
Por: Luís Montealegre
El 19 de Noviembre de 2012, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) modifica el territorio marítimo de Colombia y Nicaragua, cambiando el posicionamiento marítimo en el meridiano 82 de los dos países; extendiendo el mar para Nicaragua y conservando a los cayos y archipiélagos para Colombia. Este fue un hecho de gran impacto en términos políticos, económico y cultural, el cual ha durado más de dos semana en los diferentes medios masivos del país, siendo utilizada para hacer una gran tras escena.
Pero ¿qué hay de tras del gran telón que fuera éste hecho, el cual acaparó, junto con otros de poca relevancia, los temas y horarios de la televisión, la radio y la prensa colombiana?:
Hay una serie de “carruseles”, fueros, reelecciones, tierras, entre otros que han hecho de éste país un gran parque de diversiones, en donde se sientan los corruptos a dar vueltas en los caballitos mientras negocian los robos billonarios al Estado. Entre esos están: el carrusel de la contratación, de la salud, de las pensiones, fuero militar, Ley de Victimas y restitución de tierras, proceso de paz, reelección del procurador, reforma tributaria y entrega minero energética a multinacionales.
Todo esto ha pasado mientras nos distraíamos con la perdida de mar a falta de patriotismo en nuestros políticos y clase económica. Sin embargo eso no es lo más grave del asunto, lo más grave es lo ocultado. Porque los carruseles le han costado una suma cercana a los seis billones de pesos al estado colombiano. Eso que solo se han destapado escándalos en la capital de la república, no quiero ni imaginarme la suma total en pesos si se supiera cómo estamos en todo el territorio nacional.
El fuero militar le va a costar a la sociedad civil la verdad, el no castigo a las fuerzas militares y la vulneración en DD.HH Y DIH, puesto que todo quedará en manos de la Junta Penal Militar, esto nos dirige a la impunidad completa no solo por éste hecho sino porque fue reelegido un icono de la ultra derecha colombiana como Procurador General, quien terminará de rematar a su antojo permisos ambientales, destituciones a todos aquellos políticos que no estén con él y la impunidad para los que están a su favor, junto a la condena de lo que para él es todo un pecado. En la actualidad es el funcionario más intocable que tiene el país, debido a que tiene todo un andamiaje político protegiéndolo de todo mal.
Si miramos al país en términos tributarios y fiscales, encontramos una reforma que pretende hacer de nuestra patria un paraíso para los más ricos nacionales y las poderosas multinacionales que a costa del empobrecimiento nacional quieren quedarse con los recursos naturales y hacerse un eterno agosto. Los campesinos que han sufrido los estragos de la guerra están siendo engañados por cuenta de una ley llena de promesas bellas, trayendo en su vientre la devolución de tierras y el florecimiento del campo. Cuando lo que se proyecta es la legalización de la mayor cantidad de tierras con el objetivo de hacer atractiva la inversión extranjera y que luego ésas tierras entregadas le sean vendidas al poderoso extranjero o nacional que las necesite para sus megaproyectos.
Con todo esto no comprendo cómo es que hablamos de paz en un país en donde crece cada vez más la desigualdad, la iniquidad, el discurso de guerra y el desamparo judicial para la mayoría que somos los ciudadanos de a pie, razón tiene Iván Márquez al decir que si se desmovilizan llegando al fin de la guerra el país quedará en manos de todo el mundo menos de nosotros. Seremos extranjeros en nuestra propia tierra.