El interés del Poeta Charles Baudelaire de difundir en Francia a Poe lo llevó a traducirlo al fránces en dos oportunidades: publicó en 1856 «Historias extraordinarias: trece cuentos de Edgar Allan Poe», y seguidamente «Nuevas historias extraordinarias». 

 

Argentina

Los prólogos de Baudelaire en las publicaciones sobre la obra de Poe titulados «Edgar A. Poe: Su Vida y Sus Obra» y «Nuevas notas sobre Edgar Poe», son las piezas centrales del estudio traductológico que la Licenciada en Letras de la Universidad de Buenos Aires, Camila Nijensohn, realiza:

 

«Baudelaire describe un Poe que, ya a primera vista, se presenta como alguien “elegido”. O al menos, así lo construye: “Fisonomía, andares, gestos, porte, todo en él, especialmente en sus mejores momentos, le señalaba como una criatura elegida” (1988: 66). Para convencer al lector francés de la belleza de Poe, Baudelaire recurre al testimonio de Griswold, el primer biógrafo de Poe, quien, pese a haberlo difamado, debe reconocer que Poe tenía excelentes modales y un aspecto físico aristocrático.

Las cualidades de Poe no son solo físicas; se aprecian también en la conversación, ya que su oratoria es deslumbrante. “Su conversación era extraordinaria y esencialmente sustanciosa. […] unos extensos conocimientos, una poderosa lingüística, sólidos estudios e impresiones recogidas en diversos países convertían este discurso en una enseñanza.” (Baudelaire, 1988: 70) El Poe de Baudelaire era elocuente, disponía de un “arsenal de imágenes” para estimular la conversación, era creativo y sorprendente en sus ideas, tenía “el arte de encantar, de hacer pensar, de hacer soñar, de arrancar a las almas del cenagal de la rutina” (1988: 71).

Lo que Baudelaire logra destacar con este halago es la excelente formación que Poe había tenido y su impecable talento. Respecto de la formación, Poe había estudiado en Estados Unidos junto a los mejores profesores y en la universidad se había distinguido en áreas sumamente diversas, manifestando así sus variadas aptitudes. En cuanto al talento, según Baudelaire, Poe iba más allá: da a entender que si hubiera tenido solo talento habría triunfado en Estados Unidos, habría encontrado la manera de adaptarse al medio y hacer dinero, pero Poe se encontraba en una categoría superior: Baudelaire pide que añadamos “a esta visión impecable de lo verdadero […] una exquisita delicadeza de los sentidos que una falsa nota torturaba, una sutileza en el gusto al que todo, exceptuada la exacta proporción, sublevaba, un amor insaciable hacia lo Bello” (1988: 50) para poder hacernos una idea integral de su genio. 

Claro, este ser superior no podía hallarse en Estados Unidos, país materialista, obnubilado por el dinero y el progreso. Poe fue en su país de origen una víctima del destino. Allí donde “la actividad material, exagerada hasta alcanzar las proporciones de una manía nacional, deja en los espíritus escaso espacio para lo no terrenal” (Baudelaire, 1988: 49); Poe se encontraba solo e incomprendido. Incluso después de muerto, ya que fue juzgado, criticado e insultado tanto por el exceso de alcohol, como por su vida errática. Lo que los estadounidenses no ven, pero Baudelaire, iluminado, sí, es que esos desvaríos se deben al medio en el que le tocó vivir: “su vida interior, espiritual, de poeta o incluso de borracho, no era sino un esfuerzo perpetuo por escapar a la influencia de esta antipática atmósfera.” (1988: 47). Todo el texto establece la oposición entre Estados Unidos y la figura de Poe: frente a la utilidad que impera en Estados Unidos, en Poe prima la idea de belleza; frente al ciego progreso como política estadounidense, Poe ofrece una mirada descreída y desilusionada; frente a la moral burguesa, la grandeza y el deseo de sorprender a la imaginación. En síntesis, “En ese hervidero de mediocridades, en ese mundo prendado de los perfeccionamientos materiales […], en esa sociedad ávida de sorpresas, enamorada de la vida, sobre todo de una vida llena de excitación, ha surgido un hombre que era grande” (Baudelaire, 1988: 85).

¿Por qué Baudelaire se empeña en diseñar esa oposición? Porque la presenta junto con otra oposición hipotética que intenta construir, la de Estados Unidos y Francia: frente a la soledad y el desprecio vivido por Poe en su país de origen, Baudelaire desea que aquel encuentre del otro lado del océano un espacio de recepción ligado al éxito y a la admiración. No es difícil construir esta última oposición: es sabido el desprecio de los franceses por la cultura estadounidense. Así, en la admiración baudelairiana por Poe se podría ver una incitación al público francés a admirar, ellos también, a aquel poeta no valorado en su país de origen. Edgar Allan Poe no fue francés; habría merecido serlo.

Si bien los prólogos nos presentan a un Poe que vale por sus aptitudes físicas y académicas, por haber sido víctima de una cultura materialista, por la incomprensión sufrida, por la vida dolorosa que tuvo que llevar, lo central en ellos es el valor que adquiere su figura en tanto que poeta. 

En la presentación de la propuesta literaria de Poe, Baudelaire, con la intención de atraer futuros lectores, ostenta un uso algo excesivo de adjetivos y valoraciones positivos: “una ventaja inmensa” (1988: 98), “una superioridad realmente particular” (1988: 98), “una proeza lograda” (1988: 75), una “solemnidad deliciosa” (1988: 54), escribe artículos con “vivacidad, claridad y razonada severidad” (1988: 55), tiene “genio singular” (1988: 75), la lista podría continuar.

Pero no se trata sólo de una apreciación que buscar contagiar esa admiración en el lector; se trata también de presentar una poética innovadora: Baudelaire, al traducir a Poe, introduce una novedad en Francia. “Ningún hombre, lo repito, ha narrado con mayor magia las excepciones de la vida humana y de la naturaleza” (1988: 76), afirma Baudelaire. Y en esta novedad que introduce en Francia, Baudelaire dice saber cuál será el resultado en el lector: “En esta literatura de aire rarificado, el espíritu puede experimentar esa vaga angustia, ese temor predispuesto a las lágrimas y ese malestar del corazón que habitan los lugares inmensos y singulares. Pero la admiración es más fuerte y, por añadidura, ¡el arte es tan grande!” (1988: 77). Baudelaire sabe que no sabe. Sabe que construye, prepara un terreno y predispone al lector frente a la novedad que está introduciendo.

Baudelaire comprende que los prejuicios que circulaban entonces en Estados Unidos respecto de Poe iban a llegar (o de hecho, de a poco ya habían llegado) a Francia. “He dicho ya, creo, que varios de los prejuicios contra los que había de luchar, las ideas falsas, los vulgares juicios que circulaban a su alrededor, llevan mucho tiempo contaminando la prensa francesa.” (Baudelaire, 1988: 102) La función del prólogo es, entonces, corregir esa injusta situación, discutir con esos prejuicios, presentar a Poe desde otro lugar, desde la apreciación y los juicios estéticos de Baudelaire. Y lo logra: Paul Valéry (1995), en una conferencia pronunciada el 19 de febrero de 1924, afirma que así como Poe le dio a Baudelaire ideas y conceptos (sobre la literatura, la composición, lo moderno, el mal), Baudelaire le da a Poe fama y posteridad. Porque en Francia la recepción de Poe está absolutamente mediada por las traducciones de Baudelaire.

Y él mismo es conciente de esto; en un manuscrito posterior a la traducción de la obra de Poe, Baudelaire afirma:

«diré a los desconocidos amigos franceses de Poe que me siento orgulloso y feliz por haber introducido en su memoria un nuevo género de belleza; y asimismo, ¿por qué no confesar que lo que ha sostenido mi voluntad ha sido el placer de presentarles un hombre que en algunos aspectos se me parecía un poco, o sea una parte de mí mismo? (1988: 124).

La traducción que Baudelaire realiza de Poe es, también, una estrategia literaria que prepara la recepción de su propia obra. Queda entonces por pensar, ya en un futuro trabajo, en qué Poe es “mon semblable, mon frère”».

 

Fotografía tomada de: pbs.twimg.com