Oscar Delgado del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA en el documento “Bibliografía Colombiana Sobre Desarrollo Rural 1970 – 1983”, define el desarrollo rural como “el mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de la población rural (salud, alimentación, educación, vivienda, trabajo, obras de infraestructura) inducido mediante un aumento de la producción y la productividad agrícola, con la implementación de diversas estrategias tecnológicas apropiadas a la región. (Ver documento completo).

Desde la Política de desarrollo rural del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ha reconocido oportuno guiar planes hacia el mejoramiento de "la calidad de vida de la población rural de bajos ingresos procurando asegurar, al mismo tiempo, una efectiva y eficiente contribución de la economía rural al proceso de desarrollo nacional”. Para ello, ha hecho expresa su intención de apoyar el desarrollo de las economías campesinas y otros sectores de menores ingresos en las áreas rurales.

El desarrollo rural según las lógicas imperantes 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Albert Berry, Doctor en economía de la universidad de Bristinton, ha plantea que dos de los sistemas económicos más preponderantes a nivel global son el bimoral y el unimoral. Fácilmente influyentes en el sector agrario. En Los países en los que el modelo es unimoral, expresa el Doctor Berry, la mayoría de productores elaboran en las mismas proporciones, se asemejan en sus ingresos y en las tecnologías que aplican. Mientras los bimorales se caracterizan su economía por la concentración de la tierra en pocas manos y la existencia de “grandes alianzas entre lo que tiene un producto y los que tienen otro” para ejercer el control de mercado.

Japón Corea y Taiwán son los más reconocidos actualmente por su experiencia Unimoral. Entre los Bimorales están Canadá y muchas regiones de los Estados Unidos. Así como la mayoría de los latinoamericanos incluido Colombia.

“Históricamente hemos visto experiencias bimorales, alguna de ellas han generado revoluciones porque implican la concentración de la tierra. La revolución rusa, francesa etc. Este sistema ha traído efectos de desigualdad en la sociedad”, manifiesta el Especialista argumentando además, que en cambio “la economía unimoral trae una sociedad muy saludable, deja las bases para que el sistema político funcione. (…) Le apuntan a la generación de nuevas tecnologías.

Al contrastar la eficiencia económica estrecha (actores) y las variables macro (PIB) en los dos modelos, el profesor de la Universidad de Bristinton ha analizado y encontrado, que la contribución al empleo y las soluciones generales desde el sistema guiado por la tendencia unimoral, es la solución para la economía agraria global. “En la medida que los pequeños capitales fijen su atención en objetivos de alto rendimiento es algo extensivo”. En producciones familiares de frutas y legumbres por hectárea, “el pequeño productor tendrá siempre un incentivo para producir porque de eso dependerá su vida, de esta manera los cambios serán significativos y contribuirán al PIB de forma palpable”, ha expresado el profesor e investigador Berry.

Para el contexto de Colombia y su mercado, el estudioso norteamericano cree que la agricultura familiar, y no la minería, es la solución que necesita el modelo nacional para alcanzar unos buenos desarrollos que mejoren los niveles de ingresos y productividad sin necesidad de aumentar la propiedad. “Hemos visto en la historia que han sido, en muchas ocasiones, que los pequeños generan los cambios”, ha resaltado Berry.

Las raíces del problema de la tierra en Colombia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Doctor Hermes Tovar Pinzón en su recorrido investigativo de 1760 a 1899 ha enunciado que los problemas por la tierra en Colombia se desarrollaron a partir de procesos de colonizaciones como “La Antioqueña”. Las cuales condujeron a la apropiación, repartición de baldíos y “la formación de unos grupos de terratenientes” que “supieron aprovechar la oportunidad” antes de que la colonización empezara a tener su propia dinámica para concentrar la tierra.

El investigador ha enunciado los casos de “El rio Chinchiná”, que al entrar en disputa por los colonos, apareció Antonio Gonzáles, Terrateniente de la época (1818), reclamando lo que no era de él. Quedó con 240 mil hectáreas de tierras”. En 1824 tomó posesión de esas tierras en Sabanalarga.

Otra experiencia, según el Doctor Hermes Tovar, se vivió en inmediaciones de los ríos Oso y Pato, donde se firmó un acuerdo para saber quién se quedaba con las tierras. “La Compañía Aránzazu se quedó con las tierras, luego de que en 1833 el gobierno de Antioquia suprimiera un pueblo y se lo entrega a Aránzazu. Los cabildos indígenas se unen logrando que se les den lotes de tierra, pero el gerente de la Compañía decide sacarlo de las tierras e incendiarles las casas. En 1853 se llega a un acuerdo en el cual la compañía entrega 6843 hectáreas de tierras a los cabildos”, ha reseñado el Investigador Tovar Pinzón.

Proceso en torno a la tierra, en donde imperó el centralismo, se abrieron “múltiples fisuras en el territorio” y “castigaron el sector rural” desembocando en la llamada violencia colombiana (1946 – 1966), que dejó “210 mil parcelas perdidas y 2.300.600 víctimas a lo largo y ancho del territorio nacional”; sumados los daños morales, políticos, sociales y culturales. Una etapa que, indica el Doctor y profesor de la Universidad de los Andes, podría repetirse con el pasar de los años “por la culpabilidad del estado” que promueve una “la mala organización” en el territorio.

“La minería no ha sido en ninguna época histórica el dinamizador de la economía de los estados, el metal se va y sólo quedan los socavones y sus daños ambientales. No hay que olvidar que las instituciones no son autónomas pues su economía depende de un mundo de persona”, ha recalcado el investigador en su ponencia “Los baldios y los problemas de la tierra en Colombia. (1760-1899)”, del 19 de marzo de 2014 en la Universidad Surcolombiana Neiva.

La discusión sobre el desarrollo rural

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Carlos Salgado Araméndez Director de Planeta paz, la multiplicidad de expresiones y posiciones frente al desarrollo rural que están en juego lo hacen apasionante y lo ubican como un tema típico de la vida colombiana.

Uno de los escenarios más dramáticos donde entran en juego teorías o propuestas. Un mundo rural “de confección, de materialización de los más grandes conflictos que vive el país desde hace 100 a 150 años que ha tenido consecuencias drásticas como el desplazamiento forzado, las desapariciones, la concentración de la tierra, la materialización y concreción de la barbarie”, ha dicho el investigador Salgado.

De la rama de la economía neoclásica, afirma Carlos Salgado, deriva la concepción que ha tenido Colombia sobre el desarrollo rural, básicamente las propuestas o las medidas compensatorias para el campesinado. Mientras la política para la agricultura, el sector pecuario y forestal se ha movido por la vía de la política de crecimiento económico. “Han sido dos carriles paralelos que usualmente no han tendido a encontrarse”. “Hemos tenido un cuadro incompleto de discusión y de debate sobre los temas rurales en el país”, ha manifestado el investigador de la Universidad Nacional de Colombia.

Es el mismo Salgado Araméndez quien pone de manifiesto cómo la “segunda generación de economistas del desarrollo se viene preguntando ¿Qué se debe entender por desarrollo rural en estos tiempos? Retornado a la discusión sobre los temas agrícolas desde el análisis de las viejas políticas del desarrollo que no pudieron resolver los problemas de pobreza, de inequidad y de conflictos distributivos en el mundo rural”.

Interpelan por “las relaciones entre macro economía y agricultura de acuerdo a cada etapa que atraviese el desarrollo de cada país” frente a otros países, para establecer el destino de las políticas de desarrollo, apropiadas a los equilibrios internos Desde el punto de vista microeconómico creen pertinente enfocarse en las fallas de los mercados inter temporales, en relación con los problemas de los seguros, los créditos, la tierra y el trabajo como variables.

Posturas, que para el investigador corresponden a la onda de La política Agrícola común de la Unión Europea que han llevado a los países de Suramérica a pasar de la idea de lo agrario, entendido como el énfasis en la parcela y en la finca, a colocar los énfasis básicamente en los territorios. “Todos los territorios están puestos en la mira del capital para ser susceptibles de uso y todos los recursos disponibles en ellos también”, anuncia el investigador.

Una “Matriz” desarrollada por el Instituto Iberoamericano de Cooperación para a la Agricultura en América Latina, que según el profesor Salgado, demuestra que la tendencia es la copia de modelos económicos en contextos culturales y sociales distintos. En el caso de Colombia fue “acuñada“ en el año 2003 por el ICA, pasando de “la descentralización y reforma del estado al “reordenamiento territorial”. De “participación o conversación” a “cooperación e inclusión”. De “la discusión sobre la perspectiva ambiental al desarrollo sostenible”. “De la discusión sobre la economía agrícola a la economía territorial”. Cambios conceptuales que hoy en día hacen parte de la discusión sobre lo rural y los cambios en la comprensión de las relaciones rural – urbanas.

Las propuestas sobre los enfoques a la ruralidad

Todas las posturas y políticas que ha vivido la ruralidad ha hecho que sean constantes la emergencia de múltiples relaciones entre los territorios y las comunidades. Las cuales generan formas alternativas frente a lo que conciben de la globalización. “Una noción hegemónica que con la firma de tratados de libre comercio impone patrones de acumulación acelerada y desvaloriza el campesinado y los pueblos étnicos como actores básicos del desarrollo rural” dejando al “empresariado como el único actor, supuestamente avalado desde el punto de vista económico”, Ha expresado Carlos Salgado de Planeta Paz, mencionando que entonces prevalece el costo beneficio por encima de la ley.

Son diversas las propuestas que hay en el entorno colombiano. El proyecto de ley de tierras del Gobierno, los acuerdos en la Habana, el programa agrario de la guerrilla. Así como el proyecto de tierras y desarrollo rural de la Mesa de Unidad Agraria en la que confluyen buena parte de las organizaciones rurales y campesinas, en el que “se coloca el énfasis en la comunidad rural como elemento central que debiera gestar las políticas de desarrollo rural”, resalta el académico.

Desde instituciones internacionales sobresalen Las políticas de desarrollo humano de Naciones Unidas que gesta una propuesta en torno a “las dinámicas rurales basadas en el desarrollo humano con énfasis en los territorios”.

Las propuestas derivadas de los paros campesinos, que “colocan el énfasis en los territorios pero con un papel preponderante de las comunidades”, y “que en consecuencia involucran las perspectivas de género sobre el tema”, también ha manifestado el investigador de la Universidad Nacional.

Por otro lado, el profesor Julio Carrizosa, ha puesto el énfasis en la necesidad de que las políticas territoriales tengan unos procesos de gestión ambiental y de sostenibilidad local muy fuertes que propendan por la sostenibilidad local y no una discusión general en cuanto al tema. Que dé garantías para la sostenibilidad de los municipios como unidades administrativas con la concreción de zonas de vida, unidades geográficas y de población, y la concentración de poder en torno al control de esos ecosistemas.

Estas y muchas otras posturas referentes a la tierra están presentes en una Colombia donde, según el investigador Carlos Salgado, prevalece el uso ineficiente de los recursos de la tierra para en la agricultura. “De 40 millones en pastos, deberíamos utiliza 15, de cinco que utilizamos en la agricultura debiéramos usar 22”, agrega, interrogándose si ¿Puede casarse el país con un solo enfoque de desarrollo rural cuando hay una riqueza tan grande de perspectivas y análisis sobre lo rural, y sobre todo cuando la realidad de una manera tozuda demuestra que quienes se asumen como eficientes pueden que sean en sus negocios privados peor no necesariamente en la construcción de una dinámica territorial de la nación que permita efectivamente que hablemos de desarrollo rural en términos de calidad de vida, uso eficiente de los recursos?.

*En el marco del Foro “Desarrollo Rural y Tierras” organizado por la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Surcolombiana

Fotografía de: pintura ole realizada por Andrés Bravo Gustin