Comida, bebidas, globos de figuras, algodones de azúcar, artesanías, ropa, vuvuzelas, sombreros y una innumerable lista de objetos, pasean los andenes de las principales calles donde los desfiles hacen su tránsito habitual. Mientras el primer pitazo y la aparición de algunos autos y comparsas anuncian el inicio del recorrido folclórico, los espectadores se preparan.
La informalidad en las festividades tiene diversas particularidades. La vista en los alrededores de la avenida Circunvalación la constituyen las carpas inmóviles que acogen las ventas de mazorcas, chorizos, empanadas, pasteles, lechona, chicharrones y otro tipo de comidas. El humo blanco sale de los fogones y se esparce por el espacio. Mientras tanto, el sol hace que las personas acudan a la compra de sombreros, un tradicional objeto que no cesa sus ventas durante el San Pedro.

Atrás del Centro Comercial Los Comuneros está Gustavo, un costeño tímido que recorre el país de feria en feria para vender este tradicional objeto. “Debería estar en Ibagué o en el Espinal”, dice. Nueve años han sido suficientes para conocer las fiestas del país. Busca en internet cual es la siguiente feria o festividad y toma rumbo desde Montería, su ciudad natal, hacia un próximo destino que lo espera para vender sombreros. Este año, el San Pedro no arrojó el mejor saldo en la venta de este accesorio que defiende de las inclemencias del sol a visitantes y neivanos. Pare él, muchas personas prefirieron irse a celebrar otras fiestas como las de Ibagué, capital del Tolima.
Y eso mismo dice Carlos Gutiérrez, quien es de Tuluá y recorre el país vendiendo esta misma prenda. Hubiera preferido irse para otra ciudad al igual que Gustavo, pero por cosas del destino prefirió quedarse en el Huila. De las ventas no dice nada todavía, pues apenas hace una noche llegó a la capital del departamento. Su hijo, un pequeño de doce años, le colabora a veces sosteniendo sombreros mientras pasan por los establecimientos y calles ofreciendo y esperando a que alguien les compre alguno.

Saúl Parra, mientras tanto, afirma que el mundial de fútbol lo opacó todo. “No hay personal a quien venderle sombreros porque este San Pedro la gente no salió a los desfiles”, comenta. Es del Huila y cuando no vende sombreros vende aguacates de forma ambulante por las calles de Neiva. “La gente está viendo partidos y mire, esto está solo”, añade.
Entre tumultos, graderías, policías que rondan las calles y más, las fiestas muestran diferentes rostros y contrastes que generan a su vez múltiples posibilidades de sustento a quienes ven en las fiestas un medio efectivo para obtener ingresos económicos.
El próximo domingo las fiestas de San Pedro cerrarán con el gran desfile de las candidatas al Reinado Nacional del Bambuco. Cada representante engalanará las calles mostrando lo mejor de cada uno de sus departamentos.

La costa hace del Festival su embajada y se manifiesta en el desfile del San Pedro. Esta foto muestra claramente esta expresión.
