Por: Eliana Gómez Hurtado
Aquella tarde, estaba estremecida por el sol que salpicaba la ciudad.

Él, un niño de piel trigueña y de risas inocentes. Hace notar el gusto que le causa ser entrevistado. Vender galletas en los colectivos de transporte público es el recurso que tiene para sobrevivir.
“Joselito”, como es llamado por sus compañeros de trabajo, es un niño de 15 años. Convivió gran parte de su vida con su abuela porque cuando tenía escasos años de edad el compañero sentimental de su madre le pegaba con la cubierta de un machete. Esta situación lo llevó a trabajar desde que tenía cinco años.
Concentrado en la secuencia de sus palabras agrega que lleva once años laborando en las calles porque su abuela y hermano sufren del corazón. “Yo les colaboro mucho”, dice.
Hace quince meses huyo de la casa en vista de que sus tíos lo mandaban a hacer favores como ir a la tienda. Molesto por los inconvenientes, decidió partir de la persona que durante años le brindó amor, apoyo y comprensión.
En días donde las ventas son buenas hace aproximadamente 60 o 70 mil pesos. A veces 30 o 40 mil, dinero que destina para el pago del hotel, comida y ahorros.
Vivió un tiempo en la calle, para ahorrarse el gasto del hospedaje y poder cubrir unos exámenes a su hermano.
El chico que solo plasma sonrisas en su rostro, en un futuro desea irse para el Ejército Nacional. “Quiero ser soldado”. Ese es su propósito apenas sea mayor de edad.
“Joselito” es su nombre anónimo que usa para no revelar su identidad por inconvenientes que anteriormente tuvo con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Cuatro veces lo ha llevado ésta entidad por hechos delictivos. Espacio del que considera lo privan de la libertad.
De lunes a sábado, “Joselito” emprende una lucha para subsistir. Sus galletas, su único medio para afrontar las dificultades que agobian las calles y la vida cotidiana de la ciudad.
Lo único que pide es que el Gobierno les dé una autorización de trabajo a los menores de edad, ya que muchas veces la dificultad de no tener la edad suficiente impide laborar y mostrar sus productos. “Que nos dejen trabajar y no nos molesten más, porque más de uno se ha perdido así, porque no los dejan; se pierden en las drogas”, agrega.
Al respecto, Carlos Bolívar Bonilla, Psicólogo de la Universidad Surcolombiana analiza el caso y argumenta: (Escuchar audio)
La finalidad del código de la infancia y la adolescencia de la ley 1098 de 2006 concreta en su artículo n° 1 que “éste código tiene como objetivo garantizar a los niños, niñas y adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezca en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Prevalecerá el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna. (Ver enlace del documento)