Alrededor de este tema los términos, conceptos y teorías afloran en demasía. Una pregunta común es, si la firma de un acuerdo nos concede la paz absoluta. Pero ¿qué es la Paz?, se preguntarían muchos. Por otro lado, entonces ¿qué subyace detrás de la firma de un acuerdo? ¿Quiénes realmente la hacen y cómo se consigue desde el plano de la convivencia social?

A estas preguntas y otras estuvo sujeta la ponencia del abogado y académico huilense Sneider Rivera durante el III Seminario Internacional “Justicia, Postconflicto, Reintegración y Experiencias de Paz, una mirada desde el Sur”, organizado por la Universidad Surcolombiana de Neiva.  Rivera desarrolló su tesis doctoral a partir de los procesos de Paz en Centroamérica y fue éste el punto sobre el cual disertó a su paso por Neiva. Además, planteó sus postulados para alcanzarla de forma llevadera en el plano de la convivencia social, un aspecto muy discutido, el cual se teje en otros espacios fuera de los diálogos que hace dos años cursan formalmente en La Habana, Cuba.

Lo que dejó Centroamérica en términos de Procesos de Paz

Según el académico, la experiencia centroamericana tiene múltiples similitudes frente al caso de Colombia. Por un lado, el paso de la violencia política a la violencia social se ve en ambos contextos; la verdad, reparación y justicia no son aspectos bien logrados y por consiguiente han desatado fenómenos de impunidad en el país; el reconocimiento a las víctimas es una cuenta todavía pendiente desde el ámbito estatal; la democracia, el pluralismo político y la transparencia electoral, siendo conquistas de la sociedad, no se han canalizado en mejores niveles de participación, lo cual se traduce en indiferencias y apatías generalizadas junto al bajo interés de la ciudadanía hacia los partidos políticos.

Pero más allá de estos puntos neurálgicos que arroja un plano comparativo entre Centroamérica y Colombia, surge la pregunta acerca de cómo la experiencia centroamericana aporta e indica cuáles son los límites en un proceso de Paz y qué es lo más propio y viable para sí mismo, concretamente para el caso de Colombia. “La experiencia también nos indica más allá de eso, lo que realmente hace falta para construir la Paz en una sociedad”, indicó el académico.

Desafíos de la sociedad colombiana para la Paz desde la convivencia social

Para Rivera, hay dos formas de construir la realidad social: una dedicada a gestionar problemas sociales como delincuencia, discriminación, desempleo y pobreza, partiendo de una explicación causal de los mismos. Otra, a gestionar riesgos sociales, es decir, a estudiar la interacción de los seres humanos en sociedad.

No obstante, frente a la primera forma, “lo grave de esto es que profesionaliza la respuesta a la gestión de los problemas sociales y la convierte en un instrumento de crecimiento económico”, sostiene el académico.

El primer desafío, entonces, radica en evitar que la Paz siga siendo entre políticos de profesión porque “cuando la lucha contra los problemas sociales se convierte en una profesión o en una herramienta de crecimiento personal y económico, a nadie le interesará que los problemas sociales se acaben”, indicó el abogado. Enérgico, fue enfático en rechazar algunos programas y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, en su idea de gestionar dichos problemas.

El segundo desafío que llevaría a la Paz desde el plano de la convivencia social tiene que ver con la atención sobre la figura de la familia. Aunque es un postulado, resulta siendo viable en la medida de trabajar de otra manera los derechos humanos, pues se empieza a constituir un acuerdo social y económico para la protección de la familia y su aseguramiento en la sociedad. Mientras en Suecia se invierte un porcentaje de 3,2 de los ingresos de la nación a dicho aseguramiento, en Colombia el 0,4.

“El costo de esta intervención resultaría más económico de lo que se puede gastar en la guerra y el aparato judicial, el cual requiere cada día más dinero para su sostenimiento, inversión que sólo sirve para mejorar el salario de quienes gestionan la violencia y los problemas sociales”, recalcó Rivera. De esta manera, la familia se convierte en una alternativa al esquema dialogo-guerra. “Si la Paz no está dentro de los proyectos de vida de las familias, no puede ser posible”, subrayó.

Finalmente, el tercer desafío es concebido desde el plano de la institucionalidad. “Cuando se protege la familia se rompe con las instancias de intermediación y los recursos llegan al destinatario final. Hay que poner límites a las instancias de intermediación”, expresó el académico.

Pero ¿cómo se viabilizan estos tres desafíos? ¿Cómo hacerlos posibles? Para Rivera, la consolidación de un movimiento generoso capaz de desprenderse del uso del poder de los políticos para devolverlo a los ciudadanos, resulta siendo la posibilidad más factible para emprender dichos desafíos.

En síntesis, la familia se convierte en una prioridad pública. Se transforma desde ella y se dimensiona como la posibilidad de alcanzar la paz partiendo de la visión del ciudadano en torno a su proyecto de vida. "La familia se constituye en el sustrato fundamental de la paz social y la convivencia", concluyó Rivera. 

Fotografía:  El garzoneño