimo, se tranquilizó. A los cinco días fue sorprendido, quizás por el destino, que le quitó la posibilidad de caminar. Recibió tres impactos de bala, uno en la cabeza, cintura y piernas. Permaneció tres días en estado de coma.
El sentimiento de culpa y de arrepentimiento hace que sus ojos expresen la tristeza y dolor que lo invade al saber que usa una silla de ruedas. Con una decaída mirada en sus ojos comentó que hoy está en condiciones no deseables para cualquier persona, pero reconoce que no va hacer por toda la vida, es mientras su cuerpo se recupera; ya por lo menos siente sus piernas. “Doy muchas gracias a mi Dios por tenerme vivo y por seguir adelante, hoy en día trabajo por mi propia cuenta”, agregó aquella noche ante el vaivén de los autos.
Debido a toda esa serie de dificultades ahora vive con su madre, abuela, hermanos e hijo mayor. A su familia le ha dado muy duro porque él era el motor de la casa. Su abuela ha sido la más afectada.
Secuelas que todavía conviven en su cuerpo
Como consecuencia del impacto de bala posee un tiro en el interior de su cabeza. Este atravesó cada extremo hasta quedar incrustada cerca al oído izquierdo. Los médicos no se lo pudieron sacar porque el proyectil le atravesó todo el cráneo. Afortunadamente no le afecto nada. Según los especialistas tampoco hay posibilidad de retirar la bala, aseguran que no le hace ningún tipo de daño pero si lo extraen podría perder el oído.
Constantemente mantiene con dolor de cabeza. Este aumenta cuando está en tiempo de luna llena.
De los individuos que cometieron el hecho se sabe que ganaron 800 mil pesos por el intento de homicidio. A los cuatro meses uno de ellos fue asesinado porque tenía problemas con otras personas. El que quedó vivo está pagando nueve años en la cárcel.
Del negocio de chorizos saca para sus pañales, terapias y comida. Hay días que le va muy bien y otros que suelen ser muy “siniestros”.
Analiza con gran desconsuelo cómo su familia demuestra estar cansada de cargar con una persona que no puede valerse por sí misma. Su único apoyo incondicional es su hijo quien todas las noches saca la venta de chorizos.
Desconsolador suenan las palabras del hombre. “Es muy difícil decir me siento bien cuando a la final por dentro uno se siente mal. En este momento puedo físicamente demostrarle a todo el mundo que estoy bien pero por dentro tengo mi corazón; mi alma esta desilusionada y decepcionada de la vida porque no seguir adelante, por no estudiar, por no escoger otro rumbo sino coger malos vicios y estar haciendo cosas delictivas que no tenía que haberlo hecho. A uno le pasa las cosas siempre por algo ¿no?, para uno cambiar”, reflexionó.
¿Cuál es su sueño? Le pregunte. Agachó su cabeza y con su mano derecha tapo parte de sus ojos. El silencio se apoderó por unos instantes de nuestra conversación. Por un momento pensé que estuvo mal en preguntarle eso. Confundida por lo ocurrido no sabía si continuar con las preguntas o simplemente respetar su espacio. Pero al darme cuenta que había despertado y conmovido sus sentimientos decidí por esperar a que se recompusiera. Con lágrimas en sus ojos indicó que su sueño es caminar de nuevo.
Lo que desea es que su hijo no sea como él, quiere sacarlo adelante así le dé el agua donde le dé. Es consciente de que en ese estado es muy difícil pero no imposible hacerlo feliz. Asegura que nunca contó con un padre que le revisara sus cuadernos, que le dijera esto es malo esto es bueno o hijo vaya a estudiar. “Siempre he sido solo por eso hoy quiero darle eso a mi hijo. Para mí es un orgullo”, aseguró.
Tres años y un mes lleva luchando y haciendo todo tipo de terapias para poder caminar. Esos malos pensamientos que durante los primeros meses se mantuvieron constantes en su mente, que lo llevaron a pensar por el camino más fácil, acabaron cuando ve de cerca cada esperanza que le brinda la vida. La sensibilidad y los pequeños movimientos que salen de sus piernas hacen que se convierta en una ilusión para poder cumplir su sueño.