Al hablar del cine en Colombia se hace importante primero indagar por sus inicios y la forma como se ha desarrollado (ver enlace), pero sin ahondar en clásicas y bien sabidas definiciones, el maestro investigador y crítico de cine Juan Guillermo Ramírez considera que el cine en un principio fue cuestión de Snob (jerarquía), pero luego fue acogido por algunos directores como una necesidad existencial, para otros como un modo de vida. Perfiles que se hacen notorios en los espacios donde confluyen los artífices del cine en Colombia: se haya personas que viven del cine, gente que vive para el cine y personajes que viven en el interior del cine; una cuestión eminentemente sociológica, una cuestión absolutamente mental y psicológica, según recalca el experto.

Juan Guillermo Ramírez, crítico de cine
Pero ante el contexto de Colombia, el crítico considera fundamental, para saber que es el cine en nuestro país, el planteamiento de interrogantes que aunque complejos aportan en la comprensión, tales como: ¿qué tanto le sirve al país el cine que está haciendo? ¿Qué tipo de directores son los que están proponiendo cosas distintas? Es desde ese punto que se puede comprender mejor, o si no, según recalca él, se hablaría de lo mismo. Es así como las nuevas propuestas y directores arriesgados que tratan de ser un poco originales, se convierten en el punto recomendado para significar en estos tiempos la realización audiovisual; “hay es una cantidad de películas que se están produciendo al año pero de esa cantidad la calidad es mínima, uno ve 25 películas pero de las 25 por ahí se salvaran dos, tres máximo si uno está de buen genio y enamorado.”, señala el señor Juan Guillermo Ramírez.(ver enlace)
Por su parte Carlos Santiago Amézquita, Estudiante de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, considera que, además de lo anterior, el cine aquí en Colombia no es una industria, ese apelativo no es más que “una bandera política”, una cuestión que para él no es negativa ya que le da la posibilidad a la cinematografía colombiana de buscar modelos de producción propios que le ayuden a rebatir la estandarización. “Yo veo que en Colombia algunos directores o algunos productores están sacando largometrajes que intentan, por ejemplo el caso de Poker del 2012, hacer el cine que se hace en otros países como Estados Unidos (…) son películas que tratan de copiar los paradigmas de otros países, pero sin las formas, sin los recursos, sin el conocimiento – porque no es sólo de plata- sin la técnica, sin los actores, sin la capacidad en términos generales; terminamos haciendo parodias y los que las hacen terminan siendo parodias ellos mismos de otras personas que sí la tienen muy clara”, indica Amézquita.
Practicas cinematográficas que según Juan Fernando Murietón, director de “El Samán Festicine Vídeo Imagen”, se debe precisamente a lo mismo, al afán de que haya una industria “están queriendo parecer hacer una industria pero como una imitación de Hollywood”, asevera; paradigma que se presenta sobre todo con el largometraje, porque en cortometraje él considera que se puede percibir el interés que hay de hacer algo con el corazón con otras narrativas, otras miradas.
“Desde que no exista laboratorio de revelado no se puede hablar de una industria cinematográfica en un país, es así de fácil (…) hablemos de industria cuando ya haya laboratorio.”, Agrega Juan Guillermo Ramírez.
Las nuevas tendencias – Marcas

Carlos Santiago Amézquita, Estudiante de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia
Pero en Colombia, las ironías también se dan en este arte, ya que en planteamientos de Carlos Santiago Amézquita, los que dicen no ser industria, el cine “alternativo”, también se está estandarizando al tratar de posicionar una marca, como sucede con películas como: Los Viajes del Viento, El Vuelco del Cangrejo, La Sirga, “son películas que si bien le apuestan a algo diferente respondiendo a una idea de lo que era el cine aquí en Colombia, ya se están volviendo un sello, un branding, una marca.”, comenta.
Argumento que Juan Guillermo Ramírez, crítico de cine, comparte planteando que es una nueva tendencia que amerita ser pensada y analizada muy bien, pues para él, al contrastar este tipo de películas con el cine latinoamericano contemporáneo, se puede identificar la misma onda: “un cine miniminalista, con personajes pequeños, películas pequeñas de bajo presupuesto, los personajes casi no hablan y hay una introspección de los diálogos”. Ante lo cual esboza que puede ser una tendencia que obedece a los jurados de los festivales a donde van generalmente los proyectos, considerando que no parece una tendencia natural del cine sino “una tendencia de jurados y críticos”; “Yo creo que ahí es donde está la participación de la crítica, porque la critica cuando no se tienen los espacios , porque uno se agarra con los medios masivos, monta blogs, se mete por internet; pero también existe el otro oficio que están ejerciendo los críticos hoy y son programadores y jurados de festivales, ese es el oficio y la otra manera de ejercer la crítica a partir de la programación; pienso y creo que eso de alguna manera está influyendo en algo, en esa nueva tendencia en el cine colombiano”, indica, recalcando que es importante empezar a investigar. Una tendencia que para Carlos Santiago Amézquita, respondería mediante un filtro a “lo que los europeos quieren ver”, teniendo en cuenta que estas convocatorias necesariamente traen jurados de otros países para escoger los proyectos, regularmente de Europa.
Políticas para el cine
“Actualmente, (…) se puede decir que en Colombia existe la institucionalidad, los recursos (tanto humanos como financieros) y la voluntad política necesaria para la existencia de una política pública del cine en el país. Aunque en oportunidades anteriores se pretendió fomentar la actividad por medio de reglamentaciones y la creación de organismos gubernamentales, se descuidaron aspectos básicos que hicieron que muchos de estos intentos se quedaran sólo en el texto de una ley o terminaran por quedar sin recursos. Lo importante es que se tuvieron en cuenta los errores cometidos en el pasado y en la Ley del Cine se intentó superar esas dificultades. Un gran problema que ha tenido el cine colombiano desde sus inicios es que, como muchas personas señalan, se ha tenido que hacer con “las uñas” por la falta de recursos.”, dice textualmente Bibiana Paola Acosta Lara en su Monografía de Grado de 2009 (ver enlace), lo que ella indica como conclusiones de su trabajo, lo recalca Murietón, director de “El Samán Festicine Vídeo Imagen” de Viterbo Caldas, al decir que en la ley de cine no está contemplado muy bien los puntos de los diferentes oficios del cine, en su caso el de Gestor Cultural y Formador de Públicos; y aunque Bibiana reconoce que la legislación del cine en Colombia ha sabido aprender de los errores, Murietón cree que aun es un camino largo: "por eso ya estamos asociados como festivales de cine en una agremiación de 63 asociados que se llama ANAFE (Asociación Nacional De Festivales Y Muestras De Cine Colombiano)”, ejemplifica.
Las dos participaciones del estado en la cinematografía se han dado, la primera, con “La Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine)” (ver enlace), una empresa industrial y comercial del Estado vinculada al Ministerio de Comunicaciones cuyo objetivo era ejecutar políticas que tuvieran incidencia sobre la industria y recaudar, administrar e invertir recursos; una etapa donde según Juan Guillermo Ramírez, crítico de cine “se hacían películas para jurados de festival, no para el público”, además la califica como “nefasta”, un “descalabro”, ya que “ahí lo único que se hizo fue darle la posibilidad a una serie de directores, rescatados de la televisión para hacer los mediometrajes por televisión en la época de María Emma Mejía”.
La segunda, fue con la dirección de cine, la ley del Ministerio de Cultura en 1997 (ver enlace) y la Ley de Cine en 2003 (ver enlace) con la que se creó, el Fondo Nacional para el Desarrollo (ver enlace) (dinamizado en los últimos años) que busca financiar y fortalecer el desarrollo del cine a través de convocatorias para la realización de proyectos de: largometrajes, Mediometrajes, Cortometrajes, animación, etc. En este punto, el crítico de cine, reconoce como uno de los aciertos de la política, la profesionalización de los oficios del cine; “ya hay gente joven que se dedica a la producción, antes no existía, si no es por Jaime Osorio la figura de un productor ejecutivo no se identificaría. Se han puesto un poco serios, hay unos productores, ya hay asociaciones y agremiación por cada uno de los oficios: están los documentalistas, los guionistas, los fotógrafos; o sea ya se está ordenando el mapa porque antes era un caos total, afortunadamente eso ha puesto un poco en orden.”, asevera.
Al respecto, Carlos Santiago Amézquita, Estudiante de Cine y Televisión, considera que es muy interesante el apoyo que en Colombia se está dando a la cinematografía, convirtiéndose en uno de los pocos países, quizás del mundo, cuyo estado decide invertir en la producción cinematográfica. “En ese sentido yo creo que la política cinematográfica de nuestro país es una gran apuesta por el cine, realmente vale la pena, yo creo que ha ayudado a mucha gente a hacer películas, y no sólo a hacer películas sino a meterse en el cuento del cine”, dice, calificando como positivas las convocatorias que empiezan a fortalecer las diferentes ramas del cine como oficios profesionalizados, lo que él llama “atomización de los cargos en el cine”; por lo cual la política propia del estado desde el Ministerio de Cultura a través del Fondo de Desarrollo Cinematográfico es funcional y creativas.
De la pornomiseria a lo pornosensible

Juan Fernando Murietón, director de “El Samán Festicine Vídeo Imagen” de Viterbo Caldas
“Regularmente aquí la moda era, escribamos guiones como si fuéramos amores perros -Tarantino y amores perros ha sido nefasto de alguna manera, aunque nos puso a delirar con esas películas, ha sido una influencia muy tenaz- porque para ser moderno hay que fragmentar; juguemos con el tiempo, vamos a mamarle gallo al público y que está película empiece al final, rompamos con esa estructura lineal; pero romper por romper no, hay que volver otra vez a las historias sencillas que nos cuenten una historia, y si no la quieren contar no la cuenten pero que nos la planteen.”, señala el maestro investigador y crítico de cine; así mismo indica que “la panacea” de que la ley de cine incremento la producción, y por tanto se puede hablar de una industria cinematográfica es errónea, pues muestra de ello, para él, es la invisiblidad actual en que se encuentra el cine independiente.
Aun así como conocedor del tema Juan Guillermo Ramírez cree que futuro del cine está en las escuelas, pues la generación de FOCINE para este arte está “muerta”, siendo los jóvenes o nuevos realizadores que vienen de la academia, universidades y escuelas, los que están apostándole a una nueva propuesta cinematográfica y de lenguaje cinematográfico desde un compromiso político y ético, ya que como él indicaba anteriormente, en Colombia se ve una gran cantidad de trabajos audiovisuales, que a su criterio, “ni siquiera son películas, pero las disfrazan como si fueran largometrajes, uno las mira y no palpita ningún tipo de corazón y compromiso, pero uno ve las películas absolutamente bien hechas: una excelente fotografía un lenguaje cinematográfico impresionante pero no hay historia, todo es perfecto; son películas bonitas pero de contenido no hay diástole y sístole son películas sin corazón y el corazón lo tiene que poner el director con el grupo.”, reflexiona. También, desde la producción indica, de una manera escéptica, que el futuro estaría en tres frentes; uno por el lado del Cortometraje, otro en el Documental y el otro en la mujer, y aunque las pocas realizadoras casi no se visibilizan y no sé sabe si hacen y no muestran, o no les interesa mostrar lo que hacen, él considera que hay un futuro oculto ahí por el “impresionante” papel que está desempeñando la mujer en el documental a nivel latinoamericano.
En este aspecto el estudiante de Cine y Televisión de la Nacional reconoce que la academia está empezando a lanzar gente que está haciendo cosas mucho más pequeñas, tales como Rubén Mendoza, al que considera un buen director, gente que está saliendo de abajo y que afortunadamente, para él, se están manteniendo abajo, sin intensión de enriquecerse, solo quieren hacer películas, hacer cine; en cuyos primeros desarrollos el cortometraje se ha vuelto una gran herramienta de exploración, de experimentación y de expresión. Él También cree que a nivel mundial la mujer está opacada, pero se proyecta a ser protagonista en próximos años; además cree que la producción de cine va a incrementar, y ante las dificultades que se vive con la distribución, más la “onda” del internet, los negocios por la web se incrementarán rompiendo con la idea y el esquema de la marca y el estándar, para empezar a sobresalir la pluralidad; desde la producción que los realizadores hagan desde sus regiones, otra de las ramas futuras para él cine colombiano; un aspecto que se proyecta debido al proceso de enseñanza que cineastas como Martha Rodríguez ha realizado con gente desde sus producciones, y las políticas del Fondo de Desarrollo Cinematográfico.

“Ahora los directores están pensando más en Canes, Berlin que en nosotros, entonces cuál es nuestro cine colombiano, a qué le va a apostar el cine colombiano, a que se haga como los de afuera quiere que lo hagamos o de verdad va a volver a contar nuestras historias.”, cuestiona Juan Fernando Murietón, director de “El Samán Festicine Vídeo Imagen” de Viterbo Caldas. Ante lo cual finalmente el crítico de cine Juan Guillermo Ramírez, expresa que si se ha cambiado, se ha subido de estrato, hemos pasado de la pornomiseria: ya no es gamín, la guerra del centavo, que se vio en las películas de Ciro Durán, “ahora hemos pasado de la pornomiseria a lo pornosensible, pero no hemos pasado del porno, porque es el cine que nos gusta que nos vean afuera.”, concluye el experto.
*Fotos secundarias: Fabian E. Charry Rodriguez Reportero Gráfico Muetras Audiovisual Mirada de Gato USCO