Por: Juan Guillermo Soto M. – Desde La U

 

El Huila es una región musical. Sus tamboras y melodías son corazón y sangre de su cultura. Cualquier ritmo, cualquier melodía. En un mundo globalizado, los géneros o nombres con los que se designa la música, como los nombres de Dios, cada vez importan menos, se fusionan y se desdibujan para reconocer un solo milagro: la música. A secas. Sus guardianes en el Huila: una Banda Sinfónica de Vientos, 37 bandas juveniles distribuidas en los 37 municipios del departamento, decenas de orquestas tropicales, entre 40 y 50 agrupaciones de rock (sin contar las que aún están en el anonimato); grupos de música andina, de rajaleñas, bambucos, coros, solistas, etc.

En este contexto, comprender el panorama de la música en el departamento del Huila implica abordarlo desde dos linderos: formación y promoción. Ambos involucran los mismos actores (músicos, instituciones, familia, público, mercado) pero en procesos diferentes que se afectan entre sí.

Formación

Música Huila en el olvido

Susana Javela Cano, saxofonista e integrante de la agrupación de rock Bourdell

 

Según advierte la investigación “Expectativas de Formación Musical en el Huila”, liderada por el guitarrista y profesor Juan Pablo Rodríguez, del programa de licenciatura en artes de la Universidad Surcolombiana, en la región la mayoría de los músicos son empíricos. Hay escuelas de formación pero son muy básicas. Los músicos empiezan a estudiar pero muy tarde; pocos lo hacen desde la niñez. Así pues, la institución en la que buena parte de ellos se forma sigue siendo la “escuela de la oreja”: escuchando música -muchas horas, mucho tiempo- y aprendiendo a tocarla de manera autodidacta. De igual forma, hoy en día, a esto se le suman las posibilidades de aprendizaje que ofrece internet.

Para Edgar Valenzuela, coordinador del Plan Nacional de Música en el Huila, la Secretaría de Cultura Departamental cumple con su deber de fomentar la música, a través de los procesos de formación con las bandas municipales de vientos, “solo música tradicional”, afirma Valenzuela, con chicos desde los cinco a los 18 años. “Pero ya cuando llegan a esta edad, el problema de la mayoría de músicos es que se enseñan a ′chilguear′ , y están pensando en el dinero y el interés de nosotros no es formar músicos para que estén ′chilgueando’ sino para que se formen como personas que son”.
Sin embargo, las “personas que son”, también comen, tienen necesidades y, sobre todo, a esa edad, finalizado el colegio, tienen una presión social y familiar: ¿de qué van a vivir si siguen el camino de la música? Las “personas que son”, y que se han formado a sí mismas en el seno de la música, tienen, sobre todo, un problema: ya no pueden dejar la música. Son adictos. Han dedicado buena parte de su niñez o su juventud a su formación musical, han establecido un vínculo tan fuerte que ya no pueden renunciar a ella, es decir, a buena parte de sí mismos. Entonces, en ese momento de sus vidas se enfrentan a estas posibilidades:

• Seguir con sus estudios de formación musical a nivel profesional, si tienen el dinero para hacerlo, e irse de su municipio a profesionalizarse en Bogotá, Ibagué u otras ciudades del país. Este es el caso de María Mercedes Gonzalez Rouille, cantante recién graduada del nivel técnico del Conservatorio, la única de los 10 graduandos que manifestó seguir su proceso de profesionalización en una universidad de Bogotá.

• Estudiar otra carrera y llevar a la par su vida musical. Así lo vive Sussan Javela Cano, saxofonista e integrante de la agrupación de rock Bourdell y estudiante de administración de empresas en la Universidad Surcolombiana. “El compromiso con mi familia era llevar las dos carreras porque para mí el sentido de vivir es la música. En mi casa no vieron en la música una opción para que yo siguiera mi vida solo por ese lado, por eso estudio administración con la condición de que no me fueran a cerrar las puertas con la música”, asegura.

• Si no puede estudiar otra carrera ni irse a la capital a profesionalizarse en música, está la opción de tocar en orquestas locales, fiestas, mariachis, dar clases, lo que sea. Rebuscárselas. No hay punto de retorno. Hasta el momento, la música es lo mejor que sabe hacer en su vida.

Hoy se celebra una carta más entre la baraja de posibilidades, la única acreditación a la que tiene acceso un músico en el departamento: técnico en música, título otorgado por el Conservatorio Departamental del Huila. Si bien estos esfuerzos en formación básica valen la pena resaltarlos, hay un aspecto que las instituciones desconocen, o se hacen los de la vista gorda ¿Qué pasa después, cuando forman músicos y los abandonan a la deriva en un contexto en el que no hay industria de la música, y su fomento estatal es limitado? ¿Qué estrategias tienen las Secretarías de Cultura para engranar sus procesos, si los tienen, de promoción-difusión-formación de públicos, con los procesos de formación de músicos y los procesos independientes de los músicos empíricos cuyos productos también son de calidad?

Así como se evidencia una política de formación musical, aunque básica, a través de las bandas municipales y de instituciones como el conservatorio, ¿existe una política de promoción musical, a lo largo del año, que trascienda la mera coyuntura del San Pedro?

Promoción

“Sí existe esa política, claro”, responde Valenzuela, “nosotros hemos hecho una gran cantidad de eventos y hemos colaborado con agrupaciones que hacen festivales… por ejemplo hicimos hace poco la muestra del bolero; además se presentaron unos tríos y unos duetos, presentamos también lo de coros y hubo una participación aceptable (…) también se ha hecho la ópera”.

Una política departamental de música no son actividades sueltas. Son principios orientadores a corto, mediano y largo plazo que involucren a todos los actores del quehacer artístico: músicos, públicos, productores y gestores culturales. ¿Es necesaria? Lo es, si se parte de una premisa: la música es importante para una sociedad. Para Pablo Salas, Director de la Banda Sinfónica de Vientos del Huila, “la música es importante porque se constituye como herramienta de cohesión social, la música trasciende las clases sociales, nos pone a todos en un mismo plano, a gozar, o simplemente a sentir en torno al lenguaje abstracto de la música; además sirve para configurar identidad de manera colectiva. Es sin duda una herramienta de evolución cultural”.

En este sentido, para María Mercedes, un principio esencial que debe tener una política pública de música es la dignificación del oficio: “la gente cree que acá los músicos son los muertos de hambre que por cualquier pesito van a tocar en cualquier parte. Sinceramente los que deben apoyar esto no lo apoyan: las Secretarías de Cultura. Por ejemplo, ¿dónde ensaya la Sinfónica?: en un sótano. A mí me parece algo deplorable, que tengan una Sinfónica de tanto nivel y prestigio en un ensayadero de esos”.

Para Guillermo Sánchez, profesor del Programa de Artes Integradas de la Universidad Surcolombiana, los alcaldes y los políticos se aprovechan de los músicos porque “en poco tiempo arman una banda y la ponen a sonar donde quieran; el músico de por sí es gomoso y más si está en proceso de formación, entonces toca gratis, y luego los políticos no hacen sino sacar pecho y decir que apoyan el arte”; es entonces cuando el músico llega a su punto de no retorno: “me decía hace unos días, medio aburrido, el director de una de las bandas municipales: mano, los músicos los forma uno y ellos se van yendo pa las orquestas”, ¡pero cómo se van a quedar ahí en la banda!, agrega Sánchez entre risas, ¡si ahí no pasa nada más que el aplauso del público y la sonrisa del alcalde!

¿Espacio para todos?

Eventos como la ópera, o la noche de boleros (se hacen una vez al año) son de alta calidad artística y en muchos de ellos los músicos se ponen a prueba y muestran los resultados parciales de su proceso formativo, pero ¿qué otras opciones y espacios hay para que estos mismos músicos, u otros al margen de la academia, presenten sus espectáculos y les quede algo más que el aplauso y los elogios del maestro de ceremonias de turno? Para el caso de la ópera, cabe resaltar que ni siquiera el coro institucional del Conservatorio, conformado en su mayoría por cantantes empíricos, recibe una remuneración (solo algunas boletas para que vendan o ingresen a sus familiares) por todo un año de esfuerzo y sacrificio para el montaje de ese y otros espectáculos. El mensaje que se les inculca es que antes deberían sentirse orgullosos por representar a la institución y recibir formación. Luego del espectáculo, para los artistas, queda la satisfacción de haberlo dado todo en tarima y, las fotos para el Facebook con sus elegantes trajes alquilados.

Para Juan Pablo Rodríguez, en el Huila todo está centralizado en el Festival de San Pedro, “uno entiende que ese Festival es una cosa gigantesca, con cantidad de desfiles, reinados, concursos, encuentros, un montón de actividades que terminan perdiendo mucha importancia. Sería mejor que muchos de estos programas estuvieran a lo largo del año, para mantener a la gente en actividad”.

Uno de los principios que rezan los slogan del festival, es la preservación de las tradiciones de la cultura huilense y el fomento a sus manifestaciones artísticas; sin embargo, si bien el festival tiene alto impacto turístico y económico, Rodríguez asegura que este no promueve la música tradicional sino que con el tiempo ha generado lo contrario: “antes, cuenta Amín Vargas , la gente tocaba rajaleñas en diciembre, en cumpleaños, era una expresión viva de la cultura, que estaba permanente; desde que institucionalizaron la fiesta, empezaron a prepararse los grupos solo para el concurso. Ya luego esa era la única motivación, ya no era algo intrínseco, entonces se perdió el entusiasmo. Y es que el resto del año no pasa nada”.

Profesionalización del oficio

La Universidad Surcolombiana tuvo un Programa de Licenciatura en Música, junto al de artes visuales y artes escénicas, desde el año 1985 hasta el 2000, fecha en la que se cerró porque salió una norma manifestando que los licenciados en educación tenían que sacar títulos como Licenciados en Educación Básica con énfasis en: matemáticas, física, artes… “pero nosotros no teníamos los profesores suficientes para sacar las tres licenciaturas; la única posibilidad que había en el decreto era una licenciatura en educación básica, con énfasis en educación artística, integrar las tres licenciaturas, lo que hoy tenemos”, agrega Guillermo Sánchez.

Hoy, según lo manifiesta Juan Pablo Rodríguez, desde el Programa de Artes se trabaja la iniciativa de hacer un programa de Maestro en Artes Musicales, con el apoyo del Conservatorio de Viena (Europa). Lo anterior justifica la investigación ya citada: Expectativas de Formación Musical en el Huila; con base en los hallazgos que esta arrojó, “se propone la implementación de un sistema de formación musical en la región donde se organice a las instituciones (conservatorio, batuta, Baracoa) para que haya una pirámide, darles unas funciones, entonces hay unos pasos: estimulación sensorial en edades muy tempranas, prácticas musicales, identificación de talento, profundización, y luego la gente con un buen nivel de formación ya entraría a la universidad”. Falta terminar el proyecto y que pase por todas las instancias de la universidad; luego por el Ministerio de Educación.

Un programa profesional de música y unas políticas institucionales de promoción, contribuirían a que los músicos vivieran dignamente de la música y a que la sociedad hiciera de esta una verdadera herramienta de paz.

 

A continuación algunas agrupaciones: