Ramón Alfonso Morales, oriundo del municipio de Campoalegre en el Huila, desempeña el oficio de la plomería hace veinte años en pleno corazón de la ciudad de Neiva, entre transeúntes, pitos de carros, puestos de ventas informales de jugo de naranja, tinto y almojábanas.

A las ocho de la mañana llega a su “oficina”, ubicada en la acera frente a Empresas Públicas, en la carrera sexta con calle sexta; su puesto cambia según la posición del sol, en la mañana al costado de la empresa y en la tarde sobre el andén de al frente. Son alrededor de 18 personas las que junto a don Ramón establecieron allí su sitio de trabajo.

Los plomeros en la ciudad se mantienen vigentes gracias a los recurrentes daños que se presentan en los hogares neivanos que no son atendidos por las Empresas Pública de la ciudad, ya que su prioridad es el mantenimiento y adecuación de tuberías grandes, redes madres que surten de agua potable a la ciudadanía. “Ofrecemos el servicio particular ya que es más rápido, a uno lo llaman y enseguida está en el lugar presto a corregir el daño”, manifiesta el señor Ramón Alfonso.

El oficio de la fontanería

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plomeros de la calle sexta con carrera sexta en Neiva, frente a Empresas Públicas

 

La plomería es un oficio relacionado con el manejo de agua potable, residual y aguas negras; el mantenimiento de alcantarillado, grifería, llaves, cheques, medidores del agua y duchas. El señor Morales lo aprendió en el año 1972 cuando un político le consiguió trabajo en Empresas Públicas, en esa época le pagaban 1.100  pesos por realizar tareas de facturación, topografía y taller de medidores.

Todos los días se desplaza desde su hogar en bicicleta, en la parte trasera sobre una parrilla transporta la caja de herramientas donde guardan elementos indispensables para el desarrollo de los trabajos, como son trozos de línea, uniones, llaves para tubo, entre ellas la doce y la ocho, segueta, atornilladores, alicates, soldaduras, cinta teflón y tapones de palo.

Las tarjetas de presentación son otro elemento importante en la “oficina” del señor Ramón, el número consignado en ellas le permite recibir llamadas para realizar los servicios a domicilio. En cualquier casa de la ciudad se requiere del buen funcionamiento de los dispositivos para recibir el agua potable y desechar las aguas negras, por eso los servicios prestados por Don Alfonso han llegado hasta la casa del Gobernador del Huila.

Con la expresión como “¡ay me quietaron el agua!” regularmente empieza un trabajo para don Ramón, con regularidad los cortes se producen por el no pago del servicio y la posterior prolongación de la reconección, la entidad prestadora del servicio tarda hasta cinco días en optimizar el flujo de agua, pero por 20.000 pesos don Ramón Alfonso soluciona este inconveniente; cuando se trata de un taponamiento de la tubería, el proceso consiste en bajar el medidor, destaparlo y limpiar el filtro, un mantenimiento que vale 30.0000 pesos.

Pero a lo que este plomero de profesión no “le camina”, es a “calibrar los contadores”, un trabajo requerido por algunos ciudadanos cuando los recibos del agua les llegan demasiado elevados. “Para hacer esto necesitan una llave que solo posee empleados de empresas públicas, pero algunas personas encuentran la forma de conseguirla y son ellos quienes realizan el ajustico por el cual cobrar entre cien mil o doscientos mil pesos”.

Es hora de ir a casa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A las seis de la tarde el señor Morales ajusta su caja de herramientas con tiras de neumático en la parte trasera de su vehículo y se dispone a tomar rumbo a su casa, así lo hace todos los días. Para el día de esté diálogo tenía 80 mil pesos en el bolsillo que ganó por destapar una alcantarilla, a veces son solo 30 mil pesos, aunque también puede pasar que se vaya “blanqueado”.

Si bien se pensiono en el año 94, los novecientos mil pesos que recibe cada mes no bastan para cubrir sus gastos y los de su familia: “con esa pensioncita que nos mandamos en este país tiene uno que salir a rebuscársela”; además no concibe quedarse en la casa haciendo nada teniendo el conocimiento y la salud, es su forma de envejecer con dignidad.

“Si algún día necesita de algún arreglo en su casa, no dude en buscarnos o llamarnos, aquí somos profesionales de la plomería, le arreglamos hasta un balín”. Lleva su mano a la parte trasera del bolsillo del pantalón, saca una tarjeta blanca y dice: “¡mire! Aquí está mi número”. Luego se sube en la bicicleta y con un silbido, da la despedida a sus compañeros, “¡nos vemos mañana!”.