Entre el segundo semestre de 2010 y el primero del año pasado la industria petrolera experimentó cierta estabilidad. La baja producción estadounidense y limitadas reservas mundiales mantuvieron el precio rondando un promedio de 90 a 100 dólares el barril. Hay un momento clave en esta situación para entender lo que pasa hoy, en 2011 la producción de 927 mil barriles en promedio animó a las empresas y a los inversores a mirar distinto a Colombia, la producción coincidió con los altos precios internacionales y las inversiones no se hicieron esperar. Se dio inicio a un auge exploratorio y posteriormente de explotación sin precedentes.

El gran volumen explotado rebasó la capacidad de transporte de los oleoductos colombianos, la solución para mover el crudo ‘sobrante’ fueron los carrotanques, además, aumentaron los ataques de grupos armados ilegales a la infraestructura petrolífera. En 2011 más 3.000 carrotanques transportaban crudo. Alrededor de esta actividad se generó una cadena económica que en su momento dejó buenos réditos, desde las empresas contratistas y de transporte hasta los mecánicos y comerciantes que vieron en las rutas del crudo una oportunidad importante para mejorar sus ingresos. (Ver: El valle de los carrotanques).

Tal cantidad de vehículos transitando las vías de día y de noche trajo efectos apenas previsibles, congestión vehicular por las grandes caravanas de carrotanques, que son vehículos de 17 metros de longitud cada uno y se desplazan a menos de 30 km/h; deterioro progresivo del pavimento, un carrotanque pesa unas cincuenta toneladas con carga, es mucha presión para las precarias vías del departamento, y finalmente, el riesgo de accidentes que puedan desencadenar desastres ambientales por derrame de crudo en fuentes hídricas.

Llega junio del año pasado y el crudo reluce su cotización de 115 dólares el barril, una producción estable y buenas proyecciones futuras, sin embargo, los hallazgos petrolíferos de Estados Unidos, con los que redujo en un 30% la demanda externa, contribuyeron al desplome de los precios en 82 dólares y ahí comenzaron los problemas de las compañías petroleras para obtener ingresos, pero después de estas, la cadena experimenta un fuerte coletazo que sacude los sucesivos eslabones: las contratistas que prestan servicios a la industria petrolera (perforación, sísmica, obras civiles, ingeniería, transporte, catering, entre otras) que se ven en la obligación de cancelar contratos de trabajo para reducir costos y buscar un poco de solvencia.

El caso del transporte es especial para el Huila, hay propietarios de carrotanques a los que se les cancelaron su contrato, situación compleja para sus ingresos y para la financiación de los carros. Como es el caso de Fernando Cuaspu, propietario de tres carrotanques en su momento, y también de una estación de servicio en la vía circunvalar, eje del tránsito de mulas con crudo, y que hoy las tiene trabajando en actividades menos rentables, dice que vendió dos de sus tres tanques a mitad de precio, el último está detrás de su oficina, “no me dan cinco millones por eso, ¿pa’ qué?”. Cuaspu, de origen putumayense, empezó en la actividad en 2008 con buenos resultados, pero en 2013 con la reducción en la producción le cancelaron los tres contratos de golpe. Además dice que ha tenido que rescindir el contrato de cuatro de sus ocho empleados en la estación de servicio, sostiene que “no entra una mula, ni para lavadero, ni engrase, ¡nada!”

Pitalito Petróleo

La de Cuaspu es la primera estación sobre la circunvalar de Pitalito en sentido sur-norte, le sigue la de Las Palmas, sus dueños no tienen carrotanques pero sí un vasto parqueadero rodeado de lavaderos, engrasaderos, talleres, un restaurante, un hotel y dos tiendas. Queda a unos metros de la galería municipal. Aquí los efectos han sido más fuertes, cerca de cien personas dependen del rebusque en las variadas actividades
Por ser paso de los carrotanques, surgieron y se fortalecieron negocios en torno a los servicios que se ofrecen a estos vehículos. Combustible, lavado, servicios mecánicos, partes, hotelería, restaurantes y parqueadero, ahora que no pasan carrotanques hablan de una disminución hasta del 50% en su trabajo, y por ende en sus ingresos.

 

Pitalito no fue afectado directo por el desplome de precios internacionales

Los consecuentes impactos económicos, sociales y de tránsito no fue culpa de la caída de los precios, sino a raíz de la disminución del tránsito de más de doscientos carrotanques diarios con crudo, por ser inadecuado según manifestaron alcaldes, el mismo gobernador, algunos empresarios y la opinión pública al Gobierno Nacional. Un movimiento de instituciones locales y departamentales para solicitó inicialmente al Ministro de Minas y Energía y luego al Presidente Santos, la suspensión del transporte de crudo a través de carrotanques. Las solicitudes fueron lideradas por el alcalde de Pitalito, Pedro Martín Silva, quien recibió el apoyo de buena parte de la población y de la opinión pública del Huila. Mediante un decreto municipal se trató de regular el transporte de crudo por las vías del Huila, especialmente en Pitalito. A través de revisión y control de los trámites y documentos necesarios para transportar crudo en carrotanque, el estado de los vehículos y de los tanques, los elementos de prevención de accidentes, la bioseguridad, la aptitud de los conductores y la vigencia de las empresas transportadoras. El control fue exhaustivo por parte de la Policía de Carreteras.

Petróleo Pitalito

El presidente Santos escuchó las peticiones y anunció durante una reunión en Neiva con alcaldes del departamento, en marzo de este año, que cambiaría la ruta de los carrotanques hacia el sur y sacaría el crudo por el oleoducto de Ecuador hacia el Pacífico, esto mediante un convenio con el gobierno de Rafael Correa.

En el momento en que los precios se cayeron, la vía hacia Neiva ya no tenía el alto flujo de carrotanques que de igual manera hubiese disminuido así Santos no tomara la decisión de sacar el crudo por el oleoducto ecuatoriano, precisamente por los precios. La única consecuencia diferente en ambas situaciones es la desaprobación de los afectados de la circunvalar al alcalde de Pitalito: “agradecemos al alcalde por el decreto, por ir a Bogotá, hablar con el ministro y decretar en contra de nosotros”, afirma Luis Alberto Pereira, vigilante de la estación de servicio Las Palmas. Frente a esta medida hay un elemento llamativo, los comerciantes y trabajadores afectados de la circunvalar, sostienen que la culpa es del decreto municipal, al parecer no se comunicó de manera adecuada y clara la medida, en especial a quienes se les afectó de manera sustancial su trabajo.

 

Daños colaterales

Los efectos más fuertes se han sentido en el ámbito económico de lavadores, engrasadores, mecánicos y comerciantes de la circunvalar y de todo el trayecto en general. Jorge Chávarro, un mecánico, sostiene que “ahora se trabaja es con la guerra del centavo, el que primero agarre al que llegue, de los poquitos que llegan”. Además de ello, han tenido casi que regalar el trabajo, por ejemplo según Gilber Fabián Mora, “por arreglar un troque se podía cobrar 350 mil pesos, las pocas que llegan ahora, que no transportan crudo, pagan por lo mismo 180 mil. Y prácticamente no se le hacen trabajos a mulas, es que no llegan”. Situación que evidentemente contrasta con los tiempos donde llegaron más de cien mulas diarias, como recuerda Nelson Vargas, administrador de la estación.

El restaurante “Las Palmas”, entre talleres y el barro del parqueadero se ve desolado y sin cara de que lleguen comensales, otro sector profundamente afectado por la ausencia de carrotanques. Doña Elisa Vargas, administradora del restaurante, cuenta que la situación está pésima, “hacemos comida para uno, dos clientes. Comemos nosotras y no es más, además, soy madre cabeza de hogar con tres hijas que sostener”, dice. Hasta que quitaron las mulas se atendían unas 60, 70 personas diariamente, rememora, hoy unas 15, 18 y no es constante. Sumado a esto, la ocupación del hotel se vio reducida sustancialmente, según cálculos de su administradora, en un 50%. Estos negocios funcionan bajo renta, todos los titulares se ven en grandes dificultades para pagar el arriendo cada mes, muchos han tenido que cerrar porque no hay trabajo, nos cuenta un lavador.

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En “El Portal”, estación de servicio diagonal al terminal de transportes de Pitalito, la situación es prácticamente la misma, un gran parqueadero vacío, dos tractomulas que descargaron cemento son lavadas y seis carrotanques que parecen abandonados en el parqueadero, un grupo de cuatro y otra, unos metros más arriba, en el costado sur del predio, la otra frente a esta última, en el costado norte; yacen en medio de carros en reparación y chatarra. Francisco Munar, un lavador, afirma que la estación ni podía recibir carros, que no había donde parquearlos y todos los servicios permanecían ocupados. Además alega contra Pedro Martín Silva por haber habilitado el decreto.

Mientras eso el gobernador del Huila, Carlos Mauricio Iriarte, insiste en los beneficios y defiende la decisión de Santos:

 

Las estaciones de servicio y sus trabajadores deben ahora que la explotación estadounidense tiene una sobreproducción de 2 millones de barriles diarios y con ello los precios seguirán rondando un promedio de 50 dólares, conformarse con el mercado interno y acomodarse a una situación que tal vez no cambie en el corto plazo, pero que tampoco se mantendrá para siempre. El mercado internacional del petróleo, y sobre todo, las políticas extractivas, determinarán el escenario.