Por: Juan Gonzalo Betancur

 

A los 14 años se embarcó como polizón en un vapor de los que subían y bajaban por el río Magdalena. Fue descubierto y cuando lo iban a bajar, un ciudadano británico que vestía un traje blanco dijo que él se encargaba del muchacho. Lo llevó a Inglaterra, lo hizo su hijo y le enseñó los secretos de la magia ilusionista.

Después se 15 años de recorrer el mundo con su padre adoptivo y de tener su propio espectáculo cuya parafernalia ocupaba tres vagones de tren, volvió a su pueblo, se enamoró de Beatriz Andrade -con quien se fugó en otro barco- y tuvo a su hija Patricia.

Carlos Lember murió a finales de los años 60 siendo secretario de la asociación mundial de magos y dejó una esfera de cristal por la que, dijo antes de morir, iría alguien con una clave secreta.

Lember mago Ambalema

Uno de los baúles en los que el mago transportaba sus pertenencias

 

Dos años después de fallecido, una noche apareció de repente dentro de su casa en Ambalema un hombre de frac y capa blancos. Dijo la clave secreta y desapareció en el patio después de un fuerte ruido. La esposa de Lember quedó muda tres días.

Delante de mí, Beatriz le dijo a su hija Patricia que jamás le revelaría a nadie, ni siquiera a ella, esas palabras secretas que tiene escritas dentro de un sobre.

La historia tiene muchos detalles bonitos, da cuenta cómo era la vida en el río a mitad del siglo XX, y me la contaron estas mujeres en su casa durante una hora. Además, me mostraron y me dejaron fotografiar algunas cosas que pertenecieron al mago Lember como una Vitrola de 1900 de manivela que aún suena, un piano y los cajones de madera muy prácticos y finos en los que se llevaba la ropa antes.

Sí ven, valió la pena la quedada en Ambalema después de la mordida del canino aquel. (Ver: El ataque de un perro grande).

Mago Lember Ambalema

Detalle del parque principal del municipio de Ambalema

Vía: bajandoelmagdalena.com