Carlos Parra Rojas recoge lo sublime de la pluma de Castañeda en los Poemas Ágrafos, a través del prólogo:
“Este es el nombre con el cual Rodrigo Díaz Castaleña designó, el conjunto de poesía que escribió y que permaneció inédito durante varios años.
Gracias al interés y el cuidado de su hija Márvel América se conservó para ser publicado en esta edición.
Después de una lectura cuidadosa y valorativa, se ha organizado para integrar este poemario con poesía de calidad, sin que quepa la menor duda.
Rodrigo captó lo sensible de lo cotidiano y expresó lo trancendente; con un lenguaje coloquial, su poesía conversacional ahonda en la condición humana y en la realidad de su entorno. No solo nombra las cosas, sean estas concretas o abstractas, sino que desligándose de su sentido primigenio incursiona en otros ámbitos de la significación. Crea la connotativa, la palabra poética, la palabra símbolo, para expresar la sutileza de los sentimientos, de las emociones, la hondura de la sensibilidad y de la experiencia del hombre.
En carta dirigida a su amigo poeta Jáder Rivera, en 1994, Rodrigo Díaz expresas sus búsquedas y certidumbres:
“…Quiero decirle que en mi primer libro como en el segundo trato de encontrar en el lenguaje coloquial, cierta poesía en la que hay que extraerle el zummum, el extractus, y no pretender solo imágenes abstractas; es más bien, un profundo sentir por mis cosas, las de mis amigos, las del mundo, que me parecen son inmanentes a mi sensibilidad y que de alguna manera quiero comunicarlas poéticamente, al menos a eso aspiro”.
También ejerce la autocrítica como ejercicio que conlleva a la depuración de su estética y su poética. Expresa temores y deseo de hallazgos. En la carta citada dice:
“Alguien dirá que mi poesía limita al lenguaje o lo cotidianiza, yo creo que en mi poesía predomina una indagación interior, que el momento poético está lleno de emociones y sentimientos auténticos que no permiten razonamientos abstractos. Entiendo que mi lenguaje conversacional obedece a la síntesis coloquial; a estas alturas siento temor por el examen que hago de mí mismo, porque esto puede sepultar mis aspiraciones poéticas”.
Es lamentable que Rodrigo muriera de forma prematura porque lo que logró, en su relativa corta vida, es cimero en el plano de la poesía. En el conjunto de los Poemas Ágrafos hay poesía de gran vuelo y habría llegado más alto todavía.
Su empeño, su inquietud por comunicarse y por lograr que otros también lo hicieran, quedó plasmado en la carta de 1995, dirigida a su destinatario, a su amigo:
“…La palabra es la envoltura material del pensamiento, de tal manera que la angustia de decir, de contar, de escribir, está bien en cualquiera papel.
Siento alegría por la poesía joven, en últimas palabras porque son los herederos de Neruda, Borges y vallejo y porque son coetáneos que no han tenido la oportunidad de salir del anonimato, y menos en los finales del milenio cuando se han dado catástrofes sociales”.
Lo anterior prueba sus convicciones por el hecho poético y la palabra en general. No claudicó en su empeño y con la terquedad del carbonero, siguió insistiendo en la búsqueda, en la precisión de su poética. Por eso en misiva de 1996, dirigida a su colega referido, le dice:
“…La poesía es la recuperación de la armonía perdida del hombre, penetrando a los territorios inalcanzables por la ciencia donde sea una verdad visible, latente, de asombro no comparable, sí deleitable, una posibilidad de manifestar una belleza ahí, pero que no puede ser medida porque no existen reglas para eso, solo se alcanza cierta cima o límites, se puede afirmar lo feo y lo bello”.
Para sistematizar su producción poética, hemos agrupado en temáticas y asuntos los poemas que conforman este libro: en primer lugar, su poética que refleja su quehacer y su ser. En segunda instancia, lo referente al amor, al desamor y al erotismo. En tercer momento, el mundo, el entorno y lo pedagógico. Y finalmente lo terrígeno, lo local que puede ser universal.
Profundizando en su poesía se detecta que existen constantes que reflejan su necesidad, su afán, su preocupación por revelar el mundo de la mejor manera en sus versos…”