Las artes escénicas tuvieron su origen entre los siglos V y VI en Atenas, Grecia, durante la celebración de rituales en honor a los dioses. En sus inicios el teatro fue utilizado en la labor de educar a la población y hacer sátira a sus gobiernos. Estas primeras muestras teatrales han evolucionado hasta nuestros días convirtiéndose en parte del desarrollo cultural a través de la estética de las puestas en escena.

En Latinoamérica las expresiones artísticas (las artes plásticas, la música y el teatro) intensifican su desarrollo a partir de la revolución cultural de los años sesenta y los cambios sociopolíticos derivados de las revoluciones y dictaduras; de la mano del fenómeno editorial y literario conocido como el “Boom” latinoamericano. En Colombia la generación del “realismo mágico”, con la obra de García Márquez, su máximo exponente, se dio auge a la puesta en escena en Colombia.

El teatro colombiano ha tenido sus desarrollos en dos escenarios: las salas y las calles. Son cientos las personas que han optado por “las tablas”; así como muchas las concepciones que se han construido acerca de la realidad del teatro en nuestro país. Humberto Monje Méndez, Uriel Vásquez Agudelo, Wilson Hernández, son directores de teatro, son artistas. Ellos hablaron, en el marco del Festival Regional de Teatro de ASCUN – CULTURA realizado en la Universidad Surcolombiana, de los principales temas de este arte.

Temáticas: horizontes, filosofías, realidades

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Humberto Monje Méndez director de la agrupación teatral “El Laberinto”, Universidad de la Amazonia (Florencia)

Al hablar de las temáticas que desarrolla el teatro colombiano, desde uno de sus escenarios más importantes, las universidades, podemos comprender que en ocasiones, según Humberto Monje Méndez director de la agrupación teatral “El Laberinto”, de la Universidad de la Amazonia (Florencia) los temas abordados no tienen ninguna referencia particular, “estamos abiertos a cualquier opción que nos presente la dramaturgia universal”, sostiene; aunque se puede reconocer que las adaptaciones a obras literarias colombianas y latinoamericanas han sido y siguen siendo parte de “las tablas”. “En estos momentos estamos manejando dos espectáculos de un autor colombiano, hechas en los 60. Son obras que yo conocía hace tiempo atrás, casi que viví estas historias y decidí montarlas con el grupo de la Universidad, pero no obedecen a ningún tipo de interés, ni de forma de pensar del grupo, ni de la Universidad, igual en otros trabajos cortos que hacemos clown, pantomima, es indiferente”, comentó.

Por su parte, Uriel Vásquez Agudelo, director del grupo de teatro "Casa Grande", de la Universidad del Quindío considera que las temáticas corresponden a la filosofía e ideología de la puesta en escena que desarrollan: “como siempre vivimos un momento álgido en cuanto al pensamiento y las escasas posibilidades de expresarnos por las represiones de una y otra parte; creemos que el arte es una tribuna propicia para realizar ese tipo de debates estéticos”. “Dios” de Woody Allen (comedía), “Los Pecados de Inés de Inejosa” de Próspero Morales Pradilla, “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y Marat Sade de Peter Weiss, representan el interés por la literatura universal en el desarrollo teatral del grupo.

Así mismo, Wilson Hernández, director del grupo de teatro de la Universidad de Ibagué, dice que, él siempre ha buscado temáticas que identifiquen a la persona común y corriente, “estoy jugando un poco con el melodrama que es algo que nos han encarnado desde hace muchos siglos, y pensamos que la vida es un melodrama y lo convertimos en eso, en un melodrama”, agregó.

Dificultades: ¿camino incierto?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uriel Vásquez Agudelo, director del grupo de teatro "Casa Grande", Universidad del Quindío

Comprender la situación actual del teatro nacional, amerita ver los diferentes matices. Desde el aspecto oficial, para Uriel Vásquez Agudelo, es claro que el teatro ha andado en crisis constantemente: “lo que pasa es que somos muy tercos, queremos este cuento y lo defendemos a como dé lugar, pero con la ausencia absoluta del Estado (…) no siempre somos bien tratados y esa una especie de apéndice necesario para justificar rubros; siempre, sin aparecer como víctima, llevamos la peor parte (…) no existen políticas. Cuando hablamos de pronto de los ministerios, de las secretarías de cultura, me parece que son puestos que se orquestan a través de los favores políticos, de los pagos burocráticos, donde es muy amplio los costos por nómina, y muy poco lo que se deja, no para apoyar el teatro sino para garantizar su existencia y eso es completamente mentira”, considera. Una situación que, Wilson Hernández, reafirma al señalar que no hay políticas que beneficien a los artistas: “una artista por el simple hecho de sentarse a escribir, hacer escenografía, hacer máscaras, adaptar guiones, ya debería tener un sueldo estatal. Es muy difícil que el artista se pueda desarrollar cuando vive en una situación inaudita: salud, vivienda, tiene hijos; ¿El artista no puede tener hijos? ¿El artista no puede tener carro? ¿No puede tener una casa? Cuando es un trabajo más digno de los muchos que conocemos”.

Humberto Monje Méndez, recalca que “el teatro no es solamente un grupo de loquitos que dicen cosas o que dicen abajo el gobierno, eso ya se acabo, esas vainas ya pasaron, ese concepto viejo se quedó y lo alimentan para decir: a estos no les demos que son comunistas, que son revoltosos, que son revolucionarios, que estos nos van a joder, nos van a hacer daño (…) los teatreros somos un poco como no tan amigos de estar haciendo lobbies políticos y ese tipo de cosas (…) Es, fue y seguirá siendo un oficio de lucha, son esos los obstáculos que uno tiene en el transcurrir de este oficio”.

Pero este no es, aunque existe una normativa para la cultura (no precisamente o exclusivamente para el teatro), el único inconveniente que afrontan los teatreros y amantes de sus obras, también el fenómeno de las nuevas tecnologías sea convertido en un reto para las artes escénicas, Monje Méndez, director de teatro indica que estas son enemigas del teatro, ya que la gente prefiere quedarse frente al televisor en vez de salir a ver teatro; situación que también ha presenciado Wilson Hernández de la Universidad del Tolima y que enuncia como un reto: “el teatro tiene que ser ahora más rápido, el teatro es más visual. Las tecnologías tienen sus ventajas, la cosa es que con la tecnología uno tape las carencias actorales o las carencias de escritura, ahí hay un peligro; pero si uno utiliza las tecnologías de una forma consciente y ayudando la imagen pues es bueno, además el teatro como todo, debe evolucionar”, recalcó, “al público siempre hay que estar formándolo; también los artistas debemos mostrarle que el mundo se puede ver desde diferentes ángulos”. Asunto que para Ubier Baciso Agudelo de la Universidad del Quindío, es muy paradójico, pero el teatro también lo es, por que lo más importante es, sin negar la realidad, buscar la forma cómo abordar las temáticas y proyectarlas en “las tablas” permeando e impactando al espectador.

Ver enlaces:Normativa y análisis de las leyes

El papel de la Universidad en su estética

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Wilson Hernández, director del grupo de teatro de la Universidad de Ibagué

Podría decir a título personal, que de la historia del teatro no podría omitirse la Universidad y con ella todo lo que la significa y compone. Un papel, que para el profesor Wilson Hernández, director del grupo de teatro de la Universidad de Ibagué, ha sido fundamental y significativo. Considerando que “la Universidad pública indiscutiblemente conserva mucho de lo que pasó en los años 70 y 80: es un grito, es panfleto, es subversivo, hay que seguir siéndolo o si no nos come el sistema vorázmente, por lo menos que se haga algo de resistencia mientras están estudiando; desafortunadamente salen de estudiar y el sistema se come a la mayoría, tristemente”.

Pero además, Humberto Monje Méndez, director del grupo de teatro de la Universidad de la Amazonia resalta como un espacio que deberían aprovecharse ya que es importante que los jóvenes tengan en sus procesos de formación y aprendizaje diferentes opciones de ver la vida a través del pensamiento de un grupo, que le ayuden socializar, conocer y replantear sus nociones.

“Nosotros hemos impuesto un respeto por nuestro trabajo, por el sello que le aplicamos en la Universidad del Quindío. Nuestro teatro lo miramos desde ese lado profesional: cuando hablamos de profesionalismo, hablamos de la seriedad con que lo asumimos y cómo los muchachos se encarretan en este cuento y cómo llevamos cuatro años consecutivos siendo los mismos que lo integran. Tenemos un semillero para que puedan nivelar a estos muchachos que poco a poco van saliendo. Así mismo, la misma Universidad ha valorado nuestro esfuerzo y nos respetan no al modo burgués, sino de la manera que queremos que respeten el teatro”, comentó al respecto Uriel Vásquez Agudelo, director del grupo de teatro "Casa Grande".

Pero, ¿Qué es el teatro en Colombia?

Humberto Monje Méndez director de la agrupación teatral “El Laberinto”, de la Universidad de la Amazonia (Florencia)

“Pasión: ese terminar el espectáculo, pararse frente al público y recibir el aplauso, sentir que ha sido sincero y se la ha jugado toda, se ha fajado y dado todo lo que tiene, y ya está agotado y el público responde con un aplauso, es un premio a esa pasión. En el escenario no hay dolores, ahí se cura uno todo, es como una pausa, se cura y luego de terminada la función vuelve el dolor a parecer”.

Uriel Vásquez Agudelo, quien dirige desde hace cuatro años el grupo de teatro de la Universidad del Quindío

“Hay una frase que yo siempre he dicho, y es que el teatro no puede constituirse como trabajo, ni como otra cosa distinta a una postura frente al mundo: es una posición, es como un acto religioso, una acto místico de depuración interior, es lo que no nos gusta, entonces queremos tener nuestro propio mundo con eje propio, autónomo”.

Wilson Hernández, director del grupo de teatro de la Universidad de Ibagué

“Gente con una gran sensibilidad al mundo, gente que cree en que esta sociedad es más de lo que es; indiscutiblemente gente loca, gente conchuda, es lo que hace que el teatro se pueda sostener aquí en Colombia, o si no, muchos grupos desaparecerían. El teatro es juego, juego nada más. Si usted quiere jugar haga teatro. Es para los dos extremos, si uno no disfruta de este mundo no vale la pena estar parados, y el teatro nos permite gozarnos este mundo y jugar: griten, lloren, pataleen”.

*Imagen principal Obra teatral "Marat Sade", Universidad del Quindio

*Fotografias cortesia Angélica Riveros