Como consecuencia de estos comportamientos de la temperatura del agua se sentirán efectos a mediano y corto plazo, entre ellos, el aumento de la temperatura de la tierra y el espacio en los municipios aledaños al embalse del Quimbo y en los ecosistemas terrestres del volcán nevado del Huila, el volcán nevado del Puracé, el volcán nevado del Tolima y del Ruiz, que lamentablemente son irreversibles sobre el medio ambiente y su economía.
Hoy, el Huila continúa experimentando efectos nocivos generados por la construcción de la represa de Betania (30 de junio de 1985). Las avalanchas del Paez (junio de 1994) y que cobró la vida de casi 400 víctimas y el 13 de noviembre de 1985 una avalancha del río Lagunilla producida por descongelamiento de grandes bloques de hielo del volcán nevado del Ruiz sepulta a Armero dejando veintidos mil muertos y múltiples emergencias ambientales, sanitarias y económicas, no sólo en el Huila, sino en otros departamentos de Colombia.
Es en este punto, es cuando debemos hacernos una pregunta clave, ¿por qué en otros departamentos como Antioquia con diez represas no ocurre lo mismo? La respuesta, es que el calentamiento del manto terrestre solo ha afectado a los municipios aledaños en Antioquia y no se encuentran ecosistemas de la magnitud de los del departamento del Huila.
Ya en el Huila tenemos la primera avalancha económica, la cual no ha sido muy imperceptible entre los colombianos y parece preocuparnos poco, pues como reza el adagio popular “cada uno quiere llevar el agua su molino y dejar seco el del vecino”. Ante este egoísmo colectivo es bueno recordar queridos lectores que la frontera agrícola se contrajo en 20.000 toneladas de comida anuales, que se afectan los mercados verdes por la disminución en la producción de oxigeno. Estas pérdidas no han sido evaluadas con detenimiento para la formulación de proyectos y su reposición.
Para los neivanos uno de los efectos directos se refleja en el IPC (índice de precio del consumidor) y en la producción, pues pasó de ser un departamento productor (despensa agrícola de Colombia) y se convirtió en importador agrícola y de bienes de primera necesidad de otras regiones de Colombia, lo cual refleja que el IPC de Neiva es uno de los más altos de Colombia. El precio de los servicios públicos también va en ascenso por el efecto invernadero.
La construcción de infraestructuras hidroeléctricas en el departamento del Huila, aumentan los costos sociales, económicos y ambientales, es decir, que es un mal negocio, que despoja a la región surcolombiana de sus recursos y arriesga la seguridad de sus habitantes. Un gobierno honesto con su pueblo debe evaluar todas las amenazas antes de extender la mano para recibir miles de millones que jamás repararán la vida de los ecosistemas. El proyecto el Quimbo nos está alejando de la visión Huila 2030 que propone “El departamento del Huila se convertirá en un modelo de sostenibilidad ambiental, tanto a nivel nacional como internacional, con un crecimiento económico en armonía con el mantenimiento y conservación de los bienes y servicios ambientales y el incremento de la calidad de vida de la población, y donde se contribuya al mejoramiento del medio ambiente mundial”.