La primera percepción sobre Quemada Díez es la de un hombre enigmático, inteligente y pausado, conserva su acento hispano matizado por un tono mazatleco. Es español de nacimiento pero mexicano de documentos y corazón, fue migrante ilegal a Estados Unidos, a donde llegó desde España con la idea de estudiar y trabajar en el cine como en efecto lo hizo; vivió la migración en su propia piel a raíz de la muerte de su madre, hasta que compró documentos para poder permanecer en EE.UU y luego legalizar su situación.
Su relación con centro América la estableció a partir de los viajes que su madre realizaba a Guatemala y México, para visitar a amigas misioneras de la Teología de la Liberación, más tarde en su película “La Jaula de Oro” la aparición del padre Alejandro Solalinde refleja ese aspecto de su vida.
“Un grito convertido en llanto que al mismo tiempo es una oda al ser humano, un poema épico”.
Las historias que cuando era niño su madre le contaba acerca de sus viajes, sobre la guerra en Guatemala y las injusticias en los Estados Unidos a manos de la CIA, lo llevaron a vivir y realizar cine en la región; relatos que le despertaron la indignación y la inspiración, una mezcla que se aprecia en sus películas.
A los cuatro años de edad empieza a apasionarse por el lenguaje audiovisual “el cine“. Recuerda que en una ocasión estaba viendo la película titulada "Raíces Profundas" de George Stevens y comenzó a llorar, “me hizo sentir profundamente y dije: yo de mayor quiero hacer sentir a otros. Descubrí que el cine es una condensación de la realidad muy poderosa que te transforma”, reconoce.
Los recuerdos más bonitos del héroe
De España recuerda las visitas al "León Dormido", una montaña en medio del bosque cercana al Valle de la Rioja, donde vivía; su lugar idílico donde acostumbraba a pasear en sus pasatiempos. Sus juegos de niño consistían en armar figuras con piezas de Lego junto a sus amigos. Rememorando estos recuerdos descubre que un poco de lo que hizo con su película “La Jaula de Oro”, fue construir un Puzle con piezas de la realidad, en el fondo Quemada Díez siente que era como estar jugando al Lego construyendo toda una historia a partir de la vida de las personas migrantes.
“El acto creativo más grande es el proceso de la construcción”. Diego Quemada Díez
En la tierra que le robó el corazón, junto a una familia mexicana con una generosidad desbordante, paseaba por las montañas de Guajaca en medio de la naturaleza, y en las noches el padre de la casa le contaba sus leyendas y creencias sobre la magia de la naturaleza. “Fue una experiencia alucinante, me acogieron en su casa por más de dos semanas”.
Allí conoció a "Toño", un taxista con el cual estableció una relación de amistad, tanto así que lo invitó a vivir en su casa junto a su familia. El hogar estaba ubicado cerca a las vías del tren, por donde todos los días pasaba el ferrocarril con cientos de migrantes a los cuales les daban tortillas y agua.
Zona de tolerancia, roja, rosa (La Morena)
Estando en Mazatlán, lee el artículo de un periodista sobre las zonas de tolerancia, le fascinó que hubiera una especie de gueto, donde les permitían a las personas ser como quisieran. Todo esto lo estimuló mucho y lo llevó a escuchar a la gente que habitaba esas zonas, atraído y fascinado con la idea de saber un poco más de lugar.
Iniciaría el camino que lo condujo hasta “La jaula de oro”, con “La Morena”, su tercer cortometraje realizado en Mazatlán, de ahí su larga carrera de casi diez años hasta la realización de la película. “La Morena” hace parte de todo un documental que contemplaba seis historias más con muchos personajes, titulado Zona de Tolerancia por la total impunidad, el racismo, la existencia de los guetos, las barreras; que da repuesta al “por que alguien al salir de esta zona no puede ser el mismo y por que estando alli puede hacer lo que quiera”. Quemada Díez se dedicó a escuchar mucho tiempo lo que acontecía pero nunca terminó el documental completamente. Ha tratado de conseguir el dinero para culminar su obra pero le ha sido casi imposible, aun así la experiencia le dejó un gran aprendizaje, y sigue siendo un proyecto que algún día piensa terminar
Para el director hispano mexicano, la frase de su amigo Carlos Pasos que dice “Cuenta tu vida y cuéntala bien”, lo ha hecho interrogarse por cómo es contarla bien, y en consiguiente ha decidido que es contarla a través de otros. “Mi vida no es tan interesante, tal vez si fuera un Robinson Crusoe sería distinto, pero la vida de otros a mi si me parece muy interesante, como el caso de los migrantes gente que se está jugando la vida por ayudar a sus familias, por ello “trato de contar la historia de ellos a través de mi”.
Un cine que transforma e inspira de alguna manera
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Su película La Jaula de Oro, fue compuesta a partir de los testimonios de 600 migrantes que recopilo durante ocho años en centros de atención y reportación de albergues tanto en EE.UU. como en diferentes puntos de la República de México y Guatemala.
Diego Quemada, estuvo mucho tiempo “vagando” por las vías del tren, hablando con la gente con el fin de contar sus historias, darles voz a través de los niños. “La jaula de oro” hace referencia a la canción de los tigres del norte titulada con el mismo nombre, que percibe a Estados Unidos como una trampa que atrae a las personas con el dinero y una vez adentro no pueden salir.
Una jaula de oro cuyo sistema se caracteriza por tener un enfoque materialista, que provoca un gran sufrimiento y deshumaniza. La película habla de las múltiples barreras que separan y unen, que no son sólo las fronteras y documentos sino los obstáculos raciales, de nacionalidad, las clases sociales y culturales, por ello el director quiso hablar de “todo lo que nos une más allá de lo que nos separa”.
Desde el primer momento sintió que los migrantes eran héroes que se juegan la vida por ayudar a sus familias ante la impasibilidad de los gobiernos, tanto expulsores como receptores, allí fue donde Quemada-diez sintió la necesidad de darles voz. Le llevó muchos años, porque no le resultó fácil convencer a la gente.
Considera que ese proceso de escucha es la mejor forma de aprender, con los migrantes conoció de su heroicidad, valentía, rebeldía ante los muros, los documentos, el Estado y su estructura establecida. La idea de que no hay personas ilegales en el mundo, que todos somos seres humanos se la enseñaron los migrantes de México.
“La felicidad no está en el destino, el destino no es tan importante, lo importante es el camino”

Fotografía del director Quemada Díez en el Festival de Cine Cinexcusa 2014
El método que aplica en La Jaula de Oro es una mezcla entre documental y ficción, como en su documental titulado "I want to be a pilot", una búsqueda de la felicidad, que para el director hispano mexicano, no está en determinado lugar, en una determinada persona, alguien de quien te enamoras; en la Jaula de Oro, el arco dramático de Juan el personaje principal lo lleva a aprender muchas cosas en el viaje, a ser más generoso, a humanizarse, a ser menos egoísta; internamente a comprender que la felicidad no está en otro lado, que no está fuera de él, conforme se le desmorona el sueño americano descubre que si quiere modificar la realidad externa, primero debe comenzar un viaje interno, con el cual cambie los paradigmas y las creencias que perpetuán lo externo.
Es parte del proceso que Diego Quemada Díez ha aprendido y sigue aprendiendo, una de las cosas que descubrió en su vida. Alguna vez pensó que la felicidad estaba en los Estados Unidos, que la iba a encontrar cuando fuera director de cine, pero comprendió que contrario a centrarse en lo externo es ver el interior.
Diego apoya su codos en la mesa, piensa un momento y articula lo que van a ser sus últimas palabras en la amena conversación, “La idea o el menaje que trato de llevar con mis películas, es decirle a la gente que viva el viaje desde su punto de vista para que las entiendan, y de una u otra manera tender puentes a partir de la empatía”. Con una frase de su autor favorito Antonio Porchia, resume su sentir hacia el séptimo arte, su vida y pasión, "seguire navegando por mares ajenos hasta naufragar en mi mar."