Observó la formar como Emgesa les dijo hace unos años que tenían que irse, pero ahora la incertidumbre la invade por lo que será su nueva vida, con su familia y amigos, en un lugar que no podrá divisar y sentir igual.

Junto a su esposo Francisco Cabrera, una nieta y un perro, permanece en la última casa que se sostiene en la vereda Veracruz del municipio de Gigante, Huila, mientras la Hidroeléctrica El Quimbo continúa llenándose. “Falta Juan Gabriel y Pacho por la compensación”, dice la señora Ángela, que no pretende dejar a su esposo e hijo solos hasta que la constructora del Quimbo los reconozca como pescadores de la zona y les subsane la afectación.

“Una sola familia”
Era 1954 cuando la señora Ángela nacía en las tierras que comprenden a Veracruz. Desde entonces los predios donde creció junto a sus seis hermanos han sido los mismos donde formó a sus cuatro hijos, y hoy comparte con su esposo “Pacho” como símbolos de la resistencia al Proyecto Hidroeléctrico.

En un ambiente ameno junto a las labores propias del campo y la pesca se dedicaba con su madre a hacer sombreros, su especialidad eran los “sombreros finísimos” que le eran encargados y bien pagos. En ese mismo contexto sus hijos aprendieron a trabajar y nunca les faltó una actividad productiva. “Todo era muy bueno”, recuerda.
También algunas fechas son claras en la mente de la señora Trujillo, cada una representa una celebración tradicional en esta comunidad que se caracterizaba por ser muy unida. “Éramos casi como una sola familia. Aquí se celebraba la fiesta de la virgen cada septiembre, se organizaba un reinado en San Pedro… todo se celebraba y era muy bueno”, cuenta.
Pero de las risas, festividades, trabajos y tranquilidad no queda nada. “Ahora todo está triste y desolado. Nosotros somos los últimos y me da tristeza porque estábamos enseñados a vivir todos; ahora estamos esperando el momento porque siempre tenemos que irnos aunque no queramos. Esto ha sido muy duro”, dice con los ojos brillantes la señora Ángela, que ha sentido como los niveles de azúcar, la tensión y en general su salud se deteriora por la zozobra.
La relación con el Río

Al percibir la presencia del Río Magdalena en la vereda, es posible concebir lo que significa para esta comunidad romper la cercanía con el Río; parte fundamental de sus desarrollos sociales, culturales y económicos, que se tradujo en despojo con la llegada de Emgesa a la región. “Cuando se acabó la bonanza del río la gente se afanó a irse para Montea (reasentamiento) porque allá Emgesa le da un subsidio de dinero (1.200.000 mensual)”, explica la señora Trujillo.
Son los últimos en la zona de influencia y aunque su casa les significa todo, porque les recuerda el esfuerzo que tuvieron que hacer para reemplazar la vieja casa de palmicha de sus padres por una más amplia y firme, y las vivencias familiares, todo “con la ayuda de Dios”, sabe que tendrán que salir y empezar de nuevo, lo más fuerte serán los recuerdos.