Cada vez es mayor la precarización de uno de los más importantes espacios de formación académica en nuestra Institución, el aula de clase, como consecuencia de la desfinanciación paulatina de nuestra alma mater, pero sobretodo de la ineficiencia, la desidia e indolencia de la administración de turno que demuestra no tener a la academia como su prioridad y razón de ser.

Esta situación la afrontamos en la cotidianidad del ejercicio académico docentes y estudiantes que carecemos de lo más elemental, el mobiliario, para por lo menos sentarnos, sin mencionar la carencia casi que total de recursos didácticos de apoyo así como de condiciones para el desarrollo de las actividades de enseñanza y aprendizaje.

Se repite una vez más lo que en años anteriores un docente calificó como “el desfile de los silleteros”, el vergonzoso trasteo de sillas de un salón a otro en los cambios de clases. Esta situación ha llegado a tal punto que los estudiantes deben recibir sus clases sentados en el suelo. A la imposibilidad de ocupar los salones, literalmente vacíos, por este particular fenómeno de trashumancia, tal como se observa en las siguientes fotografías.

 

 

 

 

 

 

 

 

El deterioro de gran parte de las sillas existentes es notorio, en muchos casos por mal uso, razón por la cual debe emprenderse una campaña para preservar lo que nos pertenece a todos y garantizar las inversiones que hace el Estado con los tributos que pagamos; campaña en la que los docentes estamos dispuestos a participar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay que destacar que además de la problemática de las sillas, se suma la falta general de mobiliario. Los docentes desde hace mucho tiempo no hemos dispuesto, en la mayoría de los salones, de un mueble adecuado para ubicar los recursos didácticos que utilizamos, el videoproyector o al menos una simple hoja de papel, porque sencillamente no existe. La imagen siguiente muestra que lo único que queda del trasteo de sillas es el escritorio del docente, que no es objeto del trasteo por que está en ruinas.

Agregado a la precariedad del mobiliario tenemos la insuficiencia de salones, para aproximadamente nueve mil estudiantes, resultado de la afanosa ampliación de cobertura en la que los directivos se han empeñado, para cumplir diligentemente las políticas educativas neoliberales con los mismos precarios recursos y la insuficiente e inadecuada infraestructura existentes. En esta penuria también tiene una alta responsabilidad el ineficiente e ineficaz sistema de planificación de la Universidad.

Lo anterior es fiel reflejo del progresivo deterioro académico de nuestra universidad, paradójicamente empeñada en la acreditación institucional en tan lamentables condiciones. A juzgar por este solo aspecto, las certificaciones de calidad del CNA quedan en entredicho. Terminan convirtiéndose en una formalidad para responder a una política educativa coyuntural. Obsérvese que lo que reflejan estas imágenes no es propio de instituciones de excelencia académica, ni de mediana calidad.

Desde ASPU invitamos a la comunidad universitaria, a través de este medio, para despertar del letargo, no perder la sensibilidad y terminar sentados en el suelo con nuestros estudiantes.

Debemos propugnar por engrandecer nuestra Institución y no permitir silenciosos que ella se consuma en la precariedad, la desidia, el abandono, la indolencia…