Por: Laura M. Perdomo
Mientras que algunas personas aún consideran el tema de la sexualidad como un tabú, otras lo constituyen en contenido de conversación abierta en cualquier ámbito social, ya sea académico o formal. Esto último fue lo que dejó ver el sexólogo argentino Ezequiel López Peralta durante su participación en la Semana de la Salud Mental, evento que se llevó a cabo del 23 al 27 de septiembre en la Universidad Surcolombiana.
Temas como el cuidado del cuerpo y los hábitos saludables; el erotismo, la satisfacción de pareja, las disfunciones y los repelentes sexuales; la responsabilidad frente a embarazos y enfermedades de transmisión sexual, entre otros, fueron los que se abordaron en la conferencia “Sexualidad Positiva: Camino al placer responsable”.
El sexólogo, autor del libro El erotismo Infinito, resaltó que “lo importante es que tengamos una visión positiva de la sexualidad. Eso no nos exonera del cuidado que debemos tener tanto de nosotros como del otro. A veces un pequeño descuido te puede cambiar la vida y de eso no nos damos cuenta hasta que pasa”. Suregión dialogó con él frente al tema.
Laura M (L.M): ¿Cuál es el rol de la sexualidad en las relaciones sociales cotidianas desde el ámbito emocional?

Ezequiel López (E.L): La sexualidad es fuente de placer. Una persona que se siente sexualmente bien va a tener mejor disposición para vincularse con los otros no solo sexualmente sino en relaciones amistosas, laborales y demás. También pasa lo contrario, las personas que poseen disfunciones sexuales tendrán serias relaciones con los otros. La sexualidad en el sentido positivo como en el sentido problemático tiene un impacto directo en las emociones y en las relaciones claramente. Una sexualidad satisfactoria genera emociones positivas, básicamente placer, buen sentido del humor, felicidad. Y una sexualidad complicada genera angustia, temor, indisposición, tristeza, entre muchas otras cosas negativas.
L.M: ¿Cómo cree que ha influido la sexualidad en procesos sociales más amplios? Por ejemplo, en el contexto colombiano donde el conflicto es latente, y además hay un proceso de paz en curso…
E.L: La sociedad colombiana es muy sexualizada. A pesar de ser un país que ha estado en guerra mucho tiempo el colombiano ha logrado ser feliz y eso es una cosa que de alguna manera yo rescato positivamente. En Estados Unidos, por ejemplo, después de los sucesos del 11 de septiembre hubo un baby boom. Cuando estamos cerca de situaciones ligadas con la muerte nos tendemos a reproducir más como un instinto de perpetuar la especie ante la inminencia de la muerte; eso es una característica natural del ser humano. Entonces yo siento que acá ha pasado eso. En un país complicado, probablemente el más complicado en Sudamérica en el sentido de la guerra y el conflicto durante décadas y décadas, la gente ha logrado ser sexualmente activa, no sé si bien o mal, aquí no te hablo de placer ni de técnicas.
L.M: ¿Cree que la educación sexual ha logrado despejar el concepto de sexualidad como un tabú?
E.L: La educación sexual, por lo menos en la formal, ha logrado que algunos tabúes específicamente vinculados con la prevención de embarazos no deseados se estén despejando. Hay personas que han pensado durante mucho tiempo que en una primera relación sexual la mujer queda embarazada. Eso es falso. Lo que la educación sexual ha permitido es despejar ese tipo de errores conceptuales. Fuera de ese ejemplo hay más errores y mitos que faltan por despejar y que la educación sexual, como se propone un tema de prevención desde el punto de vista de las enfermedades, no ha trabajado. Yo creo que hay muchos temas que a la gente joven le importa y que desde los espacios formales no se abordan y pienso que ahí está el próximo desafío, llegar a esos temas.
L.M: Desde su experiencia como sexólogo, ¿De qué forma es posible abordar la sexualidad en sociedades interculturales sin que esto implique vulnerar posiciones o puntos de vista al respecto?
E.L: Hay un derecho sexual que tiene que ver con el respeto a la diversidad, no solamente a nivel de orientación, es decir la persona que es bisexual, heterosexual u homosexual, sino también con el aspecto cultural y esto lo tenemos muy bien trabajado los terapeutas. A veces llegan pacientes de otras culturas o religiones y eso se contrapone con algunas intervenciones que se hacen, pero finalmente tienes que respetarlo. Acá en Colombia, por ejemplo, hay más interculturalidad que en Argentina. Argentina es un país más homogéneo y no tenemos ese tipo de dificultades. Pero acá puedes encontrar desde un indígena y un afro, hasta un árabe y un europeo; una diversidad cultural muy grande. La verdad es difícil ser equilibrado con eso. Los modelos educativos no tienen contemplada esa diversidad pues hay un marco general para el latino promedio, pero ante ciertas situaciones puntuales que surjan hay que respetar esa diversidad en la medida que esa diversidad no implique que las costumbres de otra persona esté vulnerando las de otras.
L.M: A partir de sus contribuciones al tema de la sexualidad en Colombia, ¿Qué opinión le deja el tratamiento que se está dando a la educación sexual en nuestro país?
E.L: Siento que hay muchos organismos específicos que están trabajando frente a eso, desde los gobiernos nacional, departamental y alcaldías. Yo he colaborado en algunos proyectos y veo que realmente se están intentando cosas. Bueno, se puede ver que las cifras no cambian. Colombia es un país particularmente complicado en el tema de las infecciones de transmisión sexual; el VIH (Virus de inmunodeficiencia humana) que no baja, el PVH (Virus del Papiloma Humano) que aumenta, la sífilis que está volviendo, es decir, hay una serie de cosas que están complicadas. Los programas de educación sexual parten del punto de que se da información, pero en realidad la cuestión no es de información sino de cambio. Le puedes dar un folleto a alguien explicándole cómo se tiene que cuidar y eso no le va a cambiar la mentalidad, por eso creo que hay que trabajar de un modo más profundo, con otro tipo de estrategias.
Finalmente el sexólogo argentino puntualizó que “es necesario saber que podemos disfrutar del sexo de manera responsable, porque la responsabilidad no nos quita placer, y menos que es un concepto aburrido, al contrario, aumenta el placer porque te permite estar más relajado y consciente de que todo está bien y que con seguridad nada te va a pasar”.