Por: María Angélica Riveros
El colegio de la Presentación tiene 120 años y ocupa casi una cuadra, queda por la calle segunda. Antiguamente a una media cuadra se ubicaba la zona rosa, hace dos o tres años esta área de parranda fue trasladada cerca al Coliseo; ahora de esos bares y discotecas sólo queda el recuerdo. Justo en frente del colegio está el parque la Presentación, allí los árboles son grandes y puedo sentir como las hojas y el viento danzan suavemente. Aunque está algo descuidado y algunos vagabundos duermen en sus bancas, no deja de ser un bello lugar.
Edward Urquina, director del grupo de Teatro Experimental Kinesis y presidente de la Asociación Taller Casa Teatro, no demora mucho en llegar. Él tiene una contextura un poco ancha y su cabello es negro, en ese momento su voz tiene secuelas de gripe. De sus 31 años 16 los ha dedicado al teatro.
Curso estudios de Licenciatura y Arquitectura pero no los terminó, no concluyó por escuchar lo que en teatro es llamado devenir actoral, no es más que la pasión, las ganas y la fuerza de hacer sólo una cosa que su corazón grita: teatro. “Me gusta mucho hacer teatro, me enamoré totalmente de las artes escénicas. Estudie muchas cosas diferentes de las que hago ahora pero se trata de motivación personal. Todo lo que he aprendido en mis 31 años lo enseño a los chicos”
Me explica que su agrupación (Kinesis) nació a través de las escuelas de formación de teatro “más como una obligación de la administración municipal y después de un tiempo se convirtió en un proyecto de vida”.
Hace teatro para cambiar la imagen de su pueblo, “Pitalito es la capital de la sur colombianidad, la gente dice que Pitalito culturalmente es muy buena, que tiene espacios culturales muy buenos y -aunque no los he visto- queremos apoyar. Cuando la gente participe de la música, el teatro y la danza, no tenga que envidiar a Neiva o Bogotá. Que la cultura no se limite a una semana sino que durante todo el año se den a conocer los procesos artísticos”, sostiene el artista.
El sol ya no es tan amable y dulce, comienza a picar, calentar y ser tan agresivo que tenemos que cambiar de banca. A esta altura ciertamente estaba algo confundida por el drama y tristeza presente en su voz cuando se refirió a las dificultades que ha tenido que afrontar en el liderazgo de la agrupación. Aunque recordé que se encontraba agobiado por el ataque viral a su aparato respiratorio, de todas maneras pude percibir nostalgia en él cuando continuó su discurso diciendo: “muchas veces hay que trabajar con las uñas, pero nosotros hemos trabajado con el mugre de las uñas, por así decirlo. Hemos pasado por etapas durísimas: enfrentamiento entre los mismos artistas y con otros grupos”. La delgada línea entre el proceso natural sin obligación y la disciplina que requiere el arte, ha sido parte fundamental de la agrupación que pretende que los jóvenes se apropien del teatro más allá de un pasatiempo. Urquina enfatiza que no ha sido un trabajo fácil. “Me di cuenta que cuando realmente hablaba de algo que me importaba mucho, tenía la manía de repetirlo cuatro veces, como si con la primera no estuviese convencido”. Con dos y cuatro presentaciones diarias sobre los hombros de los artistas, el agotamiento físico y el desgaste emocional es evidente. Pero “el grupo es en sí como una familia” y allí siempre está él apoyando a sus “niños”. Es consciente que la mayoría de los integrantes del grupo son de escasos recursos, por eso se encarga de llevarlos a las presentaciones, les consigue trajes y les proporciona la alimentación cuando hay largos ensayos. Su compromiso es el de un padre.
Cuando Edward Urquina habla de su grupo suele cerrar los ojos, fruncir el ceño, y de vez en cuando mueve las manos como si estuviesen presentes y los estuviese señalando. Tengo que retener mi mirada para no buscar a las personas de las que habla, sé que no están allí
Me cuenta que hay “chichos”, como él los llama, que han tenido problemas de consumo de drogas pero han logrado salir por amor al teatro. Pero también ha tenido casos de aquellos que prefieren la drogadicción ha estar vinculados con el arte. “El programa de resocialización lo iniciamos más o menos en septiembre del año 2013 y lo mantuvimos con recursos propios el mayor tiempo posible; con las uñas, a veces pidiéndole a la gente”, comenta el director de teatro. Es una realidad que viven muchas agrupaciones, no sólo de teatro, sino de cualquier rama artística en Colombia, donde el apoyo destinado al arte es mínimo comparado con la inversión armamentista para la guerra.
Edward es consciente de la realidad del país, por eso desde que inició con Kinesis ha buscado hacer de sus “chichos” personas integrales, no sólo actores sino personas. “Nosotros nacimos el primero de abril del 2013, llevamos año y algo trabajando y hemos hecho muchas cosas, no solo teatro, también hemos hecho murales en contra de la contaminación, tenemos una asociación que trabaja por el medio ambiente. Queremos que el chico expanda la mente a todas las áreas de las artes”, afirma Urquina.
En el transcurso de la mañana pasan transeúntes que saludan al director de teatro laboyano, o a mí: “pueblo pequeño, infierno grande”.
Suele hablar con mucha tranquilidad y seguridad al referirse al problema monetario. Lo dice con tanta serenidad que ni descontento dan sus palabras, sino que invitan a una reflexión: “no es un problema de la administración de ahora, es una dificultad que viene desde hace mucho tiempo. La cultura no se ve como algo necesario ni esencial sino como un relleno de entretenimiento casual, no genera un recurso para la gente, por eso no lo ven necesario”, dice Edward.
Sus sueños a diferencia de muchas personas siempre han sido los mismos desde una edad temprana, a los 14 años ya quería montar una fundación teatral, estaba joven y creía que las cosas eran fáciles. Después de 16 años se ha dado cuenta que no es tan sencillo pero tampoco imposible de lograr. Ahora es claro en que así le toque llorar, sudar, caerse y volverse a levantarse, estará siempre ahí. Lo dice con mucha alegría, cuando ríe parece un niño que acaba de ver caer a otro o que acaba de ser descubierto en una travesura; su risa es traviesa y contagiosa. Aunque con todo y su inocencia, cuando habla de su futuro y sueños lo hace realmente convencido y con seriedad. El periodismo es otro de sus intereses y dice que le gustaría fusionarlo con el teatro, hacer “algo súper loco”.
Antes de despedirnos le pido un concepto sobre el teatro, inmediatamente responde: “el teatro para mí es la felicidad, es la forma de mostrarle a la gente que sin que uno tenga para comer puede hacer feliz a las demás personas. Es llegar a las gente y transportarla a una vida diferente, a veces hay que tomar temas sociales duros para que la gente entienda”. Nunca suelo creer del todo lo que dice la gente, pero a Edward Urquina ahora le creo.
Esa misma noche me invitó a ver una presentación de sus chicos en el parque principal de Pitalito, hacía bastante frío. Luego de esperar un tiempo lo divisé entre la gente, aunque estaba maquillado logre distinguirlo por su contextura, me acerqué a él para avisarle de mi presencia, pero aunque estuve a menos de un metro no me miró, estaba ocupado arreglando el traje de uno de sus chicos; los arreglaba y maquillaba con tal devoción y cariño que en realidad sí parecía un padre con sus hijos. Me retiré y seguí esperando en la helada noche.
En su presentación electrizaron al público con el Dubstep y las maromas de sus zanqueros. Se acostó en el suelo junto con algunos compañeros, de uno en uno para que luego un joven de no más de 12 años saltara por encima en sancos. Como artista da todo en el escenario, y como director entrega todo a sus integrantes por un sueño.
Había terminado la puesta en escena y en ese momento me resonó una frase que me había dicho en la mañana: “no es simplemente hacer teatro por hacerlo…hacemos teatro porque la vida no nos alcanza”. Creo que él tiene un gran terreno ganado en 16 años, sólo tuvo un sueño y espero que la vida le alcance para concluirlo.