Por: Angie Ximena Silva 

 

María Estefany Toledo es una colegiala de noveno grado que al igual que muchas otras jóvenes se convirtió en mamá de manera prematura. Según la ONU en Colombia cerca del 20% de las mujeres embarazadas están entre los 15 y los 19 años, lo que convierte a Colombia en uno de los tres países, junto con Venezuela y Ecuador, con los índices más elevados de embarazos en jóvenes

Esta jovencita de ojos grandes y tiernos, en cuyo rostro se ve la inocencia y la dulzura, no sabía qué hacer al enterarse de su estado, su mamá no la iba entender y nunca la apoyaría, al ser su papá su única esperanza decidió irse a vivir con él. Pero el tiempo pasaba y ella aún no se animaba a darle la noticia. En el colegio ya casi todos sabían de su embarazo, y el que no tenía la confirmación tenía la sospecha, pues en los salones de clase todos rumoraban. Con el tiempo le empezó crecer el vientre, tuvo que desabrocharte la jardinera, y asistir de manera constante a los llamados de la psicóloga del colegio

"No sé si fueron las hormonas o la inexperiencia, pero paso, estaba embarazada y al igual que mi prima yo también sería una madre joven, con la diferencia de que yo si contaba con el apoyo del papá de mi hijo, él tenía la misma edad y cursaba el grado 11; nunca olvidare su cara cuando le di la noticia, estaba igual de asustado que yo, no supo que decir y solo me abrazo, pero su abrazo me hizo saber que estaría allí conmigo enfrentándose a la aventura de ser papás jóvenes".

Su situación era difícil, pero nunca pensó en un aborto o en dar a su bebé en adopción. No lo hizo porque su mamá siempre le dijo que ella había sido un error en su vida, esa frase siempre la lastimaba, y sentía que tenía la oportunidad de ser madre, una buena madre y de darle a su hijo todo el cariño y la comprensión que nunca había recibido ella.

Estos jóvenes estaban a puertas de ser padres, pero sus familias aún no lo sabían; así como se postergan los juicios en la corte, habían postergado el día de dar la noticia, pero "las arenas del tiempo" no se detuvieron y el destino mismo fijo el día. Era entonces 23 de abril del 2014, el reloj daba las 6:00 pm y María empezó a sentirse mal. Los dolores eran terribles y estaba sola, no tenía con quien quejarse, pero no fue por mucho tiempo, Javier su padre llegó y, sin presentir lo que realmente pasaba, la trasladó al hospital del municipio.

El medico salió horas después y le dio la buena nueva: "¡es niña!". "Si, yo sé", respondió el padre de Estefany. Pero "¿Cómo está?", preguntó de nuevo. "Su estado es bueno para ser prematura", finalmente dijo el doctor. El señor Javier no entendía nada, recuerda que pensó que el doctor estaba confundido, pero cuando entró a la habitación y vio a su hija con una recien nacida en brazos supo que el confundido era él. Habían pasado casi ocho meses desde la gestación y él nunca había notado nada, solo la había visto un poco subida de peso, pero como ella comía tanto no se le hizo raro.

La nueva mamá sabía que ya había pasado lo peor, los dolores del parto, y cuando vio a su padre lo único que hizo fue romper en llanto. El nuevo abuelo no tuvo tiempo para pensar en reclamos o regaños, frente a él estaba el rostro de su nieta que apenas le mostraba su carita angelical al mundo, su corazón solo se llenó de ternura y felicidad; "ya que, si lo hecho estaba hecho", recuerda que dijo ese día.

Hoy María es madre de una pequeña niña rozagante y sonriente que alegra cada día de su vida, abandonó el colegio para cuidar a su bebé pero dice que espera regresar pronto, siente que su vida cambio un "300%". "Un día estás en un salón y al otro estás en la sala de parto a punto de dar a Luz, ahora ya no me levanto temprano para ir al colegio sino para amamantar a mi hija. Cambie el bolso escolar por la pañalera". Aun así se siente tranquila y esta pequeña ha llenado cada parte de su ser. Lo único que lamenta es que su novio no pudo estar en el parto, pues su familia tampoco sabía de la llegada de su bebé, y no tenía como justificar la salida de su casa a esas horas de la noche. Pero el llanto de un bebé no se puede esconder fácilmente, así que días después los padres de su pareja se enteraron de la llegada del nuevo miembro de la familia, para ellos no fue una noticia, fue una sorpresa. "No fue como decirles van a ser abuelos, sino son abuelos; gracias a Dios ellos también nos apoyan y ahora somos una familia improvisada pero feliz". agrega.

( El nombre de la joven fue cambiado porque ella así lo dispuso)