A quién no le han pedido dinero para un pan o una café con expresiones como: “no he comido nada desde ayer regáleme 100 pesos”. En ocasiones por el mismo estado físico de las personas, los transeuntes acceden a dar dinero o comprarle algo de comida apelando a su humanidad.

La exclusión social, soledad, pobreza, rechazo o enfermedad (en algunos casos), son situaciones que el habitante de calle aprovecha para manipular con un interés a las personas que aborda. Pero ¿es adecuada la actuación de las personas que acceden a las peticiones de estas comunidades?

Catherine Valdez Polo, coordinadora del Programa Casa de Apoyo al Habitante de Calle, considera que “dar donaciones no es malo, promover la mendicidad sí”. Cree que con cada moneda no se ayuda realmente a los habitantes de la calle, por el contrario se incentiva a continuar en esta situación.

Precisamente, desde la Casa de apoyo coordina un proyecto de sensibilización de los neivanos en contra de la promoción de la mendicidad. “Cuando a un habitante de calle una vecina le da el desayuno, el almuerzo lo obtiene de un restaurante y la cena se la lleva tal señora, se acostumbra a no ganar las cosas con su esfuerzo y en la mayoría de las ocasiones se dedica a pedir dinero para consumir de drogas”.

El Programa Casa de Apoyo al Habitante de Calle está abierto para adultos (entre los 18 a 59 años) desde la Secretaria de Proyección Social, y ofrece servicio de internamiento a las personas que quieran “resocializarse”

La sensibilización desde el programa es realizada desde la orientación psicológica a la comunidad neivana, para explicar el daño que se hace a una persona al facilitarle una “limosna”; indicaciones sobre cuales son las mejores ayudas que puede recibir una persona de la calle e incluye el testimonio de una persona que habitó la calle y actualmente se encuentra recibiendo ayuda.

El habitante de calle al ingresar a la Casa de manera voluntaria, es puesto en una “Ruta de atención”. Se le prestan servicios básicos, como ducha, ropa, un espacio para dormir, alimentación y guía psicológica; además es afiliado al régimen subsidiado de salud y obtiene la carta de indigencia.

Pero el proceso no termina ahí, también se les hace acompañamiento a las personas que logran culminar el proceso en el Programa y toman las riendas de sus vidas. Con el fin de no dejarlas solas en condiciones de vulnerabilidad.

El caso de Rubén Córdova Campos es significativo. Luego de ocho años de alejarse de la calle, actualmente con disciplina es educador y guía del programa. A continuación nos cuenta su historia:

 

Según cifras oficiales, Neiva tiene alrededor de 373 habitantes de calle distribuido en las diferentes comunas, y la Casa de Apoyo tan solo 36 cupos, lo que demuestra una gran limitación frente a la dinámica de crecimiento de la mendicidad en la ciudad. Una dinámica que tiene que ver mucho con la consciencia de la ciudadanía y su actuación para con esta comunidad. Rubén Córdova desde su experiencia y ahora como guía del programa en Neiva da cuenta de ello:

 

La Ley 1641 de 2013 establecen los lineamientos para la política pública social del habitante de calle. Un sistema de atención que busca garantizar, promocionar, proteger y restablecer los derechos de estas personas, con el propósito de lograr su atención integral, rehabilitación e inclusión social. 

 

Nota: si el lector quiere hacer donaciones puede drigirse al Programa directamente, ubicado en la Carrera 1G Número 8-62 en Neiva

 

Fotografía principal: ecolucionamalaga.com