Las constantes y los cambios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía: UN Noticias

El historiador de la Universidad Nacional de Colombia, Medófilo Medina, considera que la cultura política ha sufrido unas constantes y unos cambios. Dentro de las constantes está la larga tradición electoral desde hace más de dos siglos, que ha coexistido con los diferentes fenómenos de violencia: desde la bipartidista entre 1945 -1964, hasta el conflicto armado actual.

Solamente en el siglo XX con el periodo dictatorial del General Gustavo Rojas Pinilla se generó una pausa en la participación en elecciones.

Los cambios, según el profesor Medina, se han evidenciado en la forma como la tradición política electoral ha creciendo soportando y reproduciendo todas las patologías electorales.

“El clientelismo antes del Frente Nacional descansaba sobre las relaciones agrarias, las relaciones que tenían preferencia a la hacienda. Generalmente los terratenientes, latifundistas y ganaderos estuvieron y están representados en los cuerpos colegiales”, enuncia el historiador de la Nacional.

Lo que demuestra que aunque el clientelismo ha sido una constante se ha ido alimentando, desde el Frente Nacional con los recursos del Estado, que eran dominados en las regiones por “barones electorales”.

“En todos los departamentos de Colombia se consolidaron esas maquinarias clientelistas. En el Huila pueden recordar a Jaime Ucrós García por el lado del Partido Liberal, por el lado del partido Conservador el cacique muy poderoso, Felio Andrade, que ya era hijo de un político laureanista famoso”.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Fernando Pacheco Gutiérrez, Jefe de Programa de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana, considera que después del Frente Nacional en el país quedó una cultura política de influencias, en algunas regiones más que otras, en el Huila especialmente alta. Donde influye no el color, ni la ideología partidista, sino la vinculación contractual – laboral con determinado candidato. Lo que desideologiza la discusión política y acaba con la visión partidista.

“En una corporación como el Consejo de Estado ya hay puestos para conservador, para liberales y demás. Se solucionó el tema de la ambición burocrática, pero se perdió la credibilidad que tenían las culturas votantes en el partido”, Señala el Profesor Luis Fernando Pacheco.

Añade el Historiador Medófilo Medina, que además, el clientelismo pasó a estar en función con los dineros de la mafia y sedimentado por la parapolítica, que en 25 años ha ascendido personal simpatizante a la escena política.
 

El panorama inmediato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Jairo González, investigador de Centro de Estudios Regionales (CERSUR) manifiesta que la actual coyuntura electoral responde a un proceso de transición política en Colombia, toda vez que las condiciones de participación pueden cambiar ante un eventual pacto para fin al conflicto político militar.

“En el país hay tres bloques fuertes que polarizan las posturas políticas: por un lado está el bloque de derecha, que rechaza la negociación, el de centro derecha liderado por el presidente Santos, que estaría a favor de una reorganización a partir de una relación gana a gana con los grupos alzados en armas. Por último, está el grupo de centro izquierda, defensor de amplias reformas luego de la Habana”, indicó el investigador.

Lo paradójico para el académico, es que el debate que se evidencia en el plano nacional, no se incluye en regiones como el Huila. En este departamento las discusiones de la paz no pasan por la contienda electoral, más allá de un par de eslogan de campañas de algunos candidatos al parlamento.

“Lo que se observa hoy son unos grupos en campaña que pretenden captar en sus redes el mayor número de votos, sin construir una agenda dialógica, amplía e incluyente de cara al país; y lo que es peor, a través de culturas políticas basadas en las clientelas políticas, dádivas y prácticas malsanas para la democracia”, asegura José Jairo Gonzáles.

Además González agrega, cree que el sistema electoral colombiano es vulnerable porque abre la puerta al clientelismo y la corrupción, razón por la cual se hace urgente transformar la institucionalidad que permita cambiar la cultura antidemocrática, y por ende, un cambio de conducta en los ejercicios electorales.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Aldemar Macías, sociólogo y profesor de la Universidad Surcolombiana, es claro que después de más de 20 años de la Constitución Política, haciendo un balance de elección popular de alcaldes, las estructuras del clientelismo siguen siendo muy poderosas, y las estructuras de las maquinarias siguen siendo muy importantes. Llevando a que se impongan candidaturas con mucha capacidad a nivel de presupuestos.

Lo que ha formado una clase política en la que el parlamentario no está enfocado pensando en las leyes, en el control político, sino reducido a ser un intermediario que “consigue” el recurso a los alcaldes, debido a la debilidad de la descentralización. “Por eso ellos están llegando ahora a los municipios a pedir la parte de ellos: yo como les ayude a usted con el tema de la escuela, la electrificación, el puente, entonces ahora yo vengo también por los votos. Ese es el clientelismo: yo le doy a usted pero recuerde que también voy a aspirar para que me devuelva el valor que le gestione”, agrega el sociólogo Aldemar Macías.

La población, en mayor medida con el rol de sufragante, por lo general vuelve y cae en las dinámicas de la política electoral porque aparecen candidatos con dinero. Mientras un reducido sector, que se manifiesta de manera apática al no confiar en la clase política, no acude a las urnas o se pronuncia con el voto en blanco.

Ante tal panorama, el Jefe del Programa de Ciencia Política de la USCO, cree que la cátedra de democracia que la constitución establece como obligatoria sigue siendo una tarea pendiente. Cuenta con avances pero no ha logrado una formación sobre todo en los jóvenes para que haya una mayor y verdadera participación desde este sector.

Al respecto de los partidos políticos, considera difícil que recuperen la credibilidad. Y en cambio reconoce que el reto está en generar una mayor disciplina para que los movimientos sociales se conviertan en algo permanente.

“Todo eso lo que nos pone de presente es la evolución de una cultura política no deseable: no son relaciones modernas, no son formas de comunicación política democrática. Entonces nuestro sistema democrático carga mucho de unas maneras muy anquilosadas, muy arcaicas, a la política”, sostienen finalmente, el historiador Medófilo Medina.