Hace siete años no entraba al Estadio de Baloncesto Urdaneta Arbeláez. La última vez fue en una clase de Educación Física, como todas las que hicimos con mis compañeros del colegio donde me gradué. Me causó impresión que a pesar de tanto tiempo siguiera con algunos resquicios de abandono en la cancha, los baños, las cercas de alambre, las graderías, etc. Entré al lugar de siempre, de mi adolescencia, el que estaba lleno de mitos e historias extrañas como aquella de que en los baños aparecía una mujer decapitada a asustar a los hombres que entraban allí; el de las correrías y sustos donde alguien hacía un pequeño amague de saltar por las barandas que antes eran amarillas, para caer y quién sabe, sobrevivir.

Pero más allá de ese abandono me sentía satisfecha. Porque Neiva, como el pueblo o provincia que es ante los habitantes de las grandes ciudades; el “pequeño infierno” al que algunos opitas hacen alusión, el Valle de las Tristezas forjado por la mirada de los españoles y de un Gonzalo Jiménez de Quesada al que le dieron el señorío; con su insensible expansión del perímetro urbano y la acogida que le da a los grandes centros comerciales y menos a los escenarios culturales; la corrupción rampante de algunos que se hacen llamar políticos, la indiferencia del ciudadano común que no permite comprender nada, con eso y con todo, me di cuenta que aún había forma de enmendar tantas carencias, que en las pequeñas ciudades como Neiva nadie se asfixia porque siempre existen alternativas por donde respirar. Entonces supe que el Urdaneta ya no estaría tan abandonado y que al contrario, estaba ofreciendo grandes cosas: le ofrecía una cita a los rockeros de Neiva para disfrutar de los pocos y más recientes espacios culturales que tiene esta pequeña ciudad. “Este es el propio para hacer conciertos”, comentaba un amigo que me encontré allí. Yo solo dije sí, porque lo era. Era el propio mientras existiera un espacio más digno y acoplado para ese tipo de eventos. Y así, muchos de mis conocidos más cercanos no sabían de su existencia. “¿Dónde queda el Urdaneta?", preguntaban algunos.
Hace dos años me había presentado con una banda local a las eliminatorias de este mismo Festival en el Parque de los Niños. La banda pasó y se presentó en el 2013 en un sitio conocido como Banquetes Castillo, sin la infraestructura del Urdaneta, ni la dinámica del Neiva Rock de este año. En esa ocasión, Kraken hizo su show como la leyenda del metal colombiano y se hizo un Meet and Greet junto a I.R.A, legendaria banda de punk colombiano y entonces algunos jóvenes neivanos punk y metaleros pudieron posar ante flashes de cámaras para congelar un pequeño momento al lado de los grandes de sus géneros favoritos, aunque algunos dijeran para qué, y por qué Kraken cobró “millonadas” cuando siempre ha cantado gratis en bares de Medellín, etc. Con todo lo malo y aburrido del caso, se hizo y se disfrutó, se cantó y algunos lloraron porque además del fanatismo y fidelidad del público, nunca los habían visto en vivo, y menos en Neiva. Este año, fue diferente, claro, y muchos dijeron el sábado pasado que la evolución había sido notoria, pero, como siempre, los errores no faltaban. Que la ausencia de programación, que el lugar, que la falla en el orden de las presentaciones –una especie de “curaduría musical” que al parecer ninguno de los organizadores tuvo en cuenta–, que la poca divulgación y publicidad previa al evento, que la “politiquería” cuando al final de casi todas las presentaciones se nombró a una concejala que había metido las manos para sacar adelante un proyecto que ningún político hubiera mirado, que el irrespeto de algunas bandas hacia el público y la lista continuaba y era como infinita.
Llegué a las siete de la noche, justo cuando la banda local Torre de Control empezaba su show. Días antes del Festival, muchos usuarios de Facebook solicitaban a gritos la programación porque no pensaban “mamarse todo un día escuchando bandas que no les importaba”. Muchos les respondían con el mismo argumento por el cual ellos la solicitaban. “¿Para qué programación si no van a todo el evento?”. De todas formas, con una buena curaduría se hubiera creado un buen esquema de presentaciones que no dejara que algunos asistentes faltaran a casi todo el evento por “X” ó “Y” banda, algo casi inevitable en los festivales.
Y un día después del evento, alguien reprochaba porqué, cuando había una banda como Nepentes con un discurso anti-sistema, una concejala que hace parte de la administración municipal se subía a la tarima y todos la aplaudían. Entonces recordé las palabras de un rapero chileno cuando hablaba de la autogestión y de cómo en una pequeña ciudad de Chile hicieron tres pequeños conciertos de rock y con el dinero recogido organizaron un gran concierto masivo y gratuito en un parque de esa misma ciudad. Me pregunté si podíamos hacerlo en Neiva para no tener que acudir a la administración y dije que sí, aun cuando Neiva no fuera esa misma ciudad chilena y faltara tiempo para alcanzar un nivel de conciencia que valorara los esfuerzos de quienes emprenden un proyecto para llevarlo a cabo.

El baterista de Koyi K Utho durante su presentación en Neiva Rock
Entre tantas cosas buenas y malas, Koyi K Utho, agrupación de metal industrial colombiana con más de una década de trayectoria, llamó a algunos asistentes "niñas" por estar sentados en las gradas del estadio y un espectador que denigraba de ella fue presa de burlas por los mismos integrantes que no escatimaron un poquito en ridiculizarlo durante casi todo el show. "La niña de la camisetica de verde", le gritaban. Una lijadora era un instrumento más de la presentación y al final, la banda lanzó al público baquetas partidas y botellas con agua que alguna persona del público la recogió. Y Nano, vocalista de Nepentes, otra agrupación nacional invitada, celebró su cumpleaños en Neiva durante el tour denominado TourProtesta. “Quiero llevarme un bonito recuerdo de la ciudad, de Neiva”, dijo subido en la tarima ante un número incierto de espectadores. Nunca supe si se lo llevó.

Nano, vocalista de Nepentes
Al final solo pude concluir que Neiva, como ciudad intermedia, está escalando niveles. Cuenta con uno de los mejores Festivales de Cine en el país (Cinexcusa) y ahora, con dos ediciones de un Festival de Rock, ha reunido numerosas bandas locales que han compartido tarima con nacionales como Kraken, I.R.A, Masacre, Nepentes, Koyi K Utho, Locombó, entre otras, algunas pertenecientes a carteles anteriores de importantes festivales como Altavoz (Medellín) o Rock al Parque (Bogotá), éste último considerado recientemente como el tercero más importante en el mundo. Que Neiva siga escalando niveles es incierto, que se mantenga donde está, probable, pero que caiga, jamás.
Fotografías: Neiva Rumbera TV