Por: Manuel Sebastián Perdomo Ramírez
Twitter: @EnQuiebra
Lo sucedido en Francia con el Charlie Hebdo, el nuevo capítulo del escándalo de la exjefe del DAS María del Pilar Hurtado y la posibilidad de que se ventilarán manejos ilegales por colegas y allegados al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, además de amplios despliegues mediáticos en una serie de asesinatos de infantes, casos que siempre han ocurrido y seguirán teniendo lugar pero que no tendrán un tratamiento especial; hechos lamentables contra niños en estado de indefensa, obvia, que se convierten en víctimas directas de los paupérrimos manejos socioculturales tanto en la familia como en la funcionalidad del sistema.
Tras todo esto, los medios masivos y alternativos nacionales han dado su perspectiva con análisis cualitativos y cuantitativos de lo ocurrido en los primeros dos meses del año 2015. El punto es que se dispararon las tendencias en redes sociales ante semejantes noticias, unas más sensacionalistas y oportunistas que otras, pero todas con una observación amplia, no consolidada y contextualizada al interés general del colombiano.
En principio, el Charlie Hebdo vino dando nuevamente de qué hablar con el asunto de la libertad de expresión, un tema tan ambiguo y esquivo por algunos militantes gubernamentales, que merecía, por supuesto, un análisis comparativo frente a las coyunturas de sus entornos. En el caso de Colombia, nos quisimos imaginar, como siempre lo hemos asimilado frente a los ocurrido en Venezuela, que éramos libres en ese sentido. Por supuesto, el alcance del análisis fue miserable por la falta de veracidad y el cuadro comparativo se medía solo según el resultado dado por los mass media locales.
Tiempo después, se disparó una alarma en el sector social ante la captura de María del Pilar Hurtado, quien podía, y hasta el día de hoy es así, dar una serie de declaraciones lo suficientemente fuertes como para derrumbar parte del discurso del gobierno anterior. El uribismo, en manos y boca del mismo Álvaro U. Vélez, defendió con un poco de sutileza lo acontecido, y como siempre, trató de cambiar el interés nacional a otras personalidades u otros acontecimientos contextuales, principalmente donde se tuviera que envolver a algún funcionario público que se opusiera a su tendencia política. Las agendas del país, como si un ventrílocuo estuviese atrás de todo, se acomodaron a la dirección donde el dedo de quien era juzgado indicaba. Todos, hasta ahora y ante el reciente anuncio de la Corte Constitucional, estamos a la espera y sin embargo, incompletos ante las posibles consecuencias de este suceso.
Mientras tanto y por otro lado, reabrimos un debate nacional con influencia en aportes distintamente fundamentalistas y naturales, si nos basamos en la historia de Colombia, en sus manifestaciones culturales. Hablamos específicamente de la adopción de niños por parte de parejas de orientación sexual homosexual. Esto tras un incidente más grande aún por su imagen, pues en Florencia Caquetá, departamento bombardeado por estigmas tras un historial de vivencias sangrientas, así como de esperanza y fuerza por lo asumido en todo lo que ha vivido; un caso muy particular ocurría, tal vez por la historia que había detrás, aunque aún existen dudas de su coherencia, cuatro niños morían en un aparatoso episodio, algo más del día a día nacional, pero con un despliegue diferente.
Esta vez, y sin medir consecuencias, los medios mandaron a sus respectivos corresponsales para cubrir la noticia y satisfacer la sed de resultados por parte del país entero. A pesar de ello, no hubo cabida para un estudio serio donde se detallara con precisión, por ejemplo, la cantidad de niños que mueren por otras circunstancias en este territorio, y así ubicar una estrategia con el fin de amortiguar esta clase de eventos donde no solo el conflicto vigente es participe, sino también las ocurrencias de carácter social y económico, donde el Estado debiera ser el principal garante en función del bienestar nacional; así no se requeriría del envió de fuerza pública, en ocasiones única presencia estatal, como sucede actualmente en Corinto (Cauca), donde a la fecha se registran enfrentamientos entre indígenas y Esmad.
La agenda periodística nacional seguirá moviéndose todos los días, así el conflicto armado Estado-Farc y ELN concluya pronto, pues si no existen manejos lo suficientemente acordes a las necesidades de formación e información que requiere el país, nunca lograremos convivir con las diferencias sociales y tampoco sabremos reconocer los niveles y las consecuencias de la desigualdad sistemática que enfrenta el país. Es estrictamente claro que seguimos esperando una agenda periodística, como ya varios medios están ejerciendo, que nos ayude más a conocer para solucionar y menos a defender intereses particulares.