Por: Suregion

La figura de la consultas fue reglamentada desde el año 2009 y validada hasta el año anterior. El procedimiento sin embargo, no ha tenido la mayoría de edad para defenderse por sí solo, y los altos niveles de abstención a así lo corroboran.

El registrador nacional del Estado Civil sin pánico en lo ojos, reveló cifras escalofriantes sobre la baja participación. De siete millones de votantes habilitados para sufragar, solo 506 mil 13 ciudadanos lo hicieron.

Esta tendencia en el Huila, no fue distinta. Medios regionales de información contaron que solo el 1.98% de los aptos para votar lo hicieron. Los movimientos Mira, Polo Democrático y Partido Verde, no lograron despertar los fervores electorales.

Ante semejante descalabro, las colectividades manifestaron que los procedimientos de consulta deben mantenerse como soporte de la democracia. A su turno, el gobierno nacional en cabeza del Ministro del Interior, dijo que se contempla la creación de elecciones uninominales en la regiones para ahorrar recursos; y por último, la Personería propuso trabajar más en el tema pedagógico.

Las tres propuestas serían válidas en un país en que la cultura política permitiera asumir la política más allá de un ejercicio coyuntural, matizado por estructuras de poder, con amplios nexos de clientelismo y corrupción regional.

Como ese no es caso de Colombia, por eso los resultados saltan a la vista. Nadie puede asegurar que manteniendo las consultas, la denominada democracia se fortalezca, más aún, como lo ha propuesto el filósofo Zigmunt Bauman, se puede ver cada vez más, una libertad privatizada. Pensar en elecciones salpicón como lo propone el gobierno, aunque loable, podría terminar en nuevos focos de corrupción en las mesas de votación, y en un calvario para los electores. Y si el asunto es de pedagogía, lo primero a realizar, es un alfabetización en los colombianos, para diferenciar la política de la politiquería, la esfera pública de la privada, y la autonomía de la heteronomía.

De esta manera estaríamos frente a un ciudadano que asume y defiende los intereses colectivos, lo público, y establece cuál es su rol en una sociedad. De lo contrario, el país seguirá en un círculo vicioso, porque no solo con elecciones se genera democracia.