Su trabajo es valorado según el reconocimiento que cada propietario considere por el desempeño de su servicio. Por jornadas largas recoge aproximadamente 20 mil pesos. Dinero que destina para suplir sus necesidades y para los gastos de su hija de tan solo un año.

Al principio no estaba convencido de compartir su historia. Le avergüenzan las prácticas delictivas que ha cometido. “No he tenido una bonita vida”, dijo.

Para él, el mal ejemplo que siempre recibió de sus padres se ve reflejado en lo que es ahora, un hombre que consume alucinógenos, que hurta y que ha participa de homicidios. Hace poco asesinaron a su hermano de 17 años porque realizaba trabajos criminales.

Incertidumbre, es lo que Janberson tiene todos los días al pensar que en cuestión de segundos su vida puede acabar. Comenta que tiene muchos enemigos. Por eso mientras trabaja mantiene a la expectativa de las personas que se hayan y recorren su alrededor.

Desde hace 10 años anda en proceso de “dejar el vicio” pero es consciente de que es un proceso que no se olvida de la noche a la mañana. Mientras tanto, continúa trabajando y dependiendo de los aportes que los conductores que recorren la calle novena entregan como agradecimiento por su servicio. 

Al igual que en la gran mayoría de países del mundo occidental, la marihuana es la droga ilícita de mayor consumo en Colombia. El 8% de las personas declara haber consumido al menos una vez, aproximadamente un 13% en los hombres y un 4% en las mujeres. Según estudio del Ministerio de la protección social y dirección Nacional de estupefacientes.

Los Ministerios de Educación, Justicia y Salud han revelado en pesquisas recientes que en Colombia en el año 2012, el 12.1% de los adolescentes consumían al menos una sustancia ilegal. Dentro de ese porcentaje el 8.6 % aseguró haberla consumido en los últimos doce meses. La marihuana es el alucinógeno de mayor consumo en los jóvenes. (Ver Estudio Nacional de Consumo de Drogas en Colombia).

Una realidad de la que no escapa este joven, pero que no se puede generalizar a los jóvenes que han considerado el semáforo como una fuente de subsistencia.

Debía partir sin antes desearle éxitos, triunfos y voluntad para dejar aquellas cosas que lo acomplejan y que lo mantienen intranquilo. Pero sobre todo recomendarle que luche por “la niña de sus ojos”, como él le llama. Para que no recibiera las descarriladas enseñanzas que, cree él, le brindó su familia.