Elaine Mara Da Silva, es una mujer proveniente del país más grande de América Latina, caracterizado por la frescura de su gente y la riqueza paisajistica, la tierra de la zamba, Brasil. Lleva 14 mese en Colombia y hoy comparte su historia de vida, para inspirar y motivar a otras mujeres.
Por: Carolina Torres, Periodista SuRegión

«La mejor terapia para crecer y superar, es la vida», afirma Elaine Mara Da Silva, una mujer sonriente, fuerte y que sus canas dan cuenta de las experiencias que ha vivido durante 57 años de su paso por el mundo. Es una brasileña que vive hace 14 meses en Colombia y está profundamente enamorada de este país.
Orgullosa de sus rasgos latinos, se identifica como una mujer negra, es corpulenta y su cabello ensortijado que al igual que ella, resalta su desbordante personalidad. Nació el 07 de abril de 1961, en un hospital de Ribeirão Preto, Estado de Sao Paulo. No conoció a su madre biológica, de ella solo sabe que que se dedicaba a la prostitución y que cuando dio a luz la entregó a la mujer que dirigía los prostíbulos y se marchó. Quienes la conocieron afirman que era mujer bella, de tez morena y alta. Tampoco conoció a su padre, solo intuye que fue un hombre blanco.
Desde pequeña lleva con sigo la ilusión de conocer a la mujer que le dio la vida. Hace algunos años emprendió su búsqueda y hoy sabe que se llama María de Gloria, que es una mujer analfabeta y que debe rondar los 70 años. Nunca obtuvo una dirección o indicios de su paradero. Sin embargo, no se rinde y reconoce que le queda poco tiempo para encontrarla, pues sabe que es una mujer mayor y que no deben quedarle muchos años de vida. No sabe como está ni donde pueda hallarse. Se toca el pecho, inclina su mirada y afirma con mucha convicción, «ella sigue con vida, puedo sentirlo», como si el latir de su corazón le diera esa certeza y mantuviera viva la esperanza de encontrarla algún día.
La pequeña Elaine por las calles de Ribeirão Preto a sus 8 años.
Fue una niña con espíritu inquieto. Su cuidadora la indujo a estudiar inglés desde muy temprano y recibió clases de piano por 9 años. Sin embargo, afirma que esta mujer no lo hacia por su bienestar o por afecto, sino que buscaba formar ‘prostitutas de lujo’ para su negocio. Logró entenderlo solo hasta hace algunos años cuando decidió involucrarse en temas de género y empezó a sacar sus propias conclusiones.
Cuenta que a sus 7 años fue victima de violencia sexual por parte de la pareja sentimental de la mujer con la que creció, su agresor tenía 18 años. En su mente no tiene claro cuanto tiempo duró este hecho. No sabe con exactitud si fueron días o incluso meses. Sin embargo, tiene presente el día en que se armó de valor y de manera osada le dijo a su atacante: «Si tú no paras lo que me estas haciendo, le contaré todo a mamá», bastaron estas palabras para que el hombre no volviera agredirla nunca más. Desde chica ha tenido que librar fuertes batallas pero siempre las ha enfrentado vigorosamente, nada ha logrado detenerla.
Cuenta que nunca tuvo tiempo para detenerse en ese suceso, su vida iba tan rápido que lo único que debía hacer era caminar, caminar y caminar para sobrevivir. Aunque sufrió de un cuadro de violencia sexual no se reconoce como víctima, sabe que esto fue un crimen pero no le aflije la realidad que vivió ni en la que creció, recalca que hace parte de su esencia y que todo esto le ha permitido llegar a ser la mujer que es hoy día.
Estudió en una escuela pública y a sus 11 año conoció su maestra de educación física, quien le inculcó el amor por el deporte y con quien mantiene contacto actualmente. «Cuando ella colocó por primera vez un balón de baloncesto en mis manos, mi vida cambió por completo. El deporte me mostró otros caminos posibles», cuenta Elaine con profunda alegría.
Elaine y su equipo de baloncesto en 1981
Aunque no tenía idea de como se jugaba, cual era la técnica o sus normas, estaba llena de ilusiones y con el apoyo de su maestra aprendió las bases necesarias. Recuerda que debía suplicarle a la mujer que respondía por ella para que la dejara entrenar este o cualquier otro deporte. El baloncesto, – caracterizado por jugadores de estaturas superiores que se ondean y esquivan sus oponentes driblando y pivotando el balón en la cancha, todo esto para hacer una cesta en la canasta del equipo contrario -, se convirtió en la pasión de la pequeña Elaine y en una alternativa para la realidad en la que había crecido y a la que parecía estar condenada, la prostitución.
Pronto el deporte se convirtió en su manera de subsistir, cuando la mujer que la había visto crecer y le había ofrecido un hogar decidió sacarla de su casa cuando tenía 20 años. Empezó a dar clases en escuelas y se vinculó con el Departamento de Deportes en procesos administrativos y proyectos deportivos hasta jubilarse luego de 34 años de servicio.
Luego de que tuvo que dejar el que había sido su hogar por muchos años, encontró refugio en otra mujer, hija de otra prostituta de la misma casa de la madre de Elaine y con quien habría construido verdaderos lazos de hermandad. Sola continuó disciplinada y muy exigente en su camino, los esfuerzos no fueron en vano. Llegó a ser sub-campeona departamental en baloncesto. Participó como duatlonista ( es un deporte individual y de resistencia, que reúne dos disciplinas deportivas: atletismo y ciclismo. Se aplica el orden siguiente: carrera a pie, ciclismo y carrera a pie) en los mundiales de Italia, España, Alemania, Francia y Estados Unidos y, fue campeona en los Juegos Suramericanos en esta disciplina.
Fue triatlonista (consiste en realizar 3 disciplinas deportivas, natación, ciclismo y carrera a pie, que se realizan en orden y sin interrupción entre una prueba y la siguiente) en diferentes competencias nacionales.
Elaine como duatlonista en el Mundial de Italia, 1996
Fue deportista de alto rendimiento desde los 13 hasta los 47 años. El deporte se convirtió en su estilo de vida, cuidaba su alimentación y tenía amplias jornadas de entrenamiento. A pesar de esto su salud empezó a quebrantarse y presentó problemas de hipertensión, lo que la alejó de toda práctica deportiva. Hoy se considera una persona normal, peca en la comida y ha dejado de ser tan exigente consigo misma. «Aprendí con la edad que no necesito ser tan exigente con mi cuerpo. Tengo disciplina y me cuido, pero no es necesario exigirse tanto», dice la deportista mientras toma un sorbo de su taza de café.
Paralelo a sus entrenamientos hizo sus pre-grados en educación física y pedagogía, además, desarrolló especializaciones en las mismas áreas del conocimiento y, tiempo después hizo su maestría en ciencia en la Universidad de São Paulo. Elaine, le ha dictado clases a niños, jóvenes y adultos de la tercera edad. Además, trabajó con el equipo de baloncesto en silla de ruedas, «Descubrí que es una población cargada de pre conceptos que están siendo constantemente alimentados por los medios de comunicación y la misma realidad en la que estamos inmersos, lo único que logran es generar discriminación» comenta de su experiencia en el equipo.
Elaine mientras entrenaba su equipo de baloncesto en silla de ruedas
En 2004 empezó a trabajar en un proyecto como estudiante en la penitenciaria de reclusas de su país, su compromiso fue tan grande que se mantuvo allí hasta 2016 desarrollando proyectos en educación y salud. Los 12 años de trabajó con las reclusas despertó su sensibilidad por el rol femenino en la sociedad y la impulsó a acercarse a temas de género. Considera que entre ella y las mujeres reclusas no existe ninguna diferencia, lo único que las separa es una pared, con o sin esa frontera todas seguimos siendo mujeres. Sostiene que hacemos parte de un mundo masculino pero a pesar de ello las mujeres han ganado espacios a través de la lucha constante, sin embargo, admite que falta mucho por resistir.
Es una mujer polifacética, puede pasar de hablar de faltas y amonestaciones en el baloncesto hasta hacer una radiografía clara y detallada de la situación de la mujer latinoamericana. Su experiencia y formación académica le permite hablar de deporte, pedagogía, género, política, salud, poblaciones discapacitadas y mujeres reclusas. No le importa ser reconocida o tener sobre ella el interés de los reflectores, por el contrario le gusta el anonimato y la certeza de haberle aportado a la sociedad. Cree en la existencia de Dios y en que él tiene un propósito para su vida.
Hace 14 meses tomó la audaz decisión de residir en nuestro país, para formarse académicamente y trabajar en diferentes proyectos. Trabajó por 12 años en una universidad de Brasil en el Programa de Educación Física y fue así como recibió la invitación de la Universidad Surcolombiana desde el Programa de Enfermería, para desarrollar un proyecto educativo de detención temprana de enfermedades en personas con hipertensión y/o diabetes en las unidades de salud de la ciudad de Neiva y, actualmente se da continuidad al proyecto.
Aclara que no es una turista más, tiene el espíritu y está convencida de querer trabajar y ayudar a construir este país. Cuenta que estos meses que lleva en tierras colombianas se siente respetada, le fascina la hospitalidad de las personas y no se cansa de elogiar la riqueza de nuestro país. Dedica su tiempo a estudiar la historia colombiana y afirma que es una brasileña con corazón y alma tricolor.



