La danza como expresión de culturas ancestrales en Colombia, es una labor que Mónica Mosquera, gestora cultural e instructora, ha apropiado en la capital del Huila -como destreza más allá del movimiento- para invitar a niños y jóvenes a alejarse de la delincuencia y consumo de sustancias psicoactivas en sectores vulnerables; y rescatar lo autóctono.
Gestora cultural, Mónica Mosquera
En Colombia la danza es concebida como un modo de expresión de las culturas ancestrales. Diversidad cultural que motivó al Ministerio de Cultura en el año 2009 a solicitar a organizaciones e instituciones la elaboración de una política encaminada al fortalecimiento de la danza, y a direccionar la construcción de garantías para el conjunto de expresiones y manifestaciones en Colombia.
En este propósito es fundamental experiencias de gestoras culturales como Mónica Mosquera, mujer de 39 años de edad, que más que maestra de danza se considera amante del oficio cultural. Su experiencia empezó en el Corregimiento de Fortalecillas, lugar donde nació y se formó en momentos en que la Secretaría de Cultura Departamental y Municipal enviaba talleristas a promover expresiones artísticas.
Corría el año 1994, cuando la joven Mosquera se vinculó al grupo de danza folclórica tradicional que dirigía el maestro Arles Amézquita. Viajó con la agrupación mostrando la riqueza dancística del Huila.
La gran pasión desarrollada por la danza, la llevó a trasladarse a la capital opita, lugar donde conoció a José Over Toledo Mosquera, músico vinculado al grupo dancístico y director de la Corporación José kiri Chamizas que en ese entonces desarrollaba labores en el barrio José Eustacio Rivera.
Con el apoyo del músico continúo capacitándose en la danza, forjando, más que una relación amorosa, un trabajo de folclor tradicional; juntos se presentaban en los diferentes concursos departamentales y municipales con danzas como los matachines, las chícoras, rajaleñas, los chulos, previa investigación de origen y significado de las obras.
Al lado de José Over Toledo Mosquera, Mónica trabajó diez años, en los que dice aprendió mucho del universo del arte, hasta que en el año 2005 decidió tener su propio proyecto desligándose de lo folclórico tradicional para dedicarse exclusivamente a promover el Sanjuanero huilense. Hoy su idea se materializa en la Corporación Folclórica de Sanjuanero Huilense Mónica Mosquera ubicada en el barrio José Eustacio Rivera, aledaña al río Las Ceibas; lugar donde niños y jóvenes encuentran la danza como alternativa de aprendizaje.
Actualmente la academia funciona con tres grupos: semillero de niños de cuatro a ocho años, escuela de jóvenes entre 12 y 16 y base de jóvenes entre 17 y 30 años. Para Mónica trabajar con la comunidad es gratificante, pero sobre todo un reto al incluir a jóvenes en situación de vulnerabilidad que encuentran refugio en las danzas.
En el siguiente audiovisual la directora de la Corporación opita narra desde el escenario artístico:
La gestora cultural además ha colaborado en el Programa de Escuelas de Formación Artística que articula a las comunas de Neiva; espacios en donde niños que habían sido expendedores de droga, lograron cambiar su vida a través del teatro, la danza y la música. No obstante, considera desafortunado que estos procesos gubernamentales no tengan continuidad.
La gestora cultural argumenta que aunque existe un apoyo por parte de la Secretaria de Cultura Municipal con la política de los programas de escuelas de formación, gestionar esta ayuda no es sencillo. “Toca hacer un filita, se recibe colabora en una vigencia, pero en la próxima no, se trata de saber esperar”, explica la gestora cultural.
Frente a esta situación, Clara Inés Lugo Ávila, profesional de la Secretaría Municipal de Cultura Deporte y Recreación de Neiva, reconoce que se trata de una realidad que trasciende las decisiones de la Secretaría Municipal, y que dificulta consolidar procesos en las comunidades. Sin embargo, destaca el empeño que tienen los gestores culturales para continuar en medio de las dificultades:
En momentos en que la situación económica se torna difícil en la Corporación folclórica de Sanjuanero Huilense Mónica Mosquera, sus integrantes optan por actividades como la preparación y venta de tamales, hamburguesas, para sostener el proyecto, que “con apoyo o sin apoyo (gubernamental) continuará”, vaticina la directora Mónica Mosquera.
El valor de danzar
Nicol Puentes es una joven que asiste a la escuela de danza para formarse en el arte del Sanjuanero huilense, su apreciación por la práctica artística fue la principal motivación para acudir a la Corporación:
Por su parte, Sebastián Perdomo se refiere a la importancia de la danza es su vida y la razón que lo atrajo a llevar a su sobrina de siete años a empezar a bailar en la academia.
Está claro que la danza es una manifestación de la cultura en Colombia, pero sobre todo una alternativa para que niños y jóvenes de lugares vulnerables cualifiquen el uso del tiempo libre y fomenten la cultura local. No obstante los programas de la administración en la materia deben replantearse, según Monica Mosquera, para llegar a las comunidades con procesos sólidos. Se planea como un reto de la Secretaría de Cultura Deporte y Recreación Municipal.
