
Por: Luis Fernando Pacheco Gutiérrez (*)
Jefe de Programa de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana
Hacia las 5:00 p.m. (hora local), y rodeado por los principales jerarcas militares de las Fuerzas Armadas de la República Bolivariana de Venezuela, el Vicepresidente en ejercicio de las funciones ejecutivas, Nicolás Maduro anunció que a las 4:25 p.m. de ese mismo día, el Presidente y líder del denominado Socialismo del Siglo XXI, Hugo Rafael Chávez Frías, había dejado de existir a causa del cáncer que le aquejaba desde mediados de 2011.
Con la muerte del dirigente venezolano se cierra una etapa que empezó el 2 de febrero de 1999 y sólo culminó tras catorce años de ilimitado poder, que para bien o para mal cambiaron la vida democrática del continente latinoamericano. Odiado por unos, amado por otros, el legado de Chávez Frías a la historia contemporánea latinoamericana es innegable. Pero ¿Qué viene ahora para la región? ¿Cuál es el futuro político y social de Venezuela? ¿Qué incidencias marca la desaparición del líder en la geopolítica del petróleo que Chávez presidia con férrea voluntad?
La generación de Chávez
El Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías saltó a la fama en 1992 tras el frustrado intento de golpe de Estado, al debilitado gobierno de Carlos Andrés Pérez, al intentar sin éxito final la toma de algunas sedes de poder regional y canales de televisión. Tras dos años de cárcel que culminaron con el sobreseimiento de la causa que ordenó el Presidente Rafael Caldera –que curiosamente habría de entregarle el poder- Hugo Chávez se fue consolidando políticamente en la segunda mitad de la década de los 90’s. Para entonces, su discurso político de una nueva Asamblea Nacional Constituyente que emprendiese una refundación de la República Venezolana, y que encauzó en el Movimiento Político V República, encontró tierra fértil en el descontento generalizado de la población, la pérdida de la credibilidad en los Partidos Políticos, y la profunda crisis de desigualdad que el auge de los precios del petróleo habían ahondado separando a la Venezuela pródiga y rica de la marginalidad de los aros urbanos y la pobreza de las regiones al interior del país.
Todo ello permitió que Chávez accediese al Palacio de Miraflores para el periodo presidencial 1999-2001 de conformidad con la Carta Magna vigente de 1961, a la cual se opuso el nuevo Presidente inmediatamente convocando a un referéndum que conllevó la nueva Constitución Política de 1991 cuya aceptación popular rondó el 82%. La modificación constitucional en torno a la ampliación del periodo presidencial a 6 años lo sostuvo en el poder nuevamente, postergando un nuevo mandato ante 2007, siendo reelecto por una vez más hasta 2013 nuevamente con porcentajes de votación que superaron el 62% ante su opositor, el líder de centro-derecha, Manuel Rosales.
Fue precisamente tras esta re-elección cuando, ya consolidado el Partido Socialista Unido de Venezuela PSUV, lanzó la apuesta por el Socialismo del Siglo XXI, un movimiento que abarcaba más allá de las fronteras venezolanas y que se impuso como un modelo de apoyo directo a candidatos de otros países, así bajo este modelo, se tejió la red que consolidó el movimiento en varios países del continente, Rafael Correa en el Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay, Manuel Zelaya en Honduras, Daniel Ortega en Nicaragua y que se fortaleció a partir de las excelentes relaciones de Chávez con otros gobiernos como por ejemplo el de Pepe Mujica en el Uruguay, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina y la sucesión Lula Da Silva-Rouseff en el país carioca.
Finalmente, mediante un nuevo referéndum constitucional en 2009 Chávez cuestionó a la democracia venezolana el levantamiento de cualquier límite temporal a la sucesión presidencial permitiendo así, uno de sus mayores deseos: la permanencia indefinida en el poder venezolano, mientras se gestaba la revolución bolivariana, así denominada por el mismo Chávez.
Allí no terminó sin embargo su mandato, aunque ya en 2011 se había detectado los primeros síntomas del mal que habría de llevarlo a la tumba, un cáncer cuyo secretismo aún impide un diagnóstico exacto sobre las dolencias del mandatario, el Presidente Chávez continuó con la opción de un nuevo mandato constitucional 2013-2019. Sus intenciones, ni siquiera fueron detenidas por la consolidación de la oposición venezolana en torno al candidato Henrique Capriles Radowsky, quien fue derrotado con el 55% de respaldo al Mandatario en ejercicio.
Sin embargo, Chávez apenas pudo disfrutar del triunfo, sólo 11 días después de haberse reelecto debió solicitar a la Asamblea Nacional (el poder legislativo) la autorización para viajar nuevamente a Cuba a tratarse nuevamente a causa del cáncer que había anunciado como derrotado en dos ocasiones anteriores.
Sólo regresó a Caracas, en medio del más profundo hermetismo el 18 de febrero, sin poder asumir constitucionalmente el poder, conforme se lo exigía la constitución liderada por él mismo. La historia del polémico Coronel, nacido en el Estado de Barinas en 1954, culminaba una tarde de marzo, mientras el poder estaba siendo administrado por su heredero señalado, su Ex Canciller y Vicepresidente en ejercicio, Nicolás Maduro.
Como mencionaba un joven venezolano de 20 años, radicado en Bogotá: “no recuerdo otro Presidente”. Casi tres lustros en el poder, culminaban recordando el slogan muchas veces repetido “Patria, socialismo o muerte”. La última había marcado el fin de la era.
Más allá de las teorías conspirativas: causas y consecuencias de la Era Chávez
No son pocas las intrigas y enigmas que se tejen en torno a los últimos días en el poder del mandatario venezolano, el hermetismo en torno a su estado de salud y al mal en específico que lo aquejaba; los rumores sobre pugnas internas entre diversos sectores del chavismo, el papel del Gobierno de los hermanos Castro como determinantes de la política venezolana y la geopolítica regional, las acusaciones del oficialismo chavista sobre causas externas provocadas por enemigos políticos que produjeron la moral enfermedad, fueron elementos cruciales para que hoy muchos desconfíen de las fechas de su muerte oficial, de los diversos partes médicos que el Ministerio de Comunicaciones emitió desde diciembre pasado y tengan serias dudas sobre la legitimidad que enmarca el nuevo proceso democrático que debe iniciarse.
Más allá de esas intrigas y teorías, lo cierto es que la muerte de Hugo Chávez merece dos profundos análisis: lo que significó para su país y para la política regional y lo que viene para Venezuela tras su muerte.
Es innegable que la figura de Hugo Chávez, entraña en sí misma la paradoja de simbolizar la integración de los pueblos, y la división de los suyos. Sus tesis socialistas, sus ideas de una refundación de una patria bolivariana y socialista a partir de la revolución, su marcado anti-imperialismo, y su siempre manifiesto de la unión de una Nación Latinoamericana grande y soberana marcadamente socialista produjeron múltiples quiebres institucionales donde quiera que su figura se imponía. Los dos periodos presidenciales del Mandatario colombiano, Álvaro Uribe Vélez, un carismático líder de extrema derecha y con amplia aceptación popular, fueron el mejor ejemplo del quiebre que las tesis políticas y económicas de ambos líderes significaban. La expropiación y nacionalización de empresas y tierras venezolanas, así como su política de persecución a los Medios de Comunicación opositores sembraron los antecedentes de destierro de una generación de jóvenes anti-chavistas que emigraron a otros países como Reino Unido, Estados Unidos o Colombia, así como la profunda disminución de la inversión extranjera, acompañados de una creciente inflación que aún tras la muerte de Chávez, lejos de disminuir amenaza más desequilibrio.
Sin embargo, el manejo de los altos precios del petróleo que se incrementaron sucesivamente durante su mandato, permitieron un holgado manejo financiero que no sólo sostuvo el régimen chavista sino que traspasó sus fronteras incidiendo en elecciones o re-elecciones de sus candidatos más cercanos, en los países vecinos, era la estrategia de la implementación del Socialismo del Siglo XXI a través de herramientas plenamente democráticas.
Finalmente, no se puede dejar de considerar que el impacto electoral del chavismo en Venezuela, fue fruto del desarraigo, la corrupción y el crecimiento deliberado de la brecha entre ricos y pobres, tantas veces tolerados por el ineficiente sistema electoral venezolano; los desposeídos que no gozaban de los dineros que dejaba el oro negro, la miseria que consumía los cinturones negros, y la omisión de los gobiernos predecesores del polémico militar, son los principales causantes del desfogue populista que lo mantuvo más de una década en el poder y son los motivos que hoy sustentan los miles de venezolano que lloran a su “nuevo libertador”. Si la oposición no sabe entender esto, no comprende que la mayoría de venezolanos que llevaron y mantuvieron a Chávez en el poder prefieren la inflación, el apego al poder y el irrespeto a las mínimas libertades que la república francesa nos heredó, a la marginalidad, el hambre y la indiferencia del poder que se mantuvo décadas previas al gobierno del militar, probablemente jamás pueda regresar al Palacio de Miraflores.
La muerte del mandatario también deja unas consecuencias que aún hoy entre sombras, no es fácil determinar. Si bien antes de su último viaje a Cuba, el Presidente señaló al Ex líder sindical, Ex Canciller y actual Presidente, Nicolás Maduro, para nadie es un secreto que los grupos de poder en torno al Palacio de Miraflores no son pocos y que las pugnas internas más pronto o más tarde serán inevitables. Dentro de este heterogéneo grupo, se pueden mencionar en primer lugar a las fuerzas dentro del legislativo (que Chávez controlaba por completo y de forma progresiva, casi desde su mismo ascenso al poder) y representadas probablemente en su figura máxima, Diosdado Cabello, un segundo grupo lo conforman los líderes de mediano perfil que crecieron a la sombra del líder entre los que se encuentran el actual Canciller Elías Jaua, el poderoso Ministro de Energía, Rafael Martínez y el mismo Maduro, con tendencias de izquierda pero moderaciones diferentes aspiran a una sucesión de líderes políticos no asociados a los fenómenos de corrupción; un tercer grupo se reúne en torno al nepotismo chavista que entronó en el poder a familiares y parientes del militar como su yerno Jorge Arreaza, Ministro de Ciencia y Tecnología; su polémico hermano, Adán Chávez, Gobernador del Estado de Barinas; y finalmente, un cuarto grupo –probablemente el que más temores genera- que reúne al sector castrense, que finalmente mantuvo el equilibrio de divisiones que generó el chavismo, y cuya fidelidad al mandato civil de Maduro está puesto en duda por múltiples analistas.
A todo ello ha de sumarse un peligroso antecedente: el irrespeto al mandato constitucional que aún hoy están puestos en duda, debido a que la asunción del poder por parte del Presidente reelecto nunca se dio y haciendo intepretación taxativa de la carta quien debería asumir el poder habría de ser el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello y convocar a elecciones dentro de los próximos 30 días y sin embargo, la posición oficialista hasta el momento de escribir estas líneas es que el poder continúe en manos del Vicepresidente Maduro.
El proceso integracionista de Latinoamérica
La prematura muerte del Presidente Chávez también plantea serios cuestionamientos sobre el proceso de integración regional: Chávez –a diferencia de sus antecesores, que habían sido mandatarios con políticas exteriores grises, poco audaces y nada proactivas- incidió notablemente en los proyectos de integración latinoamericana.
No en vano, el chavismo fue precursor de la Alianza Bolivariana para América (ALBA), la de Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), todas ellas propuestas que buscaban desplazar a organizaciones pro-yanquis, siendo el principal modelo la Organización de Estados Americanos OEA
De igual manera, Chávez utilizó su participación en estas organizaciones de manera activa, buscando determinar con ello la balanza de poder de la Región, así pues en 2008 y ante el escándalo de la utilización de bases colombianas por parte de las fuerzas armadas norteamericanas, el Presidente Chávez optó por retirarse de la Comunidad Andina de Naciones CAN. De igual manera, sus constantes críticas al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, y sus pulsos de acción con la OEA marcaron su década de una política exterior personalista y de línea directa por parte del Presidente.
Así las cosas, queda la inquietud en torno al proceso de integración regional, que –para bien o para mal- Venezuela coordinaba de manera magistral, conforme a sus intereses regionales. Sin lugar a dudas, es necesario frente al proceso de transición electoral en Venezuela, que los procesos de integración que cargaban con la profunda carga ideológica de amigo-enemigo del chavismo se asuman más profesionalmente por el país con mayor experiencia en trayectoria diplomática oficial, es necesario, que el Gobierno Rousseff asuma el papel de líder regional que parece evitar en medio del complejo panorama de inestabilidad suramericano. Por lo menos, mientras el Gobierno que asuma la conducción de Venezuela defina cuál será su accionar de cara a la integración de la región.
Los principales desafíos del chavismo y de la oposición
¿Quién asumirá interinamente los destinos de la patria bolivariana mientras se convocan nuevas elecciones presidenciales? ¿Cuáles serán los candidatos de cara al nuevo periodo de Gobierno? ¿Qué papel cumplirán los Partidos Políticos y las fuerzas armadas en el nuevo periodo de transición?
Son esas las preguntas que aún permanecen sin respuesta en el panorama político latinoamericano y que es necesario plantear de cara a la estabilidad de ese país y de la Región.
El primer reto del Chavismo, así las cosas es demostrar que las tesis de “el fin justifica los medios” no se impondrán por encima de la Constitución Nacional, y que será ella quien defina el escenario inmediatamente anterior, lo que implica –a nuestra interpretación- que el Gobierno debe quedar en manos de Diosdado Cabello, lo que además garantizará un respeto a la líneas de juego en el caso de que –seguramente así se dará- Maduro aspire a la ratificación de la herencia otorgada por Chávez antes de su partida a Cuba en noviembre pasado.
Es necesario, que este compromiso a la constitución implique a su vez, que las fuerzas armadas se subordinen a la Constitución, y que cese cualquier tipo de desmán y descontrol político que se haya originado por la muerte del mandatario bolivariano. Solo esa sujeción de las bayonetas al orden democrático garantizará que las reformas impulsadas por Chávez se ratifiquen como políticas de Estado, asumidas por los diferentes estamentos sociales, y no como frutos de un Gobierno populista y garantizados por las Armas.
De igual manera, la oposición enfrenta en reto de consolidar un proyecto político post-chavista que sepa interpretar el sentir de un pueblo que mantuvo a Chávez en el poder, puesto que se convirtió en única salida a una serie de males endémicos, ocultados a la Sociedad Internacional, pero que carcomieron un sistema en su interior. Que sepa construir a partir de los logros del Gobierno de Hugo Chávez Frías, pero garantizando que no se llegarán a los excesos en restricción de libertades, injerencia en asuntos internos, y tantos males más que hoy muestran a Venezuela como una Nación dividida y desolada.
De la madurez políticas de las partes en busca de concluir esta nueva etapa sin que haya derramamientos de sangre, mayor inestabilidad económica y violación del Estado de Derecho, dependerá en buena parte el futuro de la Nación venezolana y del proyecto chavista.
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Más allá de cualquier análisis sobreviniente, para Venezuela empieza un difícil proceso de transición: sólo la verdadera cooperación internacional, la veeduría de organismos internacionales y ONG’s en torno a la protección de los Derechos Humanos y el fortalecimiento de la cultura democrática, podrán llevar a que esta nueva etapa sea lo menos traumática posible para la cuna de Simón Bolívar.
(Publicado en www.observanto.net)
*Abogado de la Universidad Surcolombiana (Colombia), Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa de la República Argentina. Candidato a Magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Actualmente se desempeña como Jefe de Programa del Pregrado de Ciencia Política en la Universidad Surcolombiana, y Director de Orientación de ASPAEN Gimnasio La Fragua. Coordinador de Relaciones Institucionales de la Agencia de Análisis OBSERVANTO (www.observanto.net), Ex Director del Observatorio de Colombia y del Observatorio de Uruguay del Centro Argentino de Estudios Internacionales CAEI (www.caei.com.ar). Es columnista de diversos medios de comunicación radiales y escritos.