Por: Juan Sebastián Arias Palomá
En la ciudad de Neiva las casas de apuestas deportivas han adquirido un valor muy significativo. Por lo general son hombres con edades entre dieciocho y cuarenta años de edad quienes a distintas horas del día acuden a este tipo de negocios.
El Barrio Candido, al norte de la ciudad de Neiva, es el lugar predilecto de alrededor de doscientas personas que todos los días depositan su confianza absoluta en el juego de azar, con la esperanza de luego obtener una “merecida” remuneración económica. Es habitual encontrar a la comunidad estudiantil realizando sus apuestas para ganar dinero y posteriormente gastarlo en sus actividades extra curriculares y laborales.
Pero aunque estas prácticas se han vuelto tan recurrentes, el índice de “pegarle a la polla” es muy bajo, pero las personas que acuden a la Bombonera (casa de apuestas en el Barrio Cándido) aseguran que prefieren perder poco dinero ahora y el día de mañana tener en exceso.
A puro oído esta iniciativa es muy llamativa, además tiene la capacidad de atraer a cualquier puritano con la mínima cifra de 5.000 pesos a la hora de apostar y según su habilidad “nostradamiana” poder multiplicar acérrimamente esa cifra. Ese interés facilista de ganar dinero por montones fue lo que detallaron las grandes empresas a la hora de analizar y decidir agrupar a estas personas alrededor del dinero fácil; crearles en su subconsciente una razón de peso para incurrir en este tipo de apuestas.
Los deportes, en especial el fútbol, es el tema que siempre está en la mente de todos los hombres, principalmente, ya sea por el fanatismo que provocan algunos equipos o por la simple apreciación a este deporte; siendo estos comportamientos los promotores para la creación de varias casas de apuestas como lo son BET356 y BWIN que se establecieran con fuerza en muchos países del mundo incluido el nuestro.
El motor impulsor que tiene hoy por hoy mejor ranqueadas estas empresas (BET356 y BWIN) son las copas del mundo hablando del «deporte rey» (fútbol); y los juegos olímpicos, por las demás disciplinas.
La euforia generada en Colombia por las apuestas deportivas alcanzó su clímax luego de la clasificación de la Selección Colombiana de fútbol al Mundial de Brasil 2014, este campeonato le depositó la confianza absoluta a miles de colombianos por suponer y anticipar ciertos marcadores.
Los campeonatos de auge internacional hicieron que las páginas web dedicadas a las apuestas colocaran sus locales en puntos estratégicos de ciudades como Neiva, con el fin de motivar a muchos fanáticos impulsivos que no piensan en el dinero que pierden, sino en la ganancia venidera o mejor dicho ludópatas como puede llegar a serlo Felipe Meneses* (habitante del Barrio Cándido de Neiva) que apuesta cada vez que haya un partido digno de confiarle un marcador.
Esto de la ludopatía es delicado, porque según la APA (Sociedad Americana de Psicología) es un trastorno en el que la persona se ve obligada por una urgencia psicológicamente incontrolable a jugar de forma persistente y progresiva, afectando de forma negativa la vida personal, familiar y vocacional. Tan preocupante es la cuestión, que estos hombres “maduros” solo tienen vida y tiempo para las cifras que se producen por un lado en la cancha y por otro en la pantalla de sus computadores.
Sin duda alguna, puedo describirlos como personas acérrimamente supersticiosas, lo digo porque Felipe le deposita toda su fe al Atlético Huila, el club de sus amores y su amuleto de la buena suerte. Aunque la estadística esté totalmente en contra de sus convicciones no le tiembla el dedo al darle click en la pantalla para cerrar su apuesta “dominguera”.
También esta enfermedad le crea convicciones falsas a los ludópatas, porque según ellos, si ganan la apuesta arreglan todos los problemas económicos de su vida (incluido su hogar), mientras para muchas personas con problemas intrafamiliares las apuestas no entran como manera de solución, siendo así una excusa más de los “jugadores” para no parar.
Es tan profundo el trastorno psicológico de esta enfermedad, que las personas que lo padecen como Meneses, que además de terco sigue empeñado en que las apuestas lograrán darle la satisfacción única de pagarle la deuda que su padre tiene acumulada por años, que no concibe oportunidades laborales, por muy buena que sea su remuneración o cargo; desmerita el esfuerzo y empeño que se hace en la labor y que por el contrario no tiene la suerte.
Otro centro especializado en este caso Medline Plus ha dicho que los ludópatas que no logran acertar en su “polla” se desesperan y acuden de cualquier manera a realizar más apuestas hasta que consiguen su objetivo; en una ocasión Felipe ganó una “polla” luego de realizar tres apuestas en un mismo día, esto demuestra que la necesidad de jugar al azar es cada vez más difícil de saciar y que la vida del ludópata se reduce al prejuzgar, esperar y si tiene suerte, ganar.
Los expertos recomiendan pensar dos veces antes de realizar una apuesta para no ser otra víctima de esta enfermedad que se camufla en los pasatiempos y para la cual se recetan antidepresivos como Naltrexone. No queda duda de que este fenómeno sigue siendo un tema de reconocimiento y compromiso para su superación meramente psicológica.
*Felipe Meneses es usado como un seudónimo.