Llego a mi destino y entre carros, camiones, camionetas y hasta motos cargados con los productos traídos desde las fincas, me detengo a contemplar a un par de ancianos que llevan al hombro cada uno dos bultos de algo, que definitivamente no supe qué era. Sencillo había sido preguntarles, pero ese precisamente era el ejercicio que quería hacer, el de observar y comprender la labor que se realiza en la central de abastos de la ciudad de Neiva.
Al ingresar a Surabastos se siente la sensación de estar en otro mundo, uno con otras reglas y donde cada quien cumple un rol, sin afectar directamente al otro. Aquí puede observar lo tradicional de nuestra Colombia, la sencillez, pero al mismo tiempo la viveza de las personas, que día a día luchan para conseguir el sustento diario. Se ve el color de nuestra gente, hombres con las camisas abiertas y con prominentes barrigas y mujeres con cabelleras exuberantes y con marcas de juventud, es común que todos ellos comiencen su labor con un tinto bien cargado, como también que a media mañana haya más de uno “de medio día pa’ bajo” en alguna de las tiendas del lugar.
Por razones ‘de seguridad’ no nos permitieron hacer un recorrido detallado por Surabastos donde se vende y compra al por mayor, así que nos dirigimos a Merca-Neiva, lugar donde algunos campesinos venden sus productos al detal. Entre olores desagradables, y carroñeros al acecho me encontré a don Ismael, un señor de edad, que denota en su rostro el cansancio del trabajo en el campo, pero de igual modo deja ver en sus ojos la ilusión con la que llega a la ciudad a vender lo que ha cosechado durante mucho tiempo y con demasiado esfuerzo, para ganar como lo asegura él ‘unos pesitos para lo que necesita la familia’.
Don Ismael es de pocas palabras, pero me contó lo suficiente para saber lo duro que le ha tocado desde que los grandes supermercados se apoderaron del mercado en la ciudad, ‘a las personas le da pereza venir hasta acá y ni porque a veces es más económico lo hacen, así es muy duro. Ahora imagínese señorita cuando hacen promociones por allá, con esos precios es imposible competir’. Esta opinión es compartida por prácticamente todas las personas que trabajan en Merca-Neiva.
Continuando mi recorrido por Merca-Neiva y apreciando las diferencias entre unos y otros puestos, me detuve en uno que estaba muy bien surtido a diferencia de otros como el de don Ismael, que solo contaba con unos montoncitos de frìjol, un poquito de yuca y un bulto de naranjas en mal estado, este en cambio tenía de todo, desde frutas hasta tubérculos, vegetales y también hierbas para los remedios tradicionales. Su dueña al igual que muchos se queja de la competencia en los precios con relación a Surabastos y las grandes cadenas de supermercados. Pero también asegura que hay días muy buenos y que lo que más ayuda es tener una buena clientela y a esta tenerla bien atendida.
En Surabastos, Merca-Neiva y en general en estos lugares que se encuentran en todas las capitales e inclusive en los pueblos, se ven muchas cosas, desde mercancía ilegal hasta los prestamistas gota a gota, que como lo relatan los ocupantes ‘son un martirio, porque hay días en los que no se hace nada, en serio a duras penas se consigue lo del transporte o lo de los gastos más urgentes’.
Cuando terminé de hablar con Ismael mire a mí alrededor y supe inmediatamente que quizás este sería un mal día para él. Pues ya eran las diez de la mañana y no había logrado vender sino dos libras de frìjol, la yuca estaba completa y el bulto de naranjas en mal estado que nadie voltea mirar, seguía igual.
Otro personaje que me encontré al paso fue a Don Eli, él tiene el arduo oficio de ser carnicero y comenta que antes lo ejercía con gran satisfacción, en aquellos años cuando “echaba” 5 o 6 reses por día, cuando le vendía la carne a varios restaurantes, colegios, tiendas y familias, aquel tiempo del que no queda sino el recuerdo.
Con la preocupación que se refleja en su mirada, dice que no le dan ganas de trabajar, que está endeudado hasta el cogote, que no está adquiriendo ganancias y de haber sabido que su situación terminaría en tales condiciones, ¡NUNCA! había aceptado trasladarse a Mercaneiva, ese mega proyecto que prometió tanto y termino en la nada porque la clientela hace rato que no se pega el viaje hasta allá, por la falta de transporte, por las malas políticas administrativas y sobre todo por la proliferación de fruver en donde se encuentra el mercado familiar más barato que en la plaza.
El carnicero ya ni desayuna por economizar, su mujer es quien lo acompaña, lo ayuda y le da moral, ahora no pueden tomarse los 8 tintos que antes se tomaban , no cuentan con los dos colaboradores de antes, ahora trabajan solos. Lo preocupante es que son muchas las familias que andan en esta situación, de no contar con un verdadero bienestar pues este oficio “solo les deja pa la jartadera”.
Verdaderamente cuando salí de mi casa, iba con otra idea de lo que es una central de abastos, pero estar presente me hizo reconocer la linda labor que hacen día a día quienes trabajan en ella. Admiro la dedicación que tienen, para a diario levantarse a las dos, tres o cuatro de la madrugada para cumplir con sus labores, y ver la realidad de lo que la apertura económica ha hecho con nuestros pequeños productores, finalmente la pregunta es ¿Cuál será el futuro de los campesinos, si la famosa apertura económica se apodera cada vez más de nuestra región?.
Por: Diana Margarita Ramírez