A los 15 años se lanzó a la esquina, con planilla y esfero en mano a “calibrar”. Un primo suyo conductor de buses de servicio público le enseño la labor. Todos los días a las 8:00 de la mañana Oliverio se dirige a su lugar de trabajo, ubicado en la calle 12 con carrera tercera de la ciudad de Neiva, capital del departamento del Huila.

El “calibrador” o “planillero” maneja los tiempos, una de sus principales herramientas de trabajo es la planilla, allí anota el número del móvil y la hora en que pasa, registrando así la frecuencia de los buses en cada uno de sus recorridos.

En un país como Colombia su oficio se cataloga como independiente, no tiene contrato laboral, los horarios los establece él y en promedio calibra 12 rutas que cubren vehículos de empresas transporte como Coomotor, Cootranshuila, Cootransneiva y Flota Huila. Una dinámica más del rebusque de la que viven cientos a nivel nacional. De moneda en moneda puede llegar a reunir 35 mil pesos en el día, fruto de las propinas voluntarias de los conductores, que regularmente son de entre 100 a 500 pesos en cada recorrido. “De ahí me toca sacar para los tres golpes, desayuno, almuerzo y cena”, asegura Sterling.

En la ciudad de Neiva el número de “calibradores” ha aumentado, cuando Sterling inicio habían 12, actualmente hay alrededor de 40. “En cada esquina encuentras dos, ya no cabe ni uno más”; según sus conocimientos en el centro, en inmediaciones de la séptima se ubican tres, al igual que en la zona norte. La lista se amplía de tal manera que en algunos sitios trabajan por turnos: uno en la mañana y otro en la tarde.

Aquí yo camello todo el día”

Si bien el oficio no es controlado y cualquier persona se puede dedicar a “calibrar”, existe una territorialidad. Oliverio manifiesta que se ha dado a conocer en la zona y que nadie le quita su lugar de trabajo. “Afortunadamente yo estoy calibrando en un buen punto”.

Actualmente vive solo pero responde por su mamá, la actividad le resulta rentable. Reconoce que si bien gran parte de su vida ha girado en torno a las busetas, al polvo y el sol inclemente de la ciudad, algún día se tendrá que retirar del oficio.

Paralelo a esta labor existen los despachadores de ruta, una práctica legal y con contratos fijos. Ellos a diferencia de los calibradores se encargan de reportar la llegada y salida de los buses en los paraderos designados, colocan los sellos verificando que los carros lleguen al punto definido.

“A punta de moneditas me puedo sacar más del sueldo mínimo, lo que se está ganando un despachador”, dice Oliverio, señalando que lo molesto en aquel trabajo radica en tener la obligación de responderle a la empresa. Y es que en los años que lleva trabajando como planillero se enseño a controlar el tiempo y no a que se lo controlen a él.

La labor del “calibrador” se mantiene debido a la reconocida guerra del centavo, competencia por tiempos entre conductores de buses urbanos. Oliverio sabe que el servicio que presta es de gran ayuda para los profesionales del volante y ellos se lo agradecen.

“Ellos cumplen una función importante nos avisan con qué frecuencia pasan los otros vehículos es decir “la competencia”, sostiene Luis Emiro Suarez conductor de servicio público urbano de Cootranshuila desde hace 15 años.

Si bien en la ciudad se viene evidenciando un aumento en las personas que desarrollan esta función, llegan las seis de la tarde y Oliverio se encamina de regreso a casa. Al cerciorarse del dinero en su bolsillo y posteriormente contar las monedas se da cuenta que 25 mil pesos es el resultado del día, “no está mal”, comenta. Mañana será otro día.

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