Por: Jaime Andrés Navarrete Roa
Estudiante Institución Educativa Juan de Cabrera – Neiva
Entramos empujando la puerta principal, que tenía un color rojizo oxidado, ¡chirrió! Y de frente nos encontramos con un largo camino cementado. Al lado izquierdo pudimos ver el mausoleo de Cándido Leguízamo Bonilla, héroe y mártir huilense en el conflicto colombo-peruano, en su honor un barrio de la ciudad de Neiva y un puerto de Putumayo llevan su nombre. Sin duda un militar honorable. Lo pudimos constatar viendo su tumba con flores recientes que se movían al paso del viento.
Luego dimos unos cuantos pasos más a la izquierda y al lado del mausoleo del honorable Cándido nos encontramos con una decena de tumbas cercadas por unas cadenas: el campo donde se encontraban estaba lleno de agua; el agua sucia de la lluvia de la noche anterior volvió de estas tumbas un pantano, había un mal olor que espantaba a cualquiera, y a que no adivinan quiénes están sepultados ahí. Se trata de obreros que pertenecieron a un sindicato cuando estuvieron con vida y ni aun después de muertos les respetan. Nadie se preocupa por arreglar esto.
Camínanos hacia el pasillo que estaba detrás de nosotros, mis compañeros comenzaron a ver los nombre y fechas que hay en las cientos de bóvedas; vieron sorprendidos, la bóveda de una niña pequeña recién fallecida y así otras más que los dejaron boqui abiertos. Luego salimos del pasillo a un campo abierto donde vimos pasar algunas personas con notable melancolía.
Caminamos y nos metimos en el camino central cementado, llegamos hasta una pequeña capilla, que se encontraba al final de este camino, de color blanco con un pálido verde. Hubo una brisa y a pesar de que el día estaba soleado, sentimos frio…Caminamos por entre tumbas. En la parte de atrás del cementerio a la izquierda de la capilla, los caminos son sin pavimentar y en las tumbas que hay se encuentran, según compañeros, las tumbas de los no creyentes, los ¨diferentes¨ y de personas pobres, quizás sin familia que para la iglesia eran o son hijos del demonio. Se escuchaba un zosollo, miramos y vimos a una familia sepultando a su ser querido, nosotros que estábamos riéndonos por un chiste sarcástico que yo dije… (No lo escribo porque ya lo olvide) nos callamos por un momento.
Nos devolvimos por un camino angosto donde había algunos charcos de agua, una compañera, Karina, que llevaba zapatillas, exclamó que se mojaría, le dije que a eso veníamos y protestó, entonces me calle.
Mientras caminábamos rumbo hacia la parte trasera del cementerio, vimos un hombre con apariencia de homosexual llorando en una tumba, muy afectado emocionalmente. Caminamos callados y encontramos en la parte derecha la tumba del famoso Saúl Quintero, un bandolero conservador de la década del 50, que por su carácter de colaborador social, se convirtió después de muerto en un hombre enigmático al cual personas de distintas partes de país vienen a pedir favores o agradecer por supuestos milagros. Su tumba esta entre árboles y parece en verdad un mausoleo lleno de pequeñas lapidas de agradecimiento. Cuando llegamos yo tomé algunas fotografías, mientras mis compañeros leían algunas de las lapidas…pero había un olor fétido que afectada a cualquiera. Leyeron con la nariz tapada y salimos muy rápido del lugar, más hacia el fondo buscando la tumba de la adinerada familia Perdomo, que finalmente encontró un compañero; para desgracia nuestra el agua estancada cubría muchas tumbas en el rincón.
Cruzamos para llegar al pasillo, brincando entre tumbas, con temor a caernos, y también pudimos ver de lejos la tumba de Regulo Perdomo un magistrado y librepensador de la primera década del siglo XX, que por considerarse no creyente a pesar de sus altos cargos en vida, fue sepultado en el fondo…La iglesia fue jodida o más bien los que dirigían la iglesia.
Nos vinimos hacia delante por el pasillo, tomando de nuevo el camino cementado. Yo empecé a nombrar una canción apostólica en latín como si fuera a dar una misa, fue de mucha risa, le di la cámara a mi compañero Cristian, supuse que él tomaría algunas fotografías pero no fue así, la cámara se descargó. Mi compañera Karen soltó una carcajada. Casi al terminar el camino reconocí la tumba de mis abuelos maternos y quise saludarlos…
Luego hablamos y caminamos hacia el pasillo rumbo a la salida, sin dejar de observar interesantes tumbas en el trayecto, y cuando llegamos a la salida, Karina nos ofreció rifas para que le compráramos y grabamos un audio sobre el tour, también hicimos algunas entrevistas a unas vendedoras de rosas a las afueras para conocer más sobre este místico lugar.