“Mi acto de protesta es señalar que cuando la lucha social en América Latina rechaza la precarización, la rentabilidad y el ánimo de lucro con el derecho a la crítica es criminalizada”,  puntualiza Sergio. Zubiría reconoce que el valor de la universidad está en sus preguntas, pensar crítica y reflexivamente es la claridad del nivel de sus conciencias, “la sumisión sin crítica y resistencia convierte a la educación en algo mecánico”. Agrega que los estudiantes no están pensando a fondo la cuestión de la universidad, ya que hay una necesidad de reflexionar la idea humana de la Universidad.

La política del Gobierno

Para aclarar la situación de la educación, Sergio de Zubiría establece cinco procesos del Gobierno en su política pública para la consolidación ideológica. La primera un modelo extractivo. Lo segundo es el perfeccionamiento de un marco jurídico  con  contra reformas que muestran un falso cambio como la Ley de Seguridad. La propaganda es otro de los elementos, una propaganda simplificada y repetida que busca construir consensos. “Bien se sabe que pensar es matizar”,  asevera Sergio.

La Educación: “Seamos realistas, exijamos lo imposible”

El otro proceso es una contra ofensiva para la mercantilización de la educación,  es la lógica del capital buscando el control de la educación superior.  Empezando  hay un alto endeudamiento por los costos educativos para pagarle al capital financiero.

Sergio de Zubiría examina aspectos que se deben aniquilar de la Ley de reforma del Gobierno. Desde el primer artículo se ven los intereses. La Ley tiene un único referente el “servicio” clara figura del mercado. Si bien está presente la noción de derecho, está basada en el mérito e  inherente a la finalidad del Estado. Lo que para Sergio es claro que ningún derecho fundamental debe responder a mérito y menos a los fines particulares del Gobierno porque pierde su universalidad.

Para el filósofo colombiano es evidente que continúa el proyecto de privatización. Quitan la palabra, pero se mantiene el sentido y el espíritu mercantil que no desaparece. Tal como sucede en al artículo 9 en que según Zubiría aparece el engendro de universidad mixta con un fondo mixto que se orienta por orden privado, “el Gobierno sometió la educación y la cultura a las transnacionalización”.
En el  tema de la autofinanciación es claro  que se financia la demanda. Lo que implica según Sergio el estrangular financieramente la universidad pública en relación con el PIB de país para ponerlas a competirlas con las privadas, “la educación no es apéndice, ni residuo de nada”.

En cuanto al aspecto de la autonomía, reconoce que ésta es la utopía social inventada por América Latina. Autonomía que para Sergio debe estar fundamentada en los estudiantes, construyendo academia, pero también la sociedad.  La autonomía debe estar presente en todos los niveles, en los profesores y en la  investigación que es una agenda investigativa expropiada. De igual forma autonomía administrativa, presupuestal y financiera. Así como autonomía en la libertad de la crítica y pensar por cuenta propia, amenazada. Es que se piensa en una política de financiamiento centralizada.

Otro aspecto relacionado es con la calidad. Según Sergio es una pasarela de la acreditación donde hay estilos de competencia y puntaje que afectan la raíz y el estilo del pensamiento latinoamericano, “la educación no se puede estandarizara y homogenizar”. Para Zubiría el problema es como la definen, aclarando que se centra en los logros de los estudiantes cuando este es multiformista. Fomenta la competencia, enfatizada en el sentido laboral, “nadie se educa para un oficio, para ser un trabajador alineado y productivo”.

Finalmente,  el filosofo reconoce que el neoliberalismo económicamente fracasó, pero triunfo ideológicamente, lo que sucede en este mundo es un delirio de destrucción por eso hace un llamado a la capacidad de creación y de imaginación que permita el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo.