Ubicado en la comuna 4, el malecón se constituyó en sus inicios como un espacio dedicado a la recreación y el ecoturismo. El río Magdalena, entonces, sería el mejor aliado y los habitantes de la ciudad pondrían sus ojos sobre uno de los principales afluentes hídricos de Colombia.
A inicios de los años 2000, el “Parque Isla” se impulsó como un prometedor proyecto que buscaba adecuar el malecón y posicionarlo como alternativa turística. La primera piedra fue puesta bajo la administración municipal de la ex alcaldesa y ex gobernadora destituida Cielo González Villa, con un monto estimado de 3 mil millones de pesos. Senderos ecológicos, quioscos para zonas de bañistas, canchas de voleibol y microfútbol, entre otros, serían los atractivos de este propósito. Sin embargo, la iniciativa no dio los mejores resultados.
Hoy, después de casi doce años, el malecón causa múltiples sensaciones a la vista de cualquier persona que lo transite. El Parque Longitudinal del cual hace parte, y que abarca el monumento “Pentagrama” en el Parque Caracoli hasta el Puente de las Damas en la carrera segunda, es un asfalto derruido con baldosas levantadas, mientras que un sinnúmero de bancas de cemento instaladas allí, son ocupadas por habitantes de la calle y en algunos momentos vacías y abandonadas. La escultura que carga el personaje mitológico de El Mohan y que fuera construida para implementar el teleférico que conectaba hacia el Parque Isla, es una estructura formada por hierros entrelazados y oxidados.
Y aunque los restaurantes y locales de artesanías que se encuentran allí logran darle un aire distinto al espacio, los inconvenientes de inseguridad, drogadicción, indigencia y contaminación ambiental, tienen preocupadas a las comunidades que lo frecuentan, ya sean pescadores o administradores de los negocios.
Más allá de lo que salta a la vista, el malecón guarda en sus entrañas detalles a donde la vista del habitante común no alcanza a llegar.
“Artevivero” es un vivero del cual Ruth Mary Araque es propietaria. Está ubicado al fondo de los locales de artesanías y colinda con un sendero de cemento el cual lleva a una parte de las riberas del río. Desde allí se observan unas columnas de cemento que antes funcionaban como soporte al tradicional restaurante La Tienda Montañera y que debido al POT tuvo que ser trasladado unos metros más arriba. Según Araque, las columnas en ruinas han servido para que habitantes de la calle se instalen allí, hagan sus necesidades y consuman sustancias psicoactivas, lo cual altera el sano estado al que debería estar sujeto dicho espacio. “Los malos olores son frecuentes, acá nosotros somos los que limpiamos pero no pasamos más allá de este sendero que lo barremos diariamente en las mañanas”, puntualizó la mujer.
Por el mismo camino que lleva a las profunidades del malecón, las riberas del río Magdalena se avistan y el paisaje es más desolador. Llantas, ropa sucia, cajas, canecas, tarros, aguas turbias empozadas con lodo y excremento, entre otras cosas, se observan.
Luz Angela Ninco tiene a cargo otro vivero. Al igual que Ruth Mary, no tolera las acciones que muchos habitantes le hacen al lugar. A pesar que no conoce ni ha visto personas o grupos que arrojen basura, considera que la afectación está dada y “de que si echan basura, la echan, porque mire no más como está de feo esto”, afirmó. También, en compañía de las demás personas que integran los locales, emprenden jornadas de aseo que en un abrir y cerrar de ojos se pierden, pues no son suficientes.
Las labores de la administración municipal
Fernando Gómez, presidente de la Asociación de Pescadores del Malecón, tiene la función, además de otras, de mediar entre la administración y las personas lo conforman. Gómez afirma que a pesar que delegados de la Alcaldía han llegado y escuchado sus quejas y peticiones, todo se queda en el momento y no trasciende a alternativas claras. Frente a la denuncia de algunos de que los pescadores arrojan las escamas y desperdicios a las riberas del río, manifiesta que no lo hacen y que al contrario, son lanzados a las garzas y aves que esperan en las ramas de los árboles. “Ellas ya están acostumbradas a que uno limpie los pescados y les arroje las ‘tripitas’”, comentó. En su momento, denunció también que tiene conocimiento de casos de vertimiento de residuos sólidos por grandes grupos que según él, nadie imagina. “Yo me di cuenta que allá, al otro lado, gente del Club Campestre vino un par de veces y arrojó una cantidad de basura directamente al río, como si nadie se diera cuenta; lo han hecho varias veces y nadie dice nada”, afirmó.
Por su parte, José Milton Rojas, coordinador de vigías de la comuna 4, afirma que desde la implementación del sistema de vigías ambientales en las comunas bajo la administración del alcalde Pedro Hernán Suárez, se han reducido notablemente los casos de contaminación. “Tenemos cuatro vigías que notifican infracciones en la zona. Cuando sucede alguna, a los infractores se les realiza un comparendo ambiental y se cita a una capacitación que ayuda a que esa o esas personas no vuelvan a cometerla”, puntualizó Rojas.
Según el funcionario, las afectaciones ambientales en el malecón tienen que ver con escombros, manejo inadecuado de basuras y contaminación visual producto de pasacalles y pendones que están mal ubicados. “Cuantitativamente se calcula una disminución del 50%; diariamente se reciben entre 30 y 50 reportes”, añadió.
Por otro lado, Luz Ángela y Ruth Mary afirman que las jornadas de limpieza que se desarrollan desde la alcaldía son mensuales, sin embargo sólo sirven por un momento. Manifiestan que son más las acciones colectivas de quienes integran el malecón que la propia administración municipal. “Acá vienen de vez en cuando, limpian y ya, luego todo vuelve a ser lo mismo”, recalcó Luz Ángela.
¿Neiva tendrá Parque Colombia?
Un proyecto llamado Parque Colombia liderado por la Alcaldía, busca cambiarle nuevamente la cara al malecón. En días pasados fue socializado ante el gobierno departamental y se hizo énfasis en el alto impacto que podría tener. La iniciativa, que se asemeja a lo que años atrás propuso el Parque Isla, se dividirá en tres zonas: Magdalena bajo, Magdalena Medio, y Magdalena Alto. Según conocedores y socializadores del proyecto, este apuntará al turismo emergente que se ha venido dando en diferentes ciudades del país y el mundo. Contará con zonas de esparcimiento, restaurantes, secciones para artesanías, entre otros. Se espera que a mayo o junio se ejecute completamente.
Ante esto, personas como Luz Mary y Luz Angela, consideran que si se realiza el proyecto, el aporte a ese espacio será significativo “Esperamos que sea posible, acá nadie mira y proyectos vienen y van”, resaltó Luz Angela.
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