Por: John Fredy Nagles Soto
Neiva

Jorge Mario Bergoglio fue escogido como Papa, en el marco de una eterna controversia en su país natal. Las Madres de la Plaza de mayo solo exigen que él aclare éste debate.
A propósito de la visita la semana pasada del Papa Francisco a Brasil, también se cumplen 37 años del golpe de estado que dio como resultado siete años (1976-1983) de una de las dictaduras más ruines de la historia latinoamericana. Uno de sus protagonistas fue el actual Papa de la Iglesia Católica, el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien al parecer nunca fue claro frente a su papel como miembro de la Conferencia Episcopal de Argentina en los hechos ocurridos durante el gobierno de la Junta Cívico-militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla y el almirante Emilio Massera.

Al parecer, el argentino Jorge Mario Bergoglio nunca fue claro frente a su papel como miembro de la Conferencia Episcopal de Argentina y su relación con Videla.
Así lo ha sostenido en sus diferentes trabajos el profesor Martín Obregón, docente en Historia e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Sus investigaciones se han centrado en el papel de la Iglesia Católica de Argentina durante el periodo de la dictadura y, sobre ello, en las relaciones entre el llamado nacionalcatolicismo y los derechos humanos en Argentina. Según sus conclusiones, “es posible afirmar que los sectores mayoritarios de la jerarquía católica brindaron su apoyo al régimen militar entre 1976 y 1983, adoptando una posición sumamente moderada ante la violación sistemática de los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas”.
La controversia

A propósito de la visita del Papa Francisco a Brasil, desde su posesión como jerarca de la Iglesia Católica nuevamente se abre el debate sobre su papel en la Dictadura de Videla en Argentina.
Estos cuestionamientos inspirados en estudios académicos sobre la historia de Argentina ahora cobran vigencia debido a la elección del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, como nuevo Pontífice de la Iglesia Católica. Se dice que el religioso, junto con otros capellanes, reconfortaba espiritualmente a los torturadores en los campos de concentración de la dictadura. Mientras eso ocurría en este sector del clérigo, otros sacerdotes y obispos sufrían la persecución y la muerte por sus posiciones contra el gobierno de Videla.

Según denuncias de la Asociación Madres de la Plaza de Mayo, Jorge Mario Bergoglio, para entonces, arzobispo de Buenos Aires, asumió una posición neutral frente a los hechos de la dictadura cívico-militar de Videla.
En este sentido, el Premio Nobel de la Paz de 1980, Adolfo Pérez Esquivel, trinó en su cuanta de Twitter que el Papa Francisco "no tuvo el coraje suficiente de otros obispos" para denunciar las violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura cívico militar en Argentina”. Si bien aclaró que el clérigo argentino y actual Sumo Pontífice "no fue un cómplice directo de la dictadura", indicó que "le faltó coraje para acompañar la lucha por los Derechos Humanos”.
Por su parte Bergoglio, quien era sacerdote provincial de los jesuitas argentinos (cabeza de la orden en ese país) de 1973 a 1979, dijo haber hecho gestiones ante la Junta para rescatar a mucho de su congregación. Posteriormente en 2010, ya como cardenal, reiteró sobre su papel y el de su congregación en rechazo a las acusaciones que se le indilgan aun hoy. En el libro biográfico ‘El Jesuita’, el Papa Francisco dice: “Nunca creí que estuvieran involucrados en actividades subversivas como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban. Pero, por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de la caza de brujas. La misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos”.
“No juzgar sin antes dimensionar”
Froilán Casas Ortiz, obispo de la Diócesis de Neiva, advirtió que se debe conocer a propiedad los acontecimientos del pasado y no juzgas desde la distancia que ha dado el tiempo.
Por su parte, Froilán Casas Ortiz, obispo de la Diócesis de Neiva, advirtió que se debe conocer a propiedad los acontecimientos del pasado y no juzgas desde la distancia. “Al entonces arzobispo de Buenos Aires le tocó una época difícil durante la dictadura en Argentina, y seguramente hubo posiciones que, a lo mejor, pudieron ser posiciones de silencio, y por lo cual se le juzga. Lo que sé es que, con algunos jesuitas él tuvo que poner orden porque estaban muy metidos en el mundo de la violencia. Ahora con esa protesta de las Madres de la Plaza de Mayo, diciendo que no era digno que fuera Papa, pues el mundo tendría que conocer más detalles. Pero sobre la vida de los seres humanos se comenta tanto, que a medida que el árbol esté más alto pues es más fácil tirarle piedras”, dijo.
En un momento como el acontecido en Argentina durante aquellos atribulados años de dictadura, fue de suma dificultad liderar la Iglesia, tomar posición y, sobre todo, decidir cuál sería el camino. “Es muy fácil mirar los hechos históricos, luego de años de distancia. Nosotros debemos analizarlos con mucho contexto, y desde la época en la que ocurrieron. Ir a juzgar con los ojos de hoy los hechos de hace 20 años, me parece que eso es sesgado. Sin embargo, es posible que haya habido una falla del señor Arzobispo, para entonces. Tal vez si fue imprudente alguna cosa; tal vez su procedimiento debió haber sido otro, pero es fácil decir cosas cuando uno no está ubicado de la época”, argumentó el Obispo.
Fotos: Medios Dígitales