Por: Adriana Ortiz Fernández
Universidad Surcolombiana – Neiva
Son más de 50 años de violencia Colombiana, y todavía hoy guardamos el optimismo de que este conflicto llegué de algún modo a su final, y aunque como dice la frase “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, la historia se convirtió para el país en algo del antaño que parecía no tener relevancia en el presente, pero ella misma nos está dando una lección que no debemos olvidar, que para poder avanzar hacia eso que todos llaman “modernidad” asociada al “desarrollo” habría que analizar la concepción que se tiene de esta en lo económico, social, político y cultural del país, debemos recurrir al pasado, un claro ejemplo de esto es el diálogo en el proceso de paz que comenzó el 15 de noviembre del año pasado entre las Farc y Gobierno.
Lo más seguro es que para que estas condiciones se dieran ambos actores tanto Gobierno y fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), tuvieron que recorrer a través de la historia los intentos de acercamientos que han tenido los diferentes gobiernos desde el 81 en el Gobierno de Julio Cesar Turbay que no tuvo frutos, al igual de otros que no florecieron; el último de que se tiene más conocimiento es el de Pastrana hace 13 años con la llamada zona de distención que resultó ser un fracaso. Todos estos hechos y errores del pasado han servido para que Colombia entera trascienda y construya este urgente camino hacia la paz, que no solo le corresponde a los dialogantes en la isla cubana, sino a todos los que hemos vivido este conflicto manifestado de muchas formas. Hace seis meses arrancaron estas conversaciones con un acuerdo general para el fin del conflicto que establecía cinco puntos claves de socialización.
La diferencia que existe entre los diálogos de paz del Caguán con los que se adelanta en la Habana, es que ya no son 12 puntos como se pretendía en esa época sino 5 muchos más concretos: “desarrollo agrario”, “participación política”, “fin del conflicto”, “el narcotráfico” y “victimas y verdad”. El pasado 26 de mayo salió el comunicado de la mesa en la Habana sobre el acuerdo del primer punto que es el tema agrario, algunos aspectos como: “Acceso y uso de la tierra. Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola y protección de zonas de reserva”, entre muchos más que se resaltan en el comunicado; es de valorar el gran paso que se está dando en más de medio siglo de conflicto en nuestro país, pero ese paso no se queda ahí en el papel desde la Habana y en el Gobierno sino que involucra al resto del pueblo colombiano. (Vea acá: comunicado).
En el comunicado que se dio a conocer, los delegados del Gobierno y las Farc destacan el papel participativo que han tenido en los seis meses que lleva el proceso organizaciones sociales, la ONU, La Universidad Nacional, los foros en Bogotá, las comisiones regionales etc. Pero en mi opinión personal será que las Universidades si están liderando y participando activamente sobre los temas que se debaten en la isla, en especial el desarrollo agrario. Es clave que nos interroguemos si los que padecen de forma latente día a día la lucha armada, los que labran el campo, los que alimentan al país y que paradójicamente son los que carecen de alimentos, vivienda digna, salud, y educación etc., si ellos, los campesinos saben y son conscientes de los acuerdos a los que se han llegado, pues como protagonistas de este primer punto, deben escucharse sus ideas, sus posiciones, no desde las organizaciones que los representan sino desde sus intimas inquietudes.
Me llamó la atención que en el marco de Décina Muestra Audiovisual Mirada de Gato que se realizó del 27 al 31 de mayo en el auditorio de la Universidad Surcolombiana, se transmitió desde la Habana una videoconferencia con delegados de las FARC, en la cual se habló de los avances de las conversaciones y acerca de este primer punto acordado, nos explicaron que no se tocó a fondo los macroproyectos minero energéticos y el tema educativo para este punto esencial que es la política de desarrollo agrario. Pero no se puede aislar el desarrollo rural de la educación, pues es esta la que permite que el campo progrese y plantee cómo se debe convivir armónicamente con las locomotoras mineras que está implementando el estado, cada punto de la agenda propuesta tiene que abarcarse de manera íntegra, no aislada ni improvisada. “es necesario sembrar paz para que la paz florezca” resalta William Ospina en su artículo "Oración por la Paz" (ver enlace), así que cada ser humano tiene a tarea de sembrar esa paz desde sus hogares, desde los colegios y universidades, desde la zona rural, dentro de las relaciones de convivencia y solidaridad con los demás, en una real participación de todos en ese arduo camino hacia un país armónico.