El personal que atiende las solicitudes y lleva los procesos de los jóvenes que van a definir su situación militar es en gran medida cordial, Andrés resalta el hecho de que el mando militar, la voz fuerte propia de los campos de entrenamiento y combate, ha dejado de ser la constante en la Zona de Reclutamiento; el mismo temperamento fuerte que hasta hace unos meses se usaba con el camión en las populares “batidas de reclutamiento”, que la Corte Constitucional prohibió desde el 2011 por considerarlas ilegales.

El joven universitario tuvo la libreta provisional hasta que cumplió los 18 años, luego inició el trámite pensando en que en escasos semestres sería su grado y el documento era un requisito primordial en la Universidad para la ceremonia; conoció casos de compañeros y amigos que tuvieron que esperar más de un año, después de terminar el proceso académico, para poder obtener el título. A muchos les recalcaron que para graduarse debían cumplir con los compromisos de la carrera, pero nunca pensaron que la libreta fuera tan importante, más si su campo de formación no tenía relación con las fuerzas armadas. En primera medida por descuido y luego por falta de agilidad en el trámite, vieron pausadas sus vidas.

La nueva Ley de Orden Público estableció, finalizando el año pasado (2014) que la Libreta Militar no sería un requisito para graduarse de pregrado en la Universidad. “Son muchos jóvenes que enfrentan esta injusticia, postergan, aplazan y muchas veces no se gradúan”, explicaba al Periódico El Espectador la representante Angélica Lozano del Partido Verde, precursor de la iniciativa. La noticia le dio un respiro a Andrés, pero continuó el proceso, pues sabe que en una futura oferta laboral con el Estado le será necesaria. Semanas después obtuvo el recibo de pago con un plazo máximo de tres meses para cancelar.

Aún con su condición de estudiante y empleado logró reunir el monto necesario para cancelar. Se dirigió al banco a pagar y no logró que fuera reconocido el recibo. El asesor bancario en tres ocasiones le manifestó que no era posible hacer el pago, el recibo que le habían dado en la Novena Zona de reclutamiento no funcionaba.

Todavía en los primeros días del mes de enero se dirigió al Distrito 42 a solicitar un cambio de recibo. Es un trámite que por lo general realizan las personas a las que se les ha vencido el recibo de pago, pero, cabe recalcar, a Andrés no se le ha terminado el tiempo de pago.

Al ser un caso particular, al parecer por error del personal de la Zona al momento de realizar el recibo, el joven estudiante pensó que sería más ágil ajustar el problema, pero no. Las filas, citaciones, cancelaciones y los días, semanas y hasta meses volvieron a ser constantes en el trámite por obtener la libreta militar. Su recibo se vence en 13 días y por negligencia tendrá que seguir esperando.

Lo irónico es que el Ejército en los mismos primeros días de enero, informó “que en el marco de las medidas para renovar el proceso de incorporación de soldados bachilleres, se definirá de inmediato la situación de jóvenes que demuestren que están matriculados para ingresar a la universidad”, reseñado por El Espectador. “Se acaban las filas de jóvenes y familiares en los diferentes distritos”, decía la noticia que fue bien recibida. 573.544 bachilleres se graduaron en 2014, no todos querrán ir a servir a la patria, pero sí son muchos los que viven la rutinaria tramitología para obtener la Libreta Militar en una Colombia sin trámites.

Andrés es un seudónimo usado por solicitud del entrevistado.