"Hay que estar atentos para ver la vida"
Jesus Abad Colorado
Las sillas de la asamblea departamental eran ocupadas poco a poco, el sol afuera del auditorio recordaba que se estaba en Neiva, la ciudad sepia; algunos alistaban sus cámaras, otros preparaban pequeñas agendas para tomar apuntes, todos tenían en común la espera.
Al llegar el invitado esperado, el público cambió su postura, lo primero que hizo Jesús fue pedir a sus oyentes que se acercaran, con el pretexto de ver con cariño el rostro a quienes les hablaba. Compartió su tristeza por haber perdido su equipo fotográfico en la última charla que había realizado y sin más lamentos, con una sonrisa de quien sabe levantarse empezó a compartir su alma a través de fotografías. Jesús Abad Colorado es un reconocido fotógrafo, ha retratado los rostros de la guerra, el valor de las madres en medio del conflicto, los ojos de sorpresa inocentes de los niños frente a un combatiente y también capturado las sonrisas, los juegos y la esperanza de un país que duele pero que sigue soñando.
Jesús prefiere fotografiar los barrios populares, las calles de arena, las comunas y los suburbios llenos de historia, no sólo por la nobleza de quienes los habitan sino también porque para él es más fácil entrar a una comuna de Medellín que fotografiar un barrio privado “en los barrios pobres la gente te recibe, les das curiosidad, en los barrios ricos la gente te hecha la policía por estar sacando fotos, eso les parece sospechoso.” Y su compromiso es precisamente con todas las personas que se entregan a su lente, con la memoria de los pueblos y por ende con la justicia del país, es así como este hombre de apariencia cándida y gestos amables ha fotografiado con valentía hechos como la masacre de San José de Apartadó o la masacre del aro en 1997.
Cuando se le pregunta si él ha corrido inminente peligro al realizar su trabajo responde con evidente sinceridad que prefiere contar la historia de los demás que para él es más importante que la suya. Su obra demuestra la imparcialidad de un hombre que mira con amor una patria que se enfrenta a sí misma, un hombre que cuando obtura piensa siempre en el ser humano, que se indigna como todos ante los atropellos de la guerra pero que tiene la fuerza necesaria para no llenarse de odio, para tomar de nuevo su cámara y sensibilizar a las personas a través de las imágenes que capturan un instante de la vida de los muchos que viven en carne propia la violencia. Fotografías que hablan por sí solas, retratos de los rostros de la guerra, humanos con uniforme que intentan vestirse de piedra pero lloran, mujeres que resguardan a sus niños con sus propios cuerpos, campesinos que se sostienen con fuerza y valor estoico frente al cadáver de sus hermanos, pero también mariposas azules en el pecho de los combatientes, niños que juegan junto a los árboles, sonrisas veteranas, ojos despiertos de alguna niña indígena, manos protectoras de abuelos, ríos y selvas, todo esto entendido como la vida y capturada en milésimas de segundo por el lente de Jesús Abad, que se olvida de sí mismo para sentir a quienes fotografía, sin importar ideología, procedencia, partido o color de piel.
“ Lo mínimo que puedo hacer al fotografiar a un combatiente es devolverle la dignidad que la guerra le ha quitado”