Ante esta situación, comunidades asentadas en las zonas de influencia han establecido comités de defensa del territorio como también movimientos que propendan por su preservación. Cada día, según los mismos pobladores, dichas afectaciones son más latentes. Pero ¿cuáles son y qué dicen los huilenses afectados?
Alrededor de la defensa por el territorio y los recursos naturales se han integrado pescadores, mineros, jornaleros y campesinos haciendo exigencia de sus derechos. Así mismo, han identificado y caracterizado perjuicios agudos en cada municipio.
La violación a las condiciones dignas de existencia es una de los principales agravios. La actividad vital de las personas, la cual permitía a las comunidades producir y obtener alimentos del territorio, hoy se ve amenazada por el nuevo uso que se le da a la tierra. De igual forma, el saqueo arqueológico, constituido en un asalto a la memoria y la historia de los distintos territorios como el creciente deterioro ambiental visible con la extinción de peces, contaminación de agua, tala de árboles y muerte de animales, engrosan la lista de daños derivados por las políticas en mención.
Derechos Humanos
En este aspecto, el desplazamiento de las comunidades humanas y la restricción de la movilidad por la privatización tanto del rio como del territorio, han originado una constante vulneración a los Derechos Humanos. Las personas ya no se pueden mover en su propio territorio.
Los psicólogos de la Universidad Surcolombiana Erika Barreiro y Marlón Fernández, realizaron un estudio de investigación con la población afectada por el proyecto hidroeléctrico El Quimbo. Allí plantean que desde el punto de vista psicológico las afectaciones son múltiples. “Los afectados por la política Minero energética y el proyecto hidroeléctrico el Quimbo tienen miedo, desconfianza, inseguridad y ruptura de su tejido social. La pérdida de empleo ha generado incertidumbre sobre el futuro de las familias. La estructura familiar ha tenido que ser modificada, hay fraccionamiento de los lazos de la comunidad y desentendimiento entre los miembros de las comunidades afectadas. Afectación psicológica en los síntomas de sensitividad interpersonal, ansiedad e ideación paranoide”, manifiesta el estudio, que además agrega que la situación ha sido más compleja en comunidades donde se requiere el desplazamiento total de toda la población. “En veredas como Veracruz, Rio Loro, la Escalereta, la Honda, la Jagua de los municipios de El Agrado, Gigante y Garzón, se evidencia el aumento de afectaciones psicológicas, muerte progresiva de adultos mayores y enfermedades físicas generadas por el estrés, la angustia, la ansiedad y la incertidumbre provocada por el proyecto El Quimbo”, indica.
Planteamientos con los que concuerda Edith Garzón, psicóloga de la Universidad Cooperativa de Colombia e integrante del Comité por la Defensa del Territorio “Somos Rio Aipe”. “Nuestros abuelos presentan sentimientos de amargura, impotencia y desesperación. Se refleja como las relaciones interpersonales entre las comunidades se han visto afectadas; ya no se confía en la otra persona”, señaló.
Conflictos territoriales
Las comunidades en su ejercicio de empoderamiento han identificado que en la zona se está disputando la soberanía del territorio a través de una confrontación permanente entre estas, las multinacionales, el estado Colombiano y los gobiernos de turno que favorecen los intereses de dichas empresas. Lo anterior ha transformado las acciones cotidianas de quienes ven en el río un símbolo y arraigo de su cultura. Actividades como el paseo de olla y la pesca se han convertido en un delito, de la misma forma que el ingreso a los ríos, lo cual ha generado un desplazamiento forzado interno. La apropiación de los recursos naturales viene de la mano con fuerzas coercitivas que se apoyan en grupos militares con el fin de proteger las multinacionales. El abandono de las comunidades y ruptura de los tejidos sociales es una de las consecuencias que dejan estas acciones.
Municipio de Garzón, La Jagua y la Zona cafetera.
Neida Ximena Chavarro Alvarado, jornalera y pescadora, es una de las afectadas por la instauración de proyectos hidroeléctricos en el Huila. Vive en el centro poblado de La Jagua en el municipio de Garzón. Como Nieda, son varios a quienes se les ha prohibido desarrollar actividades económicas, culturales y recreativas en el rio Magdalena. En el siguiente video comparte la situación que enfrentan actualmente en su territorio.
La construcción del proyecto hidroeléctrico El Quimbo junto a la explotación petrolera en El Cerro Paramo de Miraflores son dos de los proyectos que han puesto en disputa la economía, el medio ambiente y la cultura de la región. Jaguos por el territorio con su apuesta de Gecoregrafias; Ríos Vivos junto con la Universidad Surcolombiana; Asoquimbo, cafeteros, mayordomos, pescadores, comerciantes, transportadores, mecánicos, paleros, tabacaleros, entre otros, han incentivado apuestas de construcción y empoderamiento con el fin de generar pertenencia en el territorio.
Sin embargo, transnacionales como EMGESA Y ENERALD ENERGY le apuestan a la construcción de represas, explotación y extracción petrolera. Electrohuila, con la construcción de microcentrales y Empresas Públicas de Garzón con la microcentral La Pita.
Pase el cursor sobre el mapa y haga click en cada uno de los puntos para conocer detalladamente los proyectos en el Huila que han tenido disputas por el territorio
El Quimbo y la Explotación Petrolera en Gigante
En esta zona huilense los pobladores reconocen que no se están respetando sus derechos. Se consideran habitantes en un pueblo inconsciente, fácil de manipular, presionados por los gobernantes y las mismas personas que los rodean. Al líder de a pie no se le presta atención. La voz del doctor o del letrado “es dulce al oído de la persona”. Multinacionales como EMGESA “han llegado a nuestro territorio a invadir y culturizar”, sostiene don Antonio, líder comunitario. Se presenta un incremento de lo que denominan “población flotante” es decir, personas que no hacen parte de la comunidad, han llegado a generar otras dinámicas como consecuencia de la construcción de la represa. Se ha incentivado la delincuencia y la prostitución junto a bandas organizadas que incitan al consumo de sustancias alucinógenas.
El Batallón número 12 Minero Energético en la zona se ha instaurado para la privatización y restricción a la zona con horarios específicos. “Se está perdiendo el derecho a la libertad”, sostiene uno de los pobladores. Dispersión y falta de apropiación por el territorio es lo que, según los habitantes, ha ocasionado la presencia de fuerzas militares al servicio de las multinacionales.
El caso del Agrado (San José de Belén)
Cuando el proyecto hidroeléctrico El Quimbo empezó, las tensiones no se hicieron esperar. Las inundaciones que ocasionaría en la zona llevaron a la pérdida de la tradición y la cultura. La reubicación de la primera iglesia y los pobladores al sector conocido como La Galda, creó otros conflictos de índole socio cultural hacia el territorio que hoy no se han resuelto.
Aipe: “Somos Rio Aipe”
El contexto de la problemática data de tiempos no tan recientes con la explotación petrolera que ha sido clave en este municipio, desde que las empresas dedicadas a la extracción de hidrocarburos hicieron su arribo al Huila. El conflicto más reciente es el de la posible construcción de una microcentral hidroeléctrica en cabeza de la empresa privada Generhuila. Hoy, el municipio se opone rotundamente al proyecto y el mayor conflicto se presenta por el río y el abastecimiento de agua potable que se deriva del Río que lleva el mismo nombre: Aipe.