Desde la capital del departamento del Huila, Neiva, al suroriente, son 115 los kilómetros de paisaje colombiano que se debe divisar de los dos lados de la vía – que cimenta los destinos hacía el sur del país – para llegar a Garzón. Un municipio que da fe de la cultura campesina del departamento con los cultivos de café, plátano, cacao y arroz que se extienden por sus laderas; territorios por donde pasta el ganado cebú y normando, mientras los peces hacen su recorrido por las aguas del Magdalena o cíclicamente dan vida a los lagos de crianza.

Allí el sol suele ser más amable, la brisa sabe a montañas y las fachadas demuestran el orgullo arquitectónico de su misticismo. Un territorio donde la garza que le concedió su nombre alzó vuelo a 830 metros sobre el nivel del mar, 400 más que Neiva donde las palmeras dan un aire de ciudad costera.

¿“La Capital Diocesana del Huila”?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La diócesis puso sus cimientos el 20 de mayo de 1900 durante el papado de León XIII, conformando así una jurisdicción de 22 municipios del departamento del Huila, con 57 parroquias. Una tarea que lideró el Monseñor Gustavo Rojas Tovar luego de la separación diocesana del Tolima Grande, pasando a cubrir una gran parte del patronado en el departamento hasta la separación de Neiva en el año 1972.

Con el levantamiento del Seminario Conciliador empezó a hacer curso el desarrollo filosófico y teleológico de los seminaristas en su tránsito hacia el sacerdocio, y con ello dio tono a la atmósfera de la cuna de la religión católica en el departamento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Aquí hay una gran acogida al catolicismo, pero por su puesto las iglesias separadas cristianas también han tenido un auge y yo creo que ha sido significativo en el sector rural, los campesinos tenían dificultad para venir (al casco urbano), entonces el pastor de iglesia separada va allá y evangeliza. Hay veredas donde son numerosas las diferentes iglesias que han llegado, han ido trabajando y tienen una aceptación más amplia de la que tenían hace 50 o 80 años”, dice el historiador y profesor de la Universidad Surcolombiana Jorge Gentil Puentes rojas.

 

 

Y es que en el municipio las miradas, los comentarios en el parque, las vestimentas y las fachadas de algunas viviendas demuestran que en Garzón los tiempos han cambiado o simplemente se han quedado cortos al reseñar la religiosidad.

En aquel espacio donde hace 100 años eran 4000 los habitantes y que hoy en día se acercan a los 90 mil, “el desarrollo de la culturización ha enraizado otros paradigmas desde el punto de vista de fe y de desarrollo de pensamiento; no solamente se ha multiplicado el desarrollo cristiano separado sino el ateísmo y otras prácticas de fe”, como señala el historiados Jorge Gentil Puentes, haciendo alusión a las nueva visiones y conceptualizaciones que, aunque en ocasiones no se hallan profundizado, son una realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Mormones, Alianza Cristiana, Casa sobre la Roca, Testigos de Jehova, Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, la Fildelfia, la Misión Carismática, la Pentecostal Unida de Colombia, el Movimiento Misionero Mundial, entre otros cultos, pernotan a lo largo y ancho de la zona urbana y rural. Las “iglesias no son muy grandes, son de pocas personas, de pronto la filosofía de ellos es así”, infiere Carlos Gutiérrez catequista de la Diócesis.

 

La religiosidad: ¿asuntos de crianza?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el parque central Simón Bolívar han hecho eco los cultos, desde la imponente Catedral se han filtrado los sermones católicos que con premeditación han anunciado las campanadas. Allí mismo propios y extraños han detenido sus pasos ante la amplificación de la voz que se extiende a través del megáfono en las congregaciones de las “iglesias separadas”, como las denomina el historiador Gentil Puentes. “Yo cuando paso los veo pero no me detengo a ponerles cuidado”, agrega el señor Gutiérrez que constantemente lleva gafas y un aire de joven. (Ver vídeo).

 

En el interior de las ya históricas paredes del recinto sobre el cual cae toda la semántica del catolicismo garzoneño, se encuentra el Vicario general Agustín Sierra Losada, con su piel inundada de años y la reseña constante que de ellos hacen sus cabellos, manifiesta que la religión es la que une a los seres humanos con el ser divino. “Estamos ligados con Dios, nos acerca a Dios, nos hace a nosotros conscientes de que sin Dios no podemos nada, como dice Jesucristo: “sin mí nada podéis hacer”, San Pablo nos recuerda que todo lo podemos en aquel que nos reconforta”, dice el Monseñor Sierra de la iglesia católica. (Ver vídeo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son cientos, quizás miles las personas que cada mes acuden a Garzón a hacer peregrinaje, personas como Amanda García que junto a su hija se toma unas horas para hacer sus peticiones y agradecer por favores recibidos. Algunos llegan para cumplir promesas. “Eso viene del hogar, según como infunda uno la fe, respetando otras religiones”, dice refiriéndose a la proliferación de nuevos rituales, la señora García, dejando en claro que la religión católica es en la que cree e infunde en sus hijos.

Diana Paola Trujillo Bustos es estudiante de Ingeniería Agrícola en la sede de la Universidad Surcolombiana en este municipio, y reconoce que cada uno (ser humano) tiene su religión y es respetable. “Yo sé que soy católica porque mis papás desde pequeñita me ha influidon la iglesia católica". Reflexión que Dayse Julieth Manrique, estudiante de la misma área en la sede y congregada de una de las “iglesias separadas”, controvierte al argumentar que el hecho de que los sacerdotes (Católicos) digan una cosa y hagan otra, es la razón principal de la inconformidad que representan los cultos alternos, que según caracteriza “no es una religión si no una relación con Dios más cercana, una paz y una tranquilidad”.

La iglesia donde Dayse se reúne “es como especie de un garaje”, si tiene el tiempo necesario puede ir en cualquier momento todos los días a hacer oración. Ella regularmente “se congrega” todos los domingos durante dos o tres horas, y lo decide ayuna y da el diezmo”.

“Prácticamente es como una familia, todos están pendientes de lo que le pasa a cada uno, si tiene alguna necesidad, más allá de las físicas, las necesidades espirituales. Es muy chévere”, manifiesta la joven estudiante.

Betty hace 23 años acude a la iglesia Movimiento Misionero Mundial. Fue católica y considera que entonces su forma de ser era diferente: “para todo lo que hablaba eso eran madrazos, y supuestamente yo creía en Dios (…) a mí me llevaban a la misa pero nunca hubo un encuentro personal con Dios”, menciona. Ahora asegura que es diferente: “cuando el señor trató con mi vida fue que cambie totalmente”, dice; es una de las 160 personas que se congregan en el Movimiento Misionero de Garzón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Mayerli Ayala es una de las 160 garzoneños que se congregan en la iglesia Movimiento Misionero Mundial. (Ver vídeo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era el año 1984 cuando la iglesia Pentecostal Unida de Colombia puso sus cimientos en el municipio Diocesano del Huila. “La necesidad de llevar el evangelio a todas las personas en cumplimiento de lo que el señor Jesús dijo: ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura para que conozcan el camino del señor”, fue la razón de ser de la iglesia, según comenta su pastor, un señor de ceño fruncido y cabellos cortos pintados por las canas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Garzón “se comenzó la obra con una familia” y hoy ya hay dos sedes a las que acuden alrededor de 450 personas. También cuenta con recintos en zonas rurales de la Jagua, El Paraíso y el Caguancito.

Como las anteriores creyentes de “iglesias separadas”, el pastor de la Pentecostal también fue católico, pero manifiesta que nunca cambió de religión, simplemente “aceptó a Jesucristo como su único y suficiente salvador”. Dice, además, que a él como a muchos, la vivencia en la Católica nunca le generó grandes cambios. “Siempre éramos borrachos, maldicientes, cometíamos muchos errores, llegando al señor él perdonó por nuestros pecados y nos dio paz, nos dio gozo, alegría, felicidad; nos quitó esa tristeza que había en nosotros. Dios nos enseñó a amar primeramente a él y al prójimo”, agrega.

El relacionamiento entre los creyentes de los diferentes credos ha sido un proceso constante que ha vivido etapas en el municipio, no solo los miembros de la Iglesia Católica con las protestantes, sino entre las mismas “iglesias apartadas”. Sus filosofías los separan y los lleva a los cuestionamientos; hay grupos que son trinitarios (creen en tres, el padre, el hijo y el espíritu santo), otras que creen en Jesucristo como el único y verdadero Dios y las que toman en sus preceptos, según la biblia, a la virgen María (conocidos como marianos).

“Al principio si hubo bastante presión, la gente rechazaba el evangelio, ahora lo escucha y le pone cuidado”, cuenta el líder de la Iglesia Pentecostal en el municipio diocesano.

El poder económico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Garzón sabe a pueblo. Su organización territorial hace que mentalmente sea fácil caminar en cualquiera de los 32 municipios del departamento del Huila donde las calles, las fachadas, y sobre todo el parque central mira de frente a la iglesia Católica y a su alrededor convivan los poderes políticos, económicos y culturales tradicionales. Pero como en todos los municipios huilenses, sin temor a errar, las jerarquías han perdido parte de sus tonos, existen nueva visiones, nuevas conceptualizaciones, a las que les tomó tiempo consolidarse.

Referente al sentir religioso, que por naturaleza concibe el hombre, el historiador y profesor universitario Jorge Gentil Puentes Rojas, manifiesta que las iglesias a través de la historia se han separado en algunos casos por el poder predominantemente económico: ”el cisma de oriente, Martín Lutero, el Calvinismo, el Anglicanismo, todos en el fondo han tenido un motivo para que se haya separado, y ese motivo de causa es económico. Garzón también es parte de ese fenómeno que se ha dado a nivel mundial”, dice el historiador garzoneño.

Desde sus observaciones como indagador concluye que la fe en las “iglesias separadas” ha sido aprovechada por algunos líderes religiosos para hacer empresa, en cuyo propósito reseña como grave que “se predique la fe a través del temor (…) la gente se atemoriza y no tiene una conceptualización propia de lo que es Dios”. (Ver vídeo).


 

El llamado a la religiosidad no decae en la capital diocesana del Huila; en la iglesia católica doblan las campanas los 365 días del año. Las demás, entre sus particularidades, extienden sus puertas al congregado. Todos exhaustos buscan la paz interior, la fuerza para continuar en sus quehaceres diarios de toda una vida. En Garzón el desarrollo teleológico (que abarca varios campos: lo social, cultural, festivo, el desarrollo económico, etc.) aún tiene mucho por explorar.