Por: John Jeferson Cachaya S.
Ana María Andrade de 48 años y Cristina de 45 son dos hermanas que fielmente, desde hace 12 años, asisten a la congregación “Creciendo en Gracia” en la ciudad de Neiva. Este es un ministerio mundial no religioso creado por el Dr. José Luis de Jesús Miranda hace 20 años y que se encuentra vigente en cerca de 28 países entre ellos Canadá, España, Colombia, Argentina y Estados Unidos.
“Jesucristo hecho carne”, como es reconocido por las devotas señoras el líder máximo, promulga a través de su iglesia “la salvación de la humanidad”. “No hay que esperar más, Dios ya está aquí, es él, este señor”, considera doña Cristina al observar la imagen de Miranda que mantiene pegada en la puerta de la tienda.
¿Jesucristo Hombre?

José Luis de Jesús Miranda con una argolla en su dedo anular clama ser la segunda venida de Jesucristo al mundo, se refiere a él mismo como “Jesucristo hombre”; es nativo de Puerto Rico y afirma que fue en 1973 cuando Jesucristo se integró en él a través de una visión recibida de Dios, desde allí fundó la Congregación Internacional Creciendo en Gracia que lo anuncia con el 666 como el salvador (ver enlace). Número que según Ana María representan el poder, la sabiduría y el amor necesario para una vida prospera. Por eso, es común que los estudiantes de la Universidad Surcolombiana lo observen en la puerta, las paredes, el refrigerador y hasta en la escoba del negocio, como si fuese publicidad, junto a la imagen del máximo líder de la Congregación.

Cristina Andrade tatuada con el 666
También es común que con la palabra “¡Bendecido!” doña cristina reciba a las personas, en su mayoría estudiantes, que se acercan a comprar algún alimento en el expendio de alimentos. Pues considera que es una palabra que se utiliza para recordarle al hombre de la sociedad moderna que está bendecido desde su existencia, por ser hijos de Dios; “hijos tatuados en la piel con los números del señor Jesucristo hecho carne, serán ¡bendecidos!”.
Y así, trabajan y viven a diario las damas tatuadas con el número que a muchos aterra. Ya no le dan mucha importancia al hecho de que su familia no comparta su decisión religiosa; el esposo de doña María respeta la decisión de su conyugue pero no la comparte ni le interesa acompañarla a las reuniones cada domingo, solo la lleva en su moto hasta el lugar de rito. La misma situación vive su hermana Cristina, ni sus hijos y nadie de su familia excepto su hermana la acompañan a la congregación. Tampoco la Universidad les prestó atención cuando hace alrededor de cuatro años las Andrade se dirigieron hacia donde la jefe de Extensión Cultural para que les diera la oportunidad de tener un espacio en ágoras con sonido y micrófono para poder llevar el mensaje divino a las juventudes de la USCO, la respuesta fue que no había sonido para ellas, debido a que este siempre permanecía ocupado.
En la calle no han querido escucharlas por el horror que al parecer a muchos le causa ver el 666 en sus cuerpos, ella creen que la gente llega a pensar que son locas o satánicas. Pero eso no ha sido ningún impedimento para que estas mujeres respetuosas y sonrientes vivan felices atendiendo su negocio en la USCO, llevando siempre la palabra de su ministerio a los estudiantes.

Ana Andrade tatuada con el 666
En la tarde de esta entrevista Doña cristina comentó que para su hermana fue un poco complicado entender el llamado, Doña Ana que hacía parte de la conversación no dudo en decir “si, fue duro para mí, pero me arrodille y hable con papito dios, le comente que si ésta es la decisión que me llevaría a la salvación”. Es claro que pertenecer a la Congregación les ha cambiado la vida. “Donde los jóvenes de aquí conocieran de esta palabra, conocerían la verdad del mundo, cambiarían sus vidas para bien, de nada les sirve estudiar tanto si no saben que hay un Dios hecho carne que los espera, ese es mi señor José de Jesús Miranda”, exclamó doña Cristina Andrade.
Del 666 se ha dicho mucho, que es el número de la bestia, la numeración romana DCLXVI, que es el World Wide Web, según el libro del Apocalipsis se refiere "a un número de persona", no a una fecha o cosa; pero para estas mujeres que lo llevan tatuado en su antebrazo, es la forma de proteger su cuerpo y alma del peligro que traería el ángel de la muerte este año de transformación, quién con ansiedad caería sobre la tierra para llevarse la vida de los hombres que no creen en este Dios de carne, “así como paso en las sagradas escrituras en Éxodo 12:13” (ver enlace), dicen las Andrade que trabajan en la caseta que se encuentra camino a la Facultad de Ingeniería de la Universidad del sur colombiano.