Villamil Cordovez con su prosa narró el paisaje huilense y de otras regiones del país. Uno de sus conocedores, el periodista Vicente Silva Vargas, autor de la biografía “Las Huellas de Villamil”, lo resalta como el compositor que más ritmos colombianos abordó, desde sanjuaneros, rajaleñas y bambucos; hasta porros, cumbias y paseos vallenatos. “Uno de los aspectos más llamativos de él, es el de un cronista musical de gran factura”, dice Silva Vargas.
En el año 1962, el maestro compondría una de las primeras obras inspirada en un desamor a orillas del Rio Magdalena. Un “romántico pasillo que lo convertiría en un hombre famoso en América”.
Aquellos espejos tembladores de aguas fugitivas siguen retratando amores y vidas de muchos huilenses, entre ellos los pescadores que dejan sus ilusiones en el ancho río que alguna vez enamoró a Jorge Villamil Cordovez.
“El sustento es del Magdalena”
“Toda la vida he escuchado la canción, desde la escuela. Siempre me trae recuerdos del Río, de cómo era antes y cómo está ahora”, manifiesta Argeni Gómez Vargas, una mujer por más de 50 años ha vivido el Río.
La experiencia le ha enseñado que “si el río está clarito se pesca de noche, si está oscuro puede hacer en el día”. También sabe que hay peces como el “Pataló” y el “Capas” que bajan, y otros que suben como es el caso del “Bocachico”. Y sobre todo es consciente que cada día que pasa la situación del Río Magdalena será más triste por el impacto de las represas que disminuye la cantidad de peces: “hay peces que ya no se encuentra en el Magdalena porque las represas no lo dejan pasar para acá”, explica la señora Argeni quien todos los días vende los peces que su esposo tiene que ir a atrapar hasta la desembocadura de la Represa de Betania, porque más abajo escasean.
La libra de “Cucha”, “Patalo”, “Capaz, “Peje” y “Bocachico”, ha aumentado su valor debido a su escasez, por eso muchos pescadores artesanales han tenido que cambiar de actividad productiva, dicen que ya el Río no está dando.
Pero existen casos de personas como Jeison Perdomo que llegan al Río en busca de una oportunidad laboral. Después de llegar del Caquetá se ha dedicado a surcar las aguas del Río Magdalena con su lancha de pasajeros en inmediaciones del monumento a la Cacica Gaitana en Neiva.
Conoce también el Río que puede asegurar dónde alcanza los seis metros y donde supera los 10 de profundidad. Su más largo viaje lo realizó a Barranquilla en un tramo que le tomó varios días y donde presenció la contaminación que se cierne sobre el Río Magdalena.
¿Cómo se escucha “Espumas” en la voz de pescadores?
En colaboración con Adriana Ortiz Fernández