Por: Laura Marcela Perdomo 

Fotografías: Serafin Marquin

 

La capital huilense guarda en su urbe un panorama mercantil de grandes proporciones. Hay quienes crean negocios en una sociedad con percepciones culturales de consumo divergentes. La compra y venta de ropa usada, por ejemplo, constituye ese ángulo de actividades económicas que además de curiosas, llevan consigo una dinámica opuesta al comercio de indumentaria nueva.

La Franchesca I es un local de compra y venta de ropa de “segunda mano” ubicado cerca a uno de los costados del Centro Comercial Popular

Los Comuneros de Neiva. Otras sedes de este almacén distribuidas en el resto de la ciudad, crean una especie de secuencia a modo de trilogía fílmica, ya que según María, su administradora, existen también La Franchesca II y III, ambos administrados por diferentes miembros de su familia.

Aunque el nombre del establecimiento no es muy visible, La Franchesca I lleva ocho años recibiendo artículos de vestir para hombre en perfecto estado tales como camisas manga larga y corta, pantalones, jeans, overoles de dril, uniformes de celaduría y zapatos para uso industrial. “Yo sé a quiénes recibir. Por ejemplo, nunca a un indigente. Tiene que estar además en perfecto estado. ¿Yo para qué voy a comprarle o venderle a un cliente una camisa con el cuello molido?”, afirma María.

Las piezas son adquiridas por docenas a 24 mil pesos cada una. Personas de diferentes lugares acuden allí para ofrecer objetos de vestir que ya no usan, no les gusta o que lucieron sólo una o dos veces en su vida desde que las obtuvieron. Las marcas son variadas: Gino Pascalli, Kosta Azul, Levis, CP Company, ARMI, entre otras. “Tienen que llegar limpias y planchadas. Yo lo único que hago es acomodarlas y exhibirlas”, dice María.

La llegada de la Ropa Americana

Un pendón grande con la bandera de Estados Unidos es lo que sobresale en la fachada de Ropa Americana, establecimiento ubicado sobre la carrera segunda de Neiva. Miguel y Sucel son los únicos empleados que laboran allí y contrario a La Franchesca y otros, sólo vende. El sitio es bastante amplio, tiene dos pisos y cuenta con alrededor de 15 exhibidores organizados a lo largo y ancho del espacio. Sólo ofrecen prendas exclusivas norteamericanas; desde vestidos para dama con el estilo más vintage de los años 50, hasta las chaquetas de cuero más finas estilo Harley Davidson.

El local lleva dos años en la capital del Huila. Según Sucel, a éste acuden desde contadores públicos, abogados, empresarios, dueños de almacenes aledaños y personas del común. “Aunque no lo crea, la ‘gente de plata’ es la que más viene acá, porque es la que sabe de marcas”, afirma.

Y es que si al tema de marcas originales se refiere, el negocio guarda en su inventario las más reconocidas y finas del mercado textil de Norteamérica: Tommy Hilfiger, Gloria Vandelbirt, Banana Republic, Levis, Victoria Secret, Original Penguin, Aeropostale, Hollister, Abercrombie, The Original Arizona Jeans Company, GAP, Calvin Klein, entre otras.

“Hay una señora que es dueña de una veterinaria y sólo compra Gloria Vanderbilt. Siempre está pendiente de la mercancía que llega. Lo que hay acá es raro y apetecido”, comenta Sucel.

Los cambios climáticos definidos por las estaciones, obligan a los habitantes de países europeos y norteamericanos a desechar atuendos que sólo utilizan aproximadamente dos o tres veces durante el tiempo que transcurren las temporadas. A Ropa Americana llegan desde abrigos, gorras y guantes para el invierno más frío, hasta blusas y shorts para el verano más caliente.

Por otro lado, Miguel añade que todo el vestuario es traído desde la ciudad de Tampa ubicada en la costa oeste de Florida, Estados Unidos. Allí es previamente lavada y procesada para luego, cruzar largas distancias en barco hasta llegar a diferentes puertos de Latinoamérica, entre esos los de Santa Marta. Finalmente son trasladadas en pacas a Bogotá para ser enviadas a Neiva y otros destinos.

En el ambiente hay un particular olor de objetos guardados, sin embargo no es desagradable. “Es por todo el trayecto que atraviesa para llegar a su destino; debido a los barcos y la humedad, se conserva ese olor. Además, si usted toca la tela, ésta tiende a estar fría por las temperaturas”, añade.

A Chepe Ganga la competencia “no le hace cosquillas”

A un paso de La Franchesca II está Chepe Ganga. Ambos locales están juntos y cualquier transeúnte que los viera creería que pertenecen a una misma familia. Pero no. Don Pablo Barragán es el dueño y administrador del negocio. También administra Ropa Americana, del cual su hijo es propietario.

Contrario a la Franchesca I y II, Chepe Ganga ofrece vestuario para hombre, dama y niños. Los clientes que acuden son variados: desde funcionarios de la Gobernación y el Palacio de Justicia, el vendedor informal, el celador que necesita un uniforme económico y en buen estado, hasta el estudiante de escasos recursos que va por un traje que algún niño igual que él, le vendió a Don Pablo algún día.

Igual que en el almacén de su hijo, por los estantes circulan prendas de American Eagle, GAP, Old Navy, entre otras. La abundancia de ropa es evidente. “Prefiero no organizarla ni por tallas ni marcas sino por prenda según la persona, que la dama o el caballero mire que si hay algo que le gusta y cree que le queda, se lo mida y lo lleve”, manifiesta Don Pablo.

En la ciudad hay alrededor de cinco lugares para la compra y venta de ropa usada registrados ante la Cámara de Comercio de Neiva. Don Pablo conoce la existencia de ellos pero asegura que la competencia “no le hace ni cosquillas”. Está seguro que cada uno tiene algo particular que ofrecer al público.

Estereotipos, Géneros y Cultura

Frente al particular negocio de la ropa usada se han logrado tejer mitos, verdades y percepciones culturales diversas.

Desde el ámbito de géneros, hay una dinámica de funcionamiento vigente. ¿Por qué no le compra o vende a las damas? “La mujer es vanidosa por naturaleza”, dice María, administradora de la Franchesca I. “Los hombres son menos complicados y no les da pena venir a estos sitios (…) muchos vienen en sus carros a comprar o vender y se van normal. Ahora tengo un costal de ropa que me trajo una señora y no sé qué hacer con ella”, añade. Don Pablo, por su parte, no es atento a esa situación, pero no desconoce que la dama es más “resabiada” para eso. “Yo las ‘sé llevar’ y las pongo frente al espejo para que se convenzan que la prenda le ha quedado bien”.

También, las comparaciones sociales y geográficas muestran otro ángulo de esta labor dentro de su peculiar carácter. “Neiva es muy pobre”, asegura Don Pablo. La pobreza a la que se refiere está encaminada más a la del pensamiento y el desconocimiento de gran parte de la sociedad hacia ciertas alternativas de intercambio de bienes y al alcance que pueden tener para suplir una necesidad básica como la de vestirse. “Yo trabajé en Bogotá y allá la gente aprovecha porque sí sabe de eso, no como acá. Bogotá y otras ciudades grandes sí son buenas plazas para este negocio”.

Obtener ropa americana original en Neiva es casi imposible. Sucel recalca la vanidad de ciertas personas y de las que llegan para quejarse de los precios. “Realmente la que llega es gente que ha viajado al exterior y conoce; pregunta por prendas en particular. Hay otros que llegan a cuestionar los precios cuando lo que no saben es que la marca y la calidad es lo que cuesta”.

Adquirir vestuario de segunda continuará siendo un hábito permanente para algunos. Habrá quienes busquen sus marcas preferidas y otros las ignoren optando sólo por comodidad y ahorro. Y otros tantos mantendrán la idea de que siempre es preferible una prenda nueva y económica. Vestirse, por su parte, seguirá siendo una de las mayores necesidades del ser humano siempre.