Por: Luis Carlos Narvaez perdomo
Febrero del 2007, en las calles calurosas de Neiva, el joven Álvaro Alonso Olguín Rave, dos días recién integrado de vacaciones de navidad, después de haber pasado su última noche buena en compañía de sus seres queridos, de haber vivido intensamente dichas vacaciones con la inocencia de que eran sus últimos momentos de regocijo, fue asignado para reparar unos daños de fuga en una de las estaciones de servicio de TERPEL ubicada en el barrio el Jardín, lo más alto de la ciudad Neiva, donde podía gozar de lindos paisajes con la seguridad de que nada podría impedir tal dicha, pero no fue así.
El joven, en los días de haber ingresado, tenía quefirmar su renovación de contrato para evitar percances, algo que debió haber sido poco primordial para él, pues en nuestra cultura ya no se hacía valida solo la palabra, no bastaba con eso, se debía recurrir a medios escritos para una total credibilidad, hecho que para muchos y tal vez para Álvaro era algo de poca importancia y debido a la agilidad y a la urgencia del trabajo asignado, se pasó por alto la firma correspondiente de los documentos.
Álvaro al contar con un excelente equipo de trabajo y su respectiva seguridad, se dirigió hacia la estación desconociendo que ese sería su último recorrido por aquellas calles de Neiva que lo acogieron durante 26 años. Llegó feliz de cumplir con su labor y se hallaba con toda la disponibilidad para reparar el daño. Cuando se encontraba laborando debido a fallas técnicas,el gas lentamente lo fue adormeciendo sinél darse cuenta, era como caer derrotado ante la muerte sin poder ni siquiera entender que era lo que le estaba sucediendo. Tal acontecimiento que fue narrado por la ex mujer, en ese entonces laesposa de Carlos, la señora Beatriz Tamayo Buitrago, quien fue la que le avisó de lo sucedido con tal angustia mientras él se encontraba en el departamento del Tolima, resolviendo otros asuntos laborales.
Después de esta tragedia, la familia del joven entabló previamente una demanda en contra de la empresa “SERNA TAMAYO Y COMPAÑÍA” con todas las intenciones de recibir respuestas de su muerte, y más que eso: la indemnización que según ellos debían otorgarles. Esto se convertía más en un interés económico que moral, se veíacomo el afecto hacia el fallecido se iba perdiendo y se aprovechaban de tan cruel situación,para exigir dinero, como si la vida de las personas tuviera solo ese valor- afirmó Carlos.
Este caso llevó varios meses de investigación, mientras que Carlos como representante legal de su empresa, entregaba el debido papeleo para demostrar que “todo estaba en orden”, desconociendo que su esposa, aquella mujer que para él era la figura de una persona intachable, alguien a quien amaba con todo su corazón, había cometido el gravísimo error de firmar el contrato establecido en nombre del joven Álvaro(contrato que él tenía que haber firmado inmediatamente terminadas sus vacaciones)por miedo a que se le fueran a imputar cargos en contra de la empresa, situación que para ella fue fácil,actuó como se dice popularmente con la “malicia indígena”.
Según la declaración del funcionario judicial William Salazar Rodríguez (Juez primero de ejecución de penas y medidas de seguridad de Neiva) que en actuación judicial y de acuerdo con los antecedentes, las pruebas y los hechos, consideró inviable declarar la orden de sancionar al propietario de la empresa resolviendo a favor del imputado declarándolo inocente de toda responsabilidad penal.
Ocurridos los hechos anteriores, y luego de haber dictado la sentencia, los familiares de la víctima y su respectivo abogado, buscaban a toda costa lograr que Carlos los indemnizaran con una suma de doscientos cincuenta millones de pesos, por la muerte del joven, situación que para los ojos de muchas personas, se convirtió en algo cruel, de no hacer valer al difunto, sino buscar “hacerse rico” a costa de la vida de un ser humano; tanto asíque no descansaron y continuaron una investigación personal, en la cual la hermana del joven Alvaro declaró que la firma del contrato de su hermano era falsa, causa que generó la retoma del proceso y obligó tanto a la familia de la víctima como al acusado a contratar al grafólogo Edwin Manzano, quien efectivamente determinó que era acertado lo anteriormente dicho por la hermana de Álvaro, lo cual produjo que se reactivara el proceso, pero con la diferencia de que los cargos que le impusieron a Carlos eran por haber engañado a la justicia, considerada ésta una falta punible gravísima.
Carlos estaba muy preocupado, y muy triste porque debido a lo ocurrido su esposa tuvo que confesarle la verdad, de que había sido ella quien había firmado esos papeles.Fue una situación dura porque aparte de su matrimonio, se estaba disputando jurídicamente su derecho a la libertad, sin embargo,en ningún momento pensó en denunciar a su “esposa”, mas bien eligió someterse a lo que se le venía y todo por amor a sus hijos, con la seguridad que era proporcionada por el típico abogado que siempre afirma -tranquilos, vamos a salir de esta, todo estará bien-. Creía que era mejor que tuvieran cerca a su madre más que a su padre, convirtiéndose ésta en la razón por la que prefirió estar al frente de dichas acusaciones.
El 22 de enero del año 2011, un día común, Carlos regresaba del municipio de Tello en donde se encontraba cumpliendo con su trabajo, con ansias de llegar a su casa a descansar, y a dedicarle tiempo a su familia, cuando en el primer retén, el vehículo en el que se movilizaba fue detenido por miembros del ejército quienes cumplían con su trabajo de requisas y demás. Se le hizo el previo procedimiento y fue allí que por medio de la petición de documentos, descubrieron de su identidad y le anunciaron que el Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Neiva, había solicitado su orden de captura, por falsificación documentos y engaño a la justicia.
Fue remitido inmediatamente al municipio de Tello en donde permaneció dos días (que para el empezaban a ser eternos) mientras se determinaba su situación. Él 24 de enero fue trasladado al Centro de Atención Inmediata (CAI) en el barrio Bogotá de la ciudad de Neiva y el 26 de enero fue internado en el establecimiento carcelario de Rivera, con la condena de 72 meses de prisión- fue un momento muy duro para mí, yo estaba muy devastado, saber que no fui yo quien cometió el delito, fue duro pagar la condena por solo ser el representante legal de mi empresa, y más duro aún porque fue mi ex- esposa quien lo hizo, son las cosas que uno hace por los hijos, pero lo que si digo fue que inmediatamente mi matrimonio se acabó, y quede odiando a esa mujer que me perjudicó y no me apoyó, solo me abandonó- afirmaba con dolor claramente notado en sus ojos. La cárcel para él fue algo devastador, pues relataba lo difícil que fue su experiencia. Su separación amorosa significó mucho, alejarse de los hijos fue algo inesperado, pero que desafortunadamente él lo decidió así.
El acusado solicitó al Juez de Garantías que se le otorgara prisión domiciliaria, y debido a su buencomportamiento se le logró otorgar. Pero dentro de la cárcel no todo fue malo, a pesar de que se sentía acabado, sin familia, sin nada, conoció a “Maria” prefirió no entrar en detalles, pero si narró un poco su historia, que de por cierto fue muy bonita. Fue una mujer que durante 2 años y 3 meses de los cuales Carlos mantuvo en prisión, estuvo siempre acompañándolo, siéndole fiel y que valientemente que lo esperó mucho tiempo, pero que –lastimosamente- como el afirmó -alguien le endulzó el oído- y la perdió. “María” fue muy sincera con él y le dijo que ya no podía esperarlo más, faltando ya un mes para que Carlos pudiera salir de ese encierro, ella simplemente se marchó.
Entre su alegría de salir de dicho encierro y su dolor en el alma porque “Maria” lo hubiese dejado, supo llevar su padecimiento y trató de esmerarse por ser una mejor persona, que a pesar de la rabia debida a la injusticia, fue siempre muy tranquilo, y llevó una “vida” pacifica durante dos años y cuatro meses, tiempo que mantuvo recluido en la cárcel.
El día de hoy Carlos Serna continúa pagando su condena con prisión domiciliaria y afirmó: -solo ansío ver la hora de acabar con esta tortura, pagando los 26 meses de sometimiento que me quedan-.