Una trayectoria que se gesto en el Huila
“Les agradezco que estén acá apoyando esta idea que trata de fomentar el interés por el cine y la realización aquí en el departamento”, fueron las palabras del Director de la muestra audiovisual de realizadores huilense, Alexander García.
Si hay algo que caracteriza a estos directores es el hecho de haber escogido el territorio huilense como escenario para rodar y vivir sus primeras y más significativas historias.
“Yo me inicie en el teatro, estudie cine en Moscú y me toco hacer televisión. Tengo una frase de combate: el teatro es el amor, el cine la pasión y la televisión el sustento. Afortunadamente con mucha lucha, en televisión he logrado hacer cosas importantes: Vuelo secreto, El hijo de Nadia, Betty la fea, Los reyes, Chepe fortuna y otras que hay por ahí” contó Mario Rivero. Para él ha sido una lucha muy fuerte, ha vivido momentos de duda, ante lo que conlleva dedicarse a lo que realmente le gusta. Es por eso que “El embajador de la india”, es una cosa de principios, para Rivero, una cosa que se puede desentrañar ahí y donde considera que ha sido fiel a sus principios. “Me siento satisfecho desafortunadamente he sido un poco perezoso y no he logrado muchas otras cosas que tengo en mente, después de 25 años el año pasado logre hacer mi segunda película que se llamo mamá tomate la sopa, no con guion mío”.
Julio Luzardo, con casi 50 años en el cine colombiano, aprecia visitar el Huila, “Estoy muy honrado de estar acá (…) para mi estar en el Huila es el mejor honor que me pueden hacer en la vida, siempre me he sentido muy agradado acá, pude hacer las películas significativas de mi carrera y se lo debo todo a ustedes, sin ese calor humano, sin ese honor de gente nunca hubiera podido hacer nada (…) yo las hice con esfuerzo netamente propio, entonces aprecio más la colaboración que se me presto, acá entonces siempre se que están las puertas abiertas”.
Luzardo estudió en la ciudad de california, y su primer trabajo fue en el Huila donde rodó su cortometraje, “tiempo de sequia”, escogió, para ese entonces, un lugar en el valle de las tristezas, Desierto de la Tatacoa, donde encontró el sitio perfecto para lo que quería, “Se nos colaboro mucho por parte de la gente de la región. Y fue mucho más fácil cuando vine a rodar el río de las tumbas, quería algo muy parecido a lo que había encontrado la otra vez y afortunadamente pude encontrar el pueblo de Villavieja y frente el río Magdalena”. Todo estaba localizado como Luzardo lo tenia pensado, el sabe que ningún director de arte hubiera logrado, lo que encontró aquí en le Huila.
Interpelar sobre las bases que estos dos maestros tienen en sus trayectorias, es una pregunta bastante extensa, aun así es un relato que ellos estuvieron dispuestos a ofrecer.
Para Julio Luzardo no hay una sola técnica, pero si es importante tener una base muy fuerte en lo que es el teatro, “yo toda la vida he tratado de hacer teatro porque es la forma de relacionarse con los actores”, entonces el proceso es una combinación del teatro y el cine, además de tener conocimientos técnicos, “saber de cámara, yo he sido camarógrafo, director de fotografía y editor. Muchas veces cuando escojo una secuencia o la hago de cierta forma, la hago pensando en como la voy a editar”. A la hora de escoger los personajes, es cuestión de ver y sentir cuales son perfectos,” muchas veces puede que no sean los primeros que uno ve, o puede haber muchos actores, pero uno tiene un sentido interno de que tal actor es perfecto para un personaje, puede que se demore uno encontrándolo”. Luzardo, en el caso del río de las tumbas, contó como escoger el actor, fue muy difícil, “hoy en día parece un chiste, conseguir la actriz principal, casi no la consigo y fue una persona que no había actuado antes, porque ni conseguía en esa época una actriz que viajara a un pueblito por un mes, con equipo de básicamente hombres. Hoy en día hay actrices por todos lados, todas las reinas de belleza quieren ser actrices”. Aunque utilizó una actriz natural, generalmente prefiere actores profesionales, “uno esta haciendo un trabajo profesional, uno debe utilizar un actor profesional (…) ellos son los mejores para representar un papel, un actor natural es un caso muy extremo” concluye Julio Luzardo.
Mario Rivero, al referirse al tema de la actuación consideró vital hacer mención a stanislavsky, porque ya se para seguirlo o para contradecirlo, es un referente en la materia, “la historia de la actuación se divide en dos antes o después de stanislavsky. El definía la actuación como el arte de sentir y expresar, también Brecht, que fue su gran contradictor, decía que la actuación era el arte de pensar y expresar, que si el actor sentía, estaba siendo victima de sus propios sentimientos y de ahí siendo victima de una sociedad que lo manipulaba. Además, que debía poner a pensar al público y no a sentir”. Stanislavsky, reconoce Rivero, no trabajo las cosas audiovisuales, siempre trabajo en el teatro, “Es mas fácil que un actor de teatro, superando todos los problemas de técnica, haga buen cine y televisión que un actor de televisión pueda llegar hacer buen teatro”. La escogencia del actor Hugo Gómez para “El embajador”, se dio después de que Mario conoció personalmente a Hugo Gómez mientras realizaba un personaje en la obra de Pepe Sánchez, “El chinche”, “físicamente me parecía muy acertado. Le dije al productor que lo llamara que lo quería conocer personalmente. Lo vi a través de los vidrios cuando venia a la oficina y dije este es, le dije al productor, si usted arregla con él económicamente yo creo que el es. Afortunadamente estuve en lo cierto, Hugo es una persona muy disciplinada y estudioso y logramos hacer una cosa muy maravillosa”.
Maharaj Rahama Machaka, embajador de la India en Colombia
La historia de “El embajador de la India” se vivió en el Huila en los años 60 y luego en 1986 fue recreada por Mario Rivero en una película que se volvió leyenda. “Esto empezó porque él venia en el tren fumando unos cigarrillos, que eran muy olorosos, de marca Mapleton y dos vendedores de iCasa, que están en la historia, sintieron el olor y le preguntaron qué cigarrillo fumaba, él les respondió con acento, le dio por hacerlo así; ellos le dijeron que si era extranjero, él les dijo que si, que era de la india, aunque nunca dijo que era el embajador de la india, eso se lo inventaron ellos. Ya cuando llegaron acá (Neiva), fueron a visitar a don Álvaro Días, que tenia distribución de iCasa en ese tiempo y entonces le dijeron de entrada, llego el Embajador de la India, y de una vez a la brava lo llevaron al hotel. El solamente les quería hacer una pasada (…) y de ahí empezó esta historia”, relató Mario Rivero, director de la película.
“El embajador de la India”, la película
La idea de contar esta historia se venia gestando en la mente de Mario desde que hacia tercer año de bachillerato en el colegio Santander de Bucaramanga, cuando recuerda haber visto la fotografía del supuesto embajador tomada en Neiva, en las paginas de uno de los periódicos nacionales. En ese entonces supo que se llamaba Jaime Torres y que era de Yaguará. Le impresionó mucho la historia, en ese tiempo que se iniciaba en el teatro, pero hasta ahí llegaban sus posibilidades. Años después Tras conocer la obra de Nicolai Gogol (escritor ruso del siglo XX), El inspector, publicada en 1836, en la cual se narra lo sucedido a Aleksandr Pushkin, poeta ruso de ascendencia africana, en uno de sus destierros; “él fue desterrado tres veces por el zar y entonces viajaba siempre a los destierros desde san Petersburgo a Siberia, en uno de sus traslados a su destierro, como iba tan bien vestido, lo confundieron con un inspector zarista, que era una figura muy temida en la época (…) y entonces lo atendieron supremamente bien, le pasaron cantidad de cosas y cuando Pushskin regresó del destierro busco a Gogol, ya que eran muy amigos, le dijo me sucedió esto, no puedo hacer nada con eso, pero tú podrías escribir una muy buena historia y entonces Gogol escribió “El inspector”, que es una comedia bellísima”, narró Rivero, además de resaltar el encabezado de aquella obra lleva: “De quien nos reímos, de nosotros nos reímos”.
Sin duda alguna la experiencia con la obra de Gogol, le llamo terriblemente la atención sobre todo por la similitud existente, en el tiempo y el espacio, y le llevó a afianzar ese fondo universal que tenia la historia del embajador de la India. Además para Mario Rivero la película fue una declaración de principios, “yo estudie cine en Moscú, me movía mucho por Europa y atravesando fronteras viendo el maltrato hacia el ser colombiano, fue que decidí escribir la película; porque dije: nos maltratan por fuera de Colombia, pero dentro de Colombia nosotros nos maltratamos más y simplemente porque no creemos en lo nuestro, despreciamos la maravilla de seres que somos, estamos embarcados en cosas totalmente absurdas. Pienso que Colombia dentro de su naturaleza es un país digno de colosos, de gigantes y desafortunadamente nos comportamos como simples pigmeos mentales y nos causamos mucho daño”. Todos estos sentimientos e ideales quedaron en la película. Es por eso que Rivero vive profundamente agradecido con el Huila, con su gente, “fueron ustedes los que parieron esta historia, yo soy santandereano y nunca dude que la película debía realizarse aquí en el Huila, investigue mucho estuve siete años en la realización del guión y afortunadamente se me dio”, confesó el director de “El embajador de la India”.
Después de haber comentado la idea con Pedro Clavijo corresponsal de caracol, (estando en el Instituto de Moscu) quien posteriormente lo contacta con Guillermo Plazas Alcid, embajador en Moscú y Eduardo Hakim Murad, agregado cultural en este país, conoce el relato sobre el embajador de la india que era parte del libro “Neiva Moscú e intermedias”, en el cual narraban toda la historia de ellos como embajadores en Moscú, lo que significaba para ellos Europa y el profundo desprecio que sufrían en muchas partes, comparado con la manera como ellos habían tratado al embajador de la India. Pero fue Luego de entrevistar a Jorge Villamil, Álvaro Díaz y mucha gente, que Rivero encontró la llave para escribir la historia en un hombre del común, “ lo vi parado en la puerta de su casa, y le dije, ¿usted se acuerda del embajador de la india?, y me dijo, como no, si a ese señor lo recibimos con cañonazos. Con cañonazos se despiden héroes, grandes personas, pero aquí no fue así, ellos lo recibieron con cañonazos”.
La historia desde el inicio mostraba un tono de humor, contó esa tarde Rivero. Jaime Flores, había estudiado en el Seminario de Garzón, se había caracterizado por hacer picardías y la del embajador de la India fue la última picardía sana que el hombre hizo, después empezó a hacer cosas mas complicadas, estuvo de rector en una universidad en centro América. Él, dice el director, murió en New York hace unos seis años. “Yo después de realizada la película y plasmando esta historia, me di cuenta que también ahí coincidían en esa universalidad, reírse de si mismo, y eso es terriblemente importante, yo tengo una opinión y es que el pariente mas cercano a la comedia es la tragedia y al contrario el pariente mas cercano a la tragedia es la comedia”. En el proceso de realización para el director, fue muy importante que aquella característica no se perdiera de la historia, ya que según Mario Rivero, el humor hay que sentirlo nacer, si el humor parece premeditado no produce el efecto esperado, ese proceso de que el actor sienta la historia, sienta nacer el personaje y que el grupo de filmación y grabación sienta de esa manera. “Es muy importante porque es lo que le va allegar al público, esa frescura de la vida”, reafirmo Rivero.
Lo que significa “El embajador”
El ágora de la Universidad Surcolombiana se mostró multitudinaria. El diálogo que se gesto después de terminada la película, para muchos vista por vez primera, prosiguió entre los relatos de los invitados y el tono sarcástico que tanto en la película como en la charla genero risas.
“Estamos felices de hacer parte de este departamento que es el Huila, me siento muy orgullosa de haber participado”, fueron las palabras de Lucero Gómez, quien hace 26 años hizo parte del elenco de la película, en un tiempo donde ella iniciaba su carrera como actriz, “fue una dicha que Mario me hubiera escogido para este personaje tan importante en la historia. Fue una cosa muy gratificante para mí. Antes había hecho un cortometraje con Julio Luzardo”.
Inicialmente fue un medio metraje, pero luego FOCINE (Compañía de fomento Cinematográfico) apoyó la realización del largometraje. Para lucero es muy significativo haber participado en una película que se convirtió en un icono del departamento y en general del cine colombiano. “Es una película que jamás pasara de moda, es una película para mucho tiempo”, comentó Lucero Gómez, quien hizo el papel de la mujer del Gobernador.
Hugo Gómez, el embajador, volvió a Neiva. Esta vez en las ágoras de la USCO mostró lo que significa aun, después de los años que han pasado, haber encarnado a Jaime Flores en su “picardía” como embajador de la India. Jaime Flores Torres fue su personaje. “Desafortunadamente siendo la joya del cine colombiano del siglo XX y aun así (…) fue una película que fue hecha con muy poca plata y mucha colaboración respecto a ustedes, a sus papás y abuelos, que estuvieron con nosotros participando en la película, muchos de ellos ya han pasado a mejor vida (…) esta película no fue ni siquiera promocionada, no tuvo una premier, no hubo afiches de los que generalmente se le hacen a una película”. Hugo recuerda aquel día Cuando se lanzo la película. Él fue con su familia a el almirante, un teatro que estaba ubicado en la calle 85, debajo de la 15 en Bogotá, compraron la boleta y entraron como cualquier persona. Ese día vio como se estacionó un mercedes enfrente y bajaron rapidísimo unas personas a comprar la boleta y apenas vieron que era colombiana se montaron y se fueron en el carro. Solo 10 personas estuvieron en la premier. La anécdota más importante es que boca a boca la película cobro importancia, semanas después Hugo Gómez, el protagonista, veía con los ojos nublados que las colas para entrar le daban la vuelta a la cuadra. Con el paso de los años puede confiar en que la seguirán viendo.
“Desde que hice la película mi fuerte ilusión, cada vez que intentó realizar algo, es perdurar en el tiempo; y viendo la calidez como reciben aun la película, y viendo que a la película le ha pasado como los buenos vinos, cada vez se ponen mejor con el tiempo, me siento absolutamente satisfecho”, dijo Mario Rivero, el santandereano que nunca dudo en que la película debía realizarse aquí en el Huila, porque eso estaba condicionado por la historia, ya que el personaje verdadero, el verdadero mentiroso embajador de la india se gesto acá; “hay personajes que paren historias, hay lugares muy especiales en donde brotan las historias, (…) la película es una flecha que habíamos soltado hace 23 años y que apenas esta dando en el blanco, el blanco son ustedes, el motivo, la causa y el propósito son ustedes” agregó el director que le agradece al Huila por el embajador.
“Hay mucha gente que no cree en lo nuestro (…) es una película maravillosa que aporta mucho. Para lo que están estudiando esta carrera les digo que es una carrera maravillosa hacer cine en Colombia.
Ojala que la gente que esta estudiando, que esta pensando en hacer cosas maravillosas en este país, en cuanto al cine, que hagan una cosa tan linda como lo que hicimos con “El embajador de la India”, que es mostrar nuestra cultura, nuestros personajes, a través del cine que es lo que hace que Colombia se ha vista en otras partes del mundo”, agregó Lucero Gómez.
Hacer cine en Colombia
“El embajador fue realizado con presupuesto escaso, en ese tiempo después del embajador se acabo FOCINE, era un invento maravilloso”, comentó Rivero. La Compañía de fomento Cinematográfico (FOCINE) creada para 1980 permitía que se realizaran algunas producciones, pero el apoyo estatal se dio hasta 1990 cuando se liquido la compañía. “El 17% de la boleta se destinaba para hacer cine y el público no decía nada y de pronto se empezó a decir que para que el gobierno tenia que financiar películas que estaban contra el gobierno, no entiendo porque decían eso si se hacia películas sobre la vida natural y ellos lo tomaron a ese nivel” Finalizó Rivero. Con su segunda Película “Mamá tomate la sopa”, sigue pensando que después de 25 años el gran problema del cine continua siendo la distribución, un poco absurda. Pasaba que los que hacen la distribución, según Mario Rivero, daban las cifras de las personas que habían entrado (las cifras de taquilla) pero entonces ellos acomodan las cosas a su manera, “así sucedía con FOCINE y creo que ese sigue siendo el problema, la distribución”.
Julio Luzardo, director de el Oasis, Tiempos de sequia, El río de las tumbas, entre otras producciones, compartió en el ágoras de la USCO su experiencia como director y habló de cómo viene trabajando “en hacer una plataforma interesante y decente”, como lo sugirió Rivero. Considera que no todos están tan consientes del buen momento en que esta el cine colombiano, “el cine colombiano tiene unos apoyos gubernamentales, apoyados en la ley de cine, en la cual yo estoy colaborando en la parte de los directores como representante de ellos”, comentó Luzardo.
La Ley 814, o Ley de Cine, tiene como objetivos facilitar la producción de películas en Colombia y contribuir a convertirla gradualmente en una industria sostenible. Tiene claro que hacer cine resulta casi siempre costoso, pero los países con mayor producción audiovisual han estructurado una cadena industrial en la que los diferentes eslabones que invierten tienen la oportunidad de obtener ganancias razonables. Para Luzardo, estos fondos cubren todo el proceso de la realización cinematográfica, desde el guion, la distribución, festivales en fin. “Ya para este año los recursos llegan a 15mil millones de pesos que se van a distribuir en las diferentes convocatorias de fondos, y se logro hacer lo que no pudo hacer FOCINE en su momento, no pudo cobrar las platas que verdaderamente estaban entrando, lo que menciono Mario, no se daban las cifras que eran y no entraban las platas”.
los tiempos han cambiado, ahora hay grandes oportunidades, el panorama abierto, la tecnología en manos de todos, cualquier persona simplemente con una cámara digital, un computador de edición, puede hacer una película, es algo que tanto Mario Rivero como Julio Luzardo comparten, pero se necesita buenos actores, una buena historia y el apoyo de la gente, “pues en el caso mío, necesitaba un pueblo Huilense para que se pudieran hacer películas como las que estamos hablando; estas dos películas son muy significativas por el corazón que tiene atrás, ese amor, ese gusto de hacer cine que no era simplemente un trabajo, era una pasión algo fundamental para nosotros sobrevivir como seres humanos pensantes y que queremos nuestra profesión. Entonces espero que las nuevas generaciones sepan que tiene todo en las manos, pero que si no luchan, si no buscan lo mejor, como nosotros lo hicimos en el momento dado con ninguno de estos fondos, aun así teníamos el corazón, el talento, la gente, todos por un sueño espero eso no se pierda” reflexionó Julio Luzardo, el director del Rio de las tumbas.
Aun así Mario Rivero no desconoce que hay una medida terrible de estandarizar el arte, “ hay una cosa muy peligrosa, yo lo he vivido en carne propia, las multinacionales de todas maneras quieren tener un ser humano estándar que respondan de la misma manera, con una capacidad de consumo interesante y que consuma las cosas y por eso tratan de crear un ser universal; en la televisión nos han estado exigiendo que el acento universal es un acento mexicano, de donde sacan ellos eso, hay mucha arremetida contra eso y es muy difícil pero peleen por lo autentico, la idiosincrasia, la manera de ser distintos, hay una riqueza insospechada”, finalizó Mario Rivero, director de “El embajador de la India”.