
Por: Luis Montealegre
Bogotá D.C.
Luego de haber publicado estos dos cortos artículos* me han preguntado el por qué de la realización de estos, a lo que respondo que como ciudadano me preocupa el hecho de hablarse de la posibilidad de un acuerdo de paz para el conflicto y del post conflicto en un país tan conmocionado por su creciente inestabilidad económica y política en el que se sostienen de forma intacta los aparatos políticos y financieros del paramilitarismo, el narcotráfico y las viejas castas políticas que tanto envilecen nuestro país.
Sin embargo, en todo esto hay un hecho que me es muy preocupante y es como los mismo tres temas (el paramilitarismo, el narcotráfico y la viejas castas dominantes) han tomado fuerza y formado una unidad tan solida que han definido la gobernabilidad desde lo local hasta lo nacional, llegando a palpar con el mayor descaro y tranquilidad la silla presidencial en varias ocasiones, de forma continua, afectando la autonomía y gobernabilidad de las ramas del poder, me refiero en lo concreto al exdirector del DAS, al exministro de agricultura, a Samper, Uribe, congresistas como Cesar Pérez, Yidis Medina y más de 20 que son investigados y condenados por nexos con el narcotráfico y paramilitarismo.
Los colombianos no podemos seguir viendo estos tres fenómenos de manera separada; los medios de comunicación no los pueden seguir separando; los partidos políticos de posiciones diferentes a los tradicionales no pueden seguirle jugando a las clásicas estrategias para elecciones.
Si en realidad queremos hablar de un país después del conflicto (post conflicto) debemos enfrentar nuestros miedos y culpas como ciudadanos desde lo individual y como sociedad en lo colectivo, mis viejos llaman a eso tomar el toro por los cuernos, de otra manera el post conflicto no será más que una vana ilusión y la posible regresión a los 80 cuando el exterminio de la renaciente UP, y como no, si las Bandas Criminales (Bacrim) controlan parte del país en lo territorial, lo económico y lo político: con negocios, cargos públicos, manejo de recursos del erario, poder militar y territorial, con actividades similares a las ejercidas por los paramilitares.
Su presencia e influencia en el país es tan fuerte que el mismo General Naranjo en el 2012 diría que “La capacidad de reclutamiento de estas bandas criminales sigue siendo alta y no obstante que 13 mil capturas se han producido desde el 2006, no se ha logrado desarticular y desmantelar ese fenómeno”, luego del paro armado decretado por los “Urabeños” en municipios de 7 departamentos.
Pienso que son paramilitares con algunas modificaciones, ósea que estaríamos ante una nueva generación del paramilitarismo el cual hace más complejo el conocimiento de los reales propietarios y jefes superiores. ¿Cuándo dejaremos de conocer y contentarnos solo con los mandos medios de un fenómeno que continúa creciendo en lo largo y ancho del territorio?
A los colombianos nos han metido en el imaginario que los narcotraficantes más grandes hoy se encuentran muertos y otros en la cárcel, como es el caso de Pablo Escobar, Carlos Lehder, Los Orejuela y Gonzalo Rodríguez Gacha; desde entonces nos contentan con la represión policiva a los mandos medios y ya casi nadie habla de los grandes dueños del negocio que quizás hace rato superaron las riquezas y ambiciones políticas de un Escobar.
Esto se evidencia en lo ocurrido durante los gobiernos posteriores a la muerte de “el capo”, como los escándalos ocurridos en la época de Samper (proceso ocho mil) y Uribe (captura del director de DAS, del jefe de seguridad presidencial, la entrada a la Casa de Nariño de narcos, captura de congresistas pertenecientes a los partidos oficialistas, entre otros hechos) donde hay más casos que debemos tener en cuenta, pero sin embargo considero que lo más importante es tratar de resolver preguntas como: ¿Para quién trabajaban, a quién servían y han servido los políticos y militares implicados en escándalos de narcotráfico y paramilitarismo durante los últimos 15 años? ¿Desde dónde operan los dueños reales del negocio? ¿Quiénes son? ¿Quién o quienes los protegen?
¿Cómo hablar de un post conflicto con un panorama en el cual no hay un control por parte del Estado sobre las fuerzas militares, la inversión social en el campo y las ciudades para modificar la crisis actual; los paras y el narcotráfico que controlan territorial, político y económicamente los puntos claves del desarrollo del país; la educación como derecho para todos y no el desarrollo de unos pocos; los políticos corruptos y títeres que no conocen el país que intentan gobernar; la explotación de los recursos naturales; la situación de los campesinos e indígenas; el respeto por la diferencia política, la constitución modificada a comodidad de quienes gobiernan?
¿Queremos hablar de un post conflicto? acabemos con los sultanatos políticos; bajemos el gran telón de mentiras, enfrentemos nuestros miedos, cambiemos las formas de pensarnos y ver el progreso del país, no permitamos que políticos como Uribe y sus amigos tengan más acceso al poder, cerrémosle el paso a las multinacionales, hagamos de la educación una fortaleza, que se desintoxiquen las ciudades de pobreza y sobre población, que se incremente la producción agrícola, que seamos potencia en producción de cultura, pensamiento y productos. Creo que ya es hora de tomar el toro por los cuernos y cambiar nuestro país.
*Artículos relacionados: I ¿Por qué hablar de las BACRIM?