“Martina” subió en primera por las empinadas curvas aquella noche. En su interior casi un centenar de personas hacían lo que su razón les dictaba. “Dónde están los que van a ver la luna roja, los que se van a casar esta madrugada, los que se arriesgarán a morir bajo la luna”. Decía con su tono semi grave el personaje de escasos metro sesenta de estatura que había cobrado 10 mil pesos por el recorrido hasta el desierto. El Disc jockey hacia lo suyo. La música se deslizaba ante el accionar de la consola y los cuerpos que se retorcían entre las luces, romances y miradas perdidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Villavieja la recibió “apretada” por sus calles. Parecía que la tónica era la misma: autos aparcados a lado y lado de la vía con sus músicas de estos tiempos y con la expectativa de lo que sucedería.

Todos al bajar se percataron de las nubes que pasada la media noche aún cubrían el astro. Lentamente se movía por la bóveda celeste, cuyo pronóstico de precipitación y nubes era de 70%. Se pudo sentir la melodía expectante de los minutos siguientes, pero no se suspendieron los deseos de los que apenas llegaban buscando un lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La noche dio paso a la madrugada con las hogueras encendidas, las carpas tendidas, los aromas y los ojos pegados al cielo. No reinó el silencio, no fue romántico (al menos no para quien relata ahora) reinó un ambiente al mejor estilo del siglo XXI.

La Tierra actúo como un prisma y desvío las ondas rojas del espectro de la luz solar, arrojándolas en la sombra terrestre para crear el vestido rojo de su fiel compañera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una hora y 18 minutos duraron las fases. El clímax se extendió de las 2:38 hasta las 3:24 de la madrugada del martes 14 de abril. Entrada las primeras horas del día ya sólo era un recuerdo, momentos que cada uno vivió a su manera.

El 8 de octubre de 2014, el 8 de abril y el 28 de septiembre de 2015 serán otra cita, otra oportunidad para los que no lograron ver la luna en otra faceta.

“Martina” hizo su llamado para partir, así lo había anunciado el personaje del micrófono la noche del día anterior. Sus cornetas ganaron eco en las 56.576 hectáreas de la Tatacoa. Entonces muchos motores se encendieron. Muchas cámaras se apagaron, y casi todos volvieron a la ciudad.
 

Reportaje fotográfico