Por: Carlos Romero Artunduaga 

 

“¿Y qué ha pasado luego de la entrega de armas? Usted debe saber, lo he visto allá donde ahora ellos se reúnen”, pregunta aquel habitante de la zona. Allá donde ellos ahora se reúnen es el salón comunal del Barrio los Alpes por la carrera 35 al sur oriente de la ciudad de Neiva.

 

 

 

 

 

 

A este barrio Wilmer Alexis Mosquera llegó cuando tenía 13 años, para entonces todo iba normal. Vivía con su madre y su padrastro, asistía al colegio, hacía sus tareas y jugaba en las calles destapadas del barrio que apenas empezaba a conformarse. Para Alexis la tregua permanente que se sentía en ese tiempo resulta digna de contar, porque aunque eran tiempos difíciles, la tranquilidad que caracterizaba al sector podía soportarse. Aunque ni la policía ni la administración hicieran presencia allí.

Transcurría el año 2000, el inicio del nuevo siglo que se suponía debía llegar lleno de nuevas oportunidades para la familia de Wilmer que había dejado atrás su antigua vida en el barrio Ventilador.

Wilmer cursaba noveno grado, no era el mejor de su clase pero asegura que le gustaba lo que hacía y la vida que había empezado. “No era la mejor vida, usted entenderá que éramos una familia pobre, donde mi padrastro trabajaba en lo que fuera y donde no siempre se conseguía lo necesario”, cuenta el joven.

La realidad no tan ajena a muchos hogares colombianos le guardaba una sorpresa a Alexis. Un día al llegar a casa se encontró con la noticia de que su padrastro estaba preso, ¿Y ahora? Fue lo primero que pensé luego de darse por enterado, pero bueno, por fortuna aún contaba con su madre.

La necesidad empezó a complicar la situación de Wilmer Alexis, así que decidió empezar a trabajar, pero la situación no mejoraba, los problemas en su casa empezaron a ser más difíciles tanto así que su madre terminó también abandonándolo. “Dígame ¿Qué hace uno solo, sin oportunidades a los 14 años?”, interroga Alexis.

Lo primero que le tocó hacer fue no volver a estudiar, pues tuvo que buscar un lugar para vivir y un nuevo trabajo. Fue ahí donde empezó a conocer nuevas personas, a relacionarse con jóvenes que como él andaban solos y se convirtieron en su nueva familia, pero que al igual que su familia natural, terminaría por separarse.

Sin una persona que lo guiara en su nuevo estilo de vida, Alexis empezó a consumir drogas “para calmar su temprana ansiedad”. Recurrió al camino fácil para abastecer sus necesidades, y en menos de un año de la partida de su madre ya había estado dos veces en la correccional de menores de la ciudad.

Su familia eran sus nuevos amigos, con ellos permanecía la mayor parte del tiempo en el lugar de encuentro establecido en lo que hoy corresponde a la carrera 35 del Barrio Los Alpes. Las personas del barrio empezaron a molestarse por los grupos de jóvenes que sólo se reunían a consumir, pero no podían hacer nada al respecto, lo que no sabían era que eso apenas era el comienzo.

“Todos éramos amigos, los de panorama y los de acá, pero un día hubo un muerto y así fue como empezó el problema” Sin darse cuenta, Wilmer estaba envuelto en un gran malentendido del cual no iba a salir fácil. Aunque él no tuviera nada que ver con el muerto era amigo de una de las personas implicadas y eso fue suficiente para que nuevamente “su familia se dividiera”.

Pasaron varios años y el problema territorial empezaba a ser más frecuente, los jóvenes de los Alpes ya habían decidido defender el suyo y así fue como empezaron a ser reconocidos como “la pandilla de la 35” conformada por cerca de 15 personas. “Los encuentros eran pesados, siempre cargábamos armas”, dice Alexis.

La continuidad de la historia ha sido portada de los medios de la ciudad por muchos años, una grave situación que ha generado la estigmatización del sector. Desde hace más de ocho años las balaceras, los muertos y los robos han hablado por una comunidad en la que existían cuatro (4) grupos delincuenciales, ahora son tres, porque desde hace dos meses las dos balaceras diarias de la 35 ya no son noticia, ellos ahora le apuestan al cambio.

“Jóvenes a lo bien”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para no hacer alusión a hechos que aturden diariamente la ciudad, esta historia sólo ahondará en una de las experiencias que más han marcado la vida de Wilmer como integrante de la “pandilla de la 35” desde hace 7 años.

“Uno nunca se imagina que en una fecha tan especial sucedan ese tipo de cosas, fue un Diciembre, me encontraba con mi mujer y los niños, los niños no son hijos míos, cuando me desperté en el hospital fue que me di cuenta que me habían pegado cuatro tiros, a mi mujer le pegaron dos”

Desde ese día Wilmer había querido terminar con ese conflicto, tener una nueva oportunidad por otro camino, pero la falta de alternativas lo mantuvieron inmerso durante mucho tiempo en esa vida de la que él estaba seguro no lo llevaría a ningún lado.

En una de esas tardes en la que el grupo de Wilmer se encontraba por la 35, apareció la que podía ser la oportunidad que él y sus amigos estaban esperando, aunque en ese momento lo entendieron de esa manera. Se trataba del Intendente Vargas, como es conocido por los jóvenes de este sector. La desconfianza que ellos siempre han tenido frente a la fuerza pública les impedía establecer lazos de amistad, por lo tanto la idea de entrega de armas que les propuso Jhon Jairo Vargas hace varios meses les resultó una simple broma.

Vargas hace 17 años es integrante de la Policía Nacional, su experiencia en la desmovilización de grupos delincuenciales fue la que lo motivo a trabajar desde hace 12 años en la Policía Comunitaria y la que en la actualidad lo tiene liderando procesos de desmovilización en las comunas 6, 8, 9 y 10 con 26 grupos de la ciudad de Neiva.

Para Jhon Jairo el proceso no fue fácil, pero luego de cinco meses de conciliación y de apoyo por parte de la Alcaldía y del Sena se logró que el 23 de mayo los jóvenes que pertenecían al grupo delincuencial del barrio los Alpes entregaran sus armas.

Entre las cosas que Wilmer aprendió desde que vive solo, se encuentra el arte de lo que será su futura empresa. Desde los 20 años ha aprendido a fabricar e instalar acabados de obra blanca y debido a eso, en acuerdo con la Alcaldía de la ciudad de Neiva, podrá realizar su anhelado proyecto.

14 años después de que empezara su tortuoso camino Wilmer sabe que tiene una oportunidad para reponer todo el tiempo perdido. Frecuentemente visita a su madre y a sus hermanos sin guardar rencor alguno, pues él sabe que así como el entendió lo sucedido con su madre, la sociedad entenderá lo sucedido con él.

Actualmente los jóvenes que conformaban el grupo delincuencial del barrio los Alpes están estudiando un curso de contabilidad en el SENA que los prepara para recibir el dinero de unidades productivas que les entregará la Alcaldía de Neiva para montar su empresa, pero mientras eso sucede todos fueron contratados para realizar trabajos de obra blanca en la construcción de Peñón Redondo.

 

Ver reportaje audiovisual de la jornada de entrega de armas

 

 

Fotografía principa: Coordinador de Juventud Ciudad de Neiva